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25-05-2011
Autor: M.J.E.Pamplona
Fuente: Diario de Navarra
Afirma que su trabajo es vocacional y que disfruta con él. Son horas y horas en el laboratorio hasta obtener resultados, en su caso de amplia repercusión tras publicar su investigación en la revista Nature Biotechnology. Lydia Álvarez Erviti, pamplonesa, de 36 años, ha desarrollado un método para hacer llegar medicamentos directamente al cerebro, algo que puede facilitar el desarrollo de tratamientos para enfermedades como el Alzheimer o el Párkinson. Junto a un compañero, Yiqi Seow, y en el departamento de Fisiología, Anatomía y Genética de la Universidad de Oxford, dirigido por Matthew Wodd, ha empeñado dos años y medio en este trabajo cuyo germen surgió en una conversación de café.
Estudió Farmacia en la UN ¿Qué hace investigando en Inglaterra?
Conseguí un contrato del FIS (Fondo de Investigación Sanitaria del Ministerio de Sanidad) en 2006. Estos contratos incluían una estancia de año y medio en el extranjero. Y estando en Inglaterra surgió esta posibilidad. Había terminado la tesis en toxicología y estaba buscando algún área de investigación con más aplicación terapéutica directa y me interesaban estas enfermedades.
¿Por qué estas enfermedades?
Afectan a mucha gente y no existe una terapia que pueda curarlas o ralentizar su progresión. En cáncer hay tratamientos efectivos pero en estas enfermedades, no. Cualquier aportación que podamos hacer para detener la progresión o ralentizar va a ser una mejora considerable respecto a lo que hay ahora disponible.
¿Le gustaría que su trabajo se plasmase en fármacos?
No me he centrado en fármacos sino en terapia génica. Pero participar en una investigación que pueda tener utilidad y sirva para mejorar las condiciones del paciente supone una motivación especial.
Básicamente buscaban una forma de que los medicamentos llegasen al cerebro ¿Es tan difícil?
El gran problema es la presencia de la barrera hematoencefálica. Tiene una función protectora pero evita que muchos fármacos o moléculas para terapia génica puedan llegar al cerebro, a las neuronas. Actualmente no hay nada que se esté aplicando en terapia génica que pueda lograrlo. Las terapias experimentales están inyectando directamente en el cerebro los virus que contienen las moléculas terapéuticas pero requiere cirugía y sólo se puede dirigir a un área pequeña del cerebro. En otras terapias se ha visto que el sistema inmune se activa y reduce la eficiencia del tratamiento. Estas enfermedades son crónicas y es difícil que con una sola administración haya beneficios.
¿Cuál era el objetivo?
Atravesar esta barrera pero sin activar el sistema inmune para poder hacerlo repetidas veces.
¿Cómo lo han conseguido?
Hemos aislado unas vesículas (exosomas) que son producidas por nuestras células. Y hemos logrado expresar en la superficie de estas vesículas un péptido que reconocen las neuronas. Hemos conseguido que lo reconozcan y así puedan entrar.
¿Y qué ocurre después?
Cargamos esas vesículas con la terapia génica que queremos usar, es decir con el material que vamos a usar para tratar la enfermedad. Cuando las vesículas llegan a la célula, liberan la carga y actúa.
¿El siguiente paso es probarlo en humanos?
Hay otros compañeros trabajando en el siguiente paso. El primer estudio ha sido en ratones normales. Ahora la idea es hacer los estudios en Alzheimer y Párkinson en modelos de animales con la enfermedad. Yo estoy más centrada en Párkinson, en el Instituto de Neurología de la University College London, con idea de hacer el mismo tipo de estudio.
¿Hablamos de años antes de llegar al paciente?
Sí. Es un proceso largo. El objetivo es llegar a aplicarlo pero antes hay que dar muchos pasos.
¿Qué hay detrás de este hallazgo?
Dos años y medio de trabajo. Muchas horas de laboratorio, pero como en cualquier trabajo.
Y paciencia...
Dicen que es la madre de la ciencia y es verdad. Las cosas van despacio y los resultados no llegan de un día para otro. Hay que tener presente que las investigaciones son a largo plazo. La clave es trabajo duro y muchas horas. Y formación. Además, siempre trabajamos en equipo, aunque una persona tenga la idea.
¿Cómo fue en su caso?
Un compañero tenía la idea de desarrollar un vehículo de este tipo para enfermedades neuromusculares. Comenzamos a hablar y a intentar idear cómo solventar los problemas. Se nos ocurrió utilizar los exosomas.
Parecen dos amigos hablando en una cafetería.
La verdad es que empezó en una conversación de un café aunque luego son muchas horas dándole vueltas. Tuvimos suerte, la idea y la posibilidad de desarrollarla.
Con todo lo que se investiga ¿vislumbran alguna novedad?
El problema en Alzheimer y Parkinson es que no se conoce la causa y eso dificulta el tratamiento. Los nuevos estudios y datos salen cada vez más rápido. En el futuro esperamos poder ayudar a mejorar las perspectivas del paciente. Pero es arriesgado decir que en un futuro próximo.
¿Piensa seguir en Inglaterra?
A largo plazo me gustaría volver a España aunque de momento me quedo en Inglaterra.
¿El suyo es un caso de fuga de cerebros?
Eso es un poco mito. La verdad es que ahora uno de los requisitos de los investigadores es tener una estancia en el extranjero. Por circunstancias hay gente que se queda un tiempo más y vuelve con más experiencia.
¿Cómo se ve en el futuro?
Me gustaría seguir investigando en cosas que puedan ayudar a encontrar una cura o investigar sobre las causas. Seguir disfrutando y tener la ilusión de ayudar a la gente. Esto es vocacional.
La novedad de la investigación de Lydia Álvarez radica en que han hallado un vehículo nuevo para llegar al cerebro en el marco de la terapia génica (utiliza material genético para tratar enfermedades). Así, la barrera hematoencefálica del cerebro permite el transporte de oxígeno y nutrientes e impide el paso de sustancias tóxicas, pero también de fármacos. Atravesar esta barrera es complejo. Los investigadores han utilizado los "exosomas", una flota de pequeños vehículos de transporte que se encargan de llevar materiales entre una célula y otra. Fusionaron los "exosomas" con proteínas de un virus, que se pueden adherir a los receptores de las neuronas. Y los inyectaron junto con un código genético para desactivar un gen que, al parecer, interviene en el desarrollo del Alzheimer. Además, como los "exosomas" son partículas del organismo se evita una respuesta inmune, otro problema de los tratamientos.