06-06-2008
Soy familiar de un enfermo de Alzheimer. Terrible enfermedad que hace que el ser humano se deteriore. Dura para la propia persona y todo su entorno, requiere de una gran implicación de toda la familia (en nuestro caso del 100%), donde las asistentas sociales han hecho por nuestro familiar lo que podían (o les dejaban) y las trabajadoras familiares nos han demostrado que son válidas en sus servicios y conocimientos, y en su trato humano y cercano. Por eso, gracias a todos por su profesionalidad y cercanía.
Pero he aquí el punto negro. Los estamentos, que deberían hacer todo lo posible para el bienestar de sus ciudadanos, lo que están haciendo es desentenderse. Te meten en el cajón de gran dependiente, te dan un dinero para que te busques la vida y ya está. Lo que necesitamos no es dinero, sino que se nos atienda con unos servicios que nos han estado dando sin ningún problema durante casi los 8 años que llevamos con el servicio de atención a domicilio. Ahora se nos niegan, dejándonos con una mano delante y otra detrás.
Se intenta por un lado promover que la gente esté atendida en sus casas y por otro se ponen trabas a ello. No lo entiendo. Además, con estas medidas, aparte de perjudicar al enfermo y su familia, lo único que se va a lograr es que el servicio de atención a domicilio, que tan necesario es para nosotros, y tan eficaz ha sido, se vaya al traste, con todos los trabajadores que lo integran.