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05-06-2011

Técnicas de planificación y priorización para el cuidador

En el artículo 3 de este Magazín hablábamos de la conveniencia de elaborar unas listas de cosas, tareas e imprevistos que podemos atender mediante una estrategia de planificación.

Es normal que estas listas terminen siendo tan largas que uno acabe por sentirse abrumado y paralizado para hacer un análisis sensato y eficaz. Todo ello en medio de la terminación urgente de un proyecto en el despacho, de la reunión de la escuela, de la cita odontológica, de la reunión con los abogados que llevan los asuntos familiares o la solicitud de la hipoteca. Todos los proyectos son importantes ¿Por dónde empezar?

No creamos que éstas son situaciones límite poco frecuentes. No son pocas las familias que pasan por esto. Así que debemos priorizar, actuar poco a poco, aprender que lo suficientemente bueno es suficientemente bueno, que no está del todo mal bajar un poco los estándares de realización de las cosas, que es bueno encontrar atajos que nos hagan sentir mejor, que es bueno deshacerse de cosas y actitudes, y que, sobre todo, saber que nuestra mayor activo es la salud y hay que cuidarla.

 

Priorizar. Aunque esto suele parecer obvio, no es una cosa que hagamos a menudo ni adecuadamente, pero su utilidad es manifiesta. Para elaborar las listas de cosas, tareas e imprevistos (no importa con cuanta perfección las hagamos) seamos flexibles, pero tratemos de darle prioridad a aquellas que nos generarían más dificultad, de modo que podamos reducir tal hándicap.

Es increíble el efecto tranquilizador que puede ocasionar el simple hecho de tener presente en el momento adecuado el comprar el champú que le agrada o necesita nuestro familiar enfermo, y que demanda el traslado a un punto lejano de la ciudad.

 

Actuar poco a poco. Nos puede ser de mucha ayuda darnos cuenta de que no todo tiene que ser realizado por completo ni a la perfección. Existen limitaciones y debemos aceptarlas, no todo lo podremos hacer en el momento preciso o en un solo día. Podemos darnos tiempo para hacer cosas que no son urgentes por etapas, con un tiempo estimado, pero siendo lo suficientemente flexibles como para que la planificación no nos agobie. Eso si, no dejemos las cosas a medio hacer, no importa que nos tardemos.

 

Aprender que lo suficientemente bueno es suficientemente bueno. Todo y cuanto uno intenta hacer, no tiene por qué ser perfecto. La expectativa de que todo lo que uno haga tiene que ser prefecto, puede convertirse en una gran pérdida de tiempo. Hay que procurar encontrar el equilibrio entre el mejor esfuerzo y la disponibilidad de tiempo. No quiere decir que debamos hacerlo todo de mala manera, sino ajustar un poco el autorequerimiento.

La limpieza del armario no ha de ser impecable, solo lo suficiente para facilitarle las cosas a nuestro querido enfermo y que se sienta atendido en sus necesidades. Lo mismo ocurre con acciones que impliquen a otros miembros de la familia, ellos también tendrán que entender la situación.

 

Ser flexible con la elución de las tareas programadas. En el mismo sentido de los puntos anteriores, no pasa nada si, por ejemplo, es preferible tomarse un descanso que quitar el polvo. No quiere decir que debamos aplazarlo todo, sino darle paso a otras actividades que también requieren atención, especialmente las que conllevan un beneficio físico y mental.

 

Encontrar atajos que nos hagan sentir mejor. Podemos encontrar acciones puntuales (no periódicas) que nos permitan aligerar el peso mental de la situación. Por ejemplo, la limpieza del trastero que nunca realizamos, la reparación puntual del mueble que nunca funcionó, y que implica reparar o tirar cosas, puede ayudar a una persona a desatascar la mente, a sentirse más liviano y sentir cierta paz. Quizás esta sensación nos permita visualizar una forma más general de desatascarnos y hacer nuestra vida más ligera.

 

Menos es más. En línea con el anterior punto, el deshacernos de cosas. Este es un concepto difícil de transmitir, porque las cosas que tenemos han costado un esfuerzo que nos marca. Pero necesitar menos, preocuparnos por menos cosas, nos permiten dirigir la energía a lo que verdaderamente lo requiere, a lo que verdaderamente consideramos importante.

 

Esto puede facilitarnos obrar de la misma forma con actitudes  de las que nos queremos liberar, que las conservamos como rasgos ineludibles de nuestra personalidad, pero que al final no son más que “muebles viejos” que no dejan que lo recientemente adquirido luzca.

 

 

Delegar. Sepa que usted no tiene que hacerlo todo. Si alguien más en su casa tiene el tiempo y la capacidad de realizar la tarea que usted por lo general hace, ¿por qué no pedirles hacer por eso por usted? También esta ayuda puede estar planificada y programada, o tan solo puede ser algo eventual.

Mantener una comunicación abierta con los miembros de la familia inmediata le da la oportunidad de pedir ayuda con diversas tareas. Planifique un encuentro periódico con  amigos y familiares para ponerlos al día en la condición de la persona enferma y de sus propias necesidades, y aprovechar para pedir ayudas concretas.

Si nadie en casa puede asumir tal tarea, podría haber un amigo o vecino dispuesto de ayudar periódica o eventualmente. Nada perdemos con probar, como he dicho antes, dejemos que la gente nos sorprenda con su amabilidad. No es asunto de depender de otras personas,  ni de endilgarles nuestras obligaciones, sino de acudir a ellos de vez en cuando.

 

Cuidar la salud. En cierto modo, la gestión del tiempo es una forma de cuidar de nosotros mismos. Ejecutar con eficiencia nuestra labor de "cuidar a los demás", nos puede dejar un poco de tiempo para nosotros mismos. Francamente, la mayoría de nosotros, si no hacemos nada para cuidar de nosotros mismos, incluso si se trata de encontrar 20 minutos para tomar una siesta, vamos a ser menos eficientes en todo lo demás, lo que puede provocar una espiral descendente. Tal vez, cuidar de nosotros mismos debe ser el primero en nuestros puntos de nuestra lista de "gestión del tiempo".

La mayoría de nosotros somos mejores personas y mejores cuidadores si tenemos un poco de tiempo para hacer algo que disfrutamos. Nuestra fatiga no ayuda a nadie. Si nos fijamos en nuestra lista de prioridades, sin duda podemos encontrar algo que podemos poner más debajo de actividades en pro de nuestra propia salud y descanso. Si lo hacemos, las otras cosas que se comen nuestro tiempo pueden caer a su justo lugar.

En todo caso, sea original, haga sus listas con sensatez, ajústelas tanto como quiera o tenga que hacerlo a medida que progresa la enfermedad de su ser querido, haga que cada vez se acerquen más a lo que considera un día ideal, acorde a las circunstancias… y BUENA VIDA!

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