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21-05-2004
Autor: J.M. Grau
Fuente: Diario Información.com
Cómo decidió convertirse en neurocientífico?
Desde pequeño sabía que iba a ser neurocientífico porque el cerebro siempre me ha apasionado. Empecé siendo médico, algo que en mi familia abundaba, y en aquellos tiempos de Franco a mí me gustaban otras cosas, entre ellas la libertad intelectual, que no la había; y el cerebro, en parte porque mi padre era psiquiatra. Así que me especialicé en psiquiatría, parte en Barcelona, parte en Austria. Pero como en España no había ningún sitio donde estudiar el cerebro, me fui a Los Ángeles, a través de una beca de una fundación, y desde el año 1956 que estoy allí, en la Universidad de California, además de haber pasado por el Instituto Max Planck de Alemania y otras ciudades. Siempre haciendo investigación, sobre todo en lo referente a las funciones cognitivas del cerebro, que incluye la memoria, la percepción, la atención, la inteligencia y el lenguaje.
¿Hasta qué punto se han recortado las distancias entre la investigación en neurociencias que se realiza en Estados Unidos y la que se desarrolla en España?
Las distancias se han recortado mucho, las cosas van por buen camino pero todavía falta mucho por hacer.
¿Qué impresión tienen, en Estados Unidos y en los foros internacionales a los que los especialistas acuden, del trabajo que se realiza en el Instituto de Neurociencias?
Pues que se está poniendo a la vanguardia de la neurociencia europea, es un centro único gracias en buena parte al profesor Belmonte.
¿Y ya le ha tentado para que se venga a continuar con su trabajo aquí en Alicante?
Todavía no, pero supongo que con buena razón prefiere a jóvenes investigadores.
¿En qué se encuentra trabajando ahora mismo en su laboratorio?
En concreto en los mecanismos cerebrales de la memoria, cómo es que almacenamos información, cómo la retenemos y cómo la evocamos.
¿Y cuándo llegaremos a comprender cómo realizamos todos esos procesos?
Empezamos a comprender los mecanismos fundamentales de cómo funcionan, los principios de operación. Sabemos al menos que el cerebro no funciona como un ordenador.
¿Y qué ocurre con los recuerdos, cómo se forman?
Se forman por ligazón entre sí de redes de neuronas. Los recuerdos son redes neuronales en la corteza del cerebro y esas redes son muy amplias y además una neurona prácticamente en cualquier lugar del cerebro puede ser parte de muchas memorias. Las memorias distintas comparten células.
¿Entonces, si perdemos los recuerdos puede significar que estamos perdiendo esas redes de neuronas?
Sí, que se están deslabazando, que se están estropeando o que se están perdiendo. En relación con esto, a la gente que le toca de cerca enfermedades como el Parkinson o el Alzheimer
¿qué les dicen ustedes los científicos?
Que tengan paciencia y que quizá en diez años tengamos una cura para el Alzheimer, aunque todavía falta mucho para solucionar esta enfermedad y el Parkinson. Pero sobre todo les digo que hay motivos para la esperanza.
¿Cuál es la percepción que se tiene desde fuera del recorrido realizado por la ciencia española?
La ciencia española siempre ha estado relativamente bien, pero ha estado cabalgando en la ciencia de los otros. Todavía se vive el espíritu de Unamuno de "que inventen ellos". Aquí funciona muy bien la aplicación de los inventos, de la ciencia hecha por los demás. Lo que falta es investigación básica y esto se debe a que es la más cara, ahí está el problema. Se necesita más apoyo para la ciencia básica, pero para ello es necesario un clima intelectual mejor.