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22-11-2004
El caso de las células madre
“Recientemente, el Consejo de Ministros ha decidido, mediante la aprobación de un Real Decreto, impulsar la experimentación con los embriones sobrantes de los procesos de fecundación asistida, de los que obtener células madre (maestras) susceptibles de transformarse en órganos o tejidos aptos para la regeneración de otros dañados irreversiblemente por accidente o enfermedad, y cuyo trasplante no despertaría rechazo en el receptor; investigación a la que los científicos atribuyen potenciales utilidades múltiples: recuperar el tejido cardíaco deteriorado por un infarto, las neuronas destruidas por las enfermedades de Parkinson o Alzheimer, etc.”
Autor: JUAN JOSÉ MARTÍNEZ MUNUERA - Fiscal del TSJ de la R. de Murcia
Categoría: Otras Demencias
La decisión adoptada, atinente especialmente a la regulación del consentimiento informado de los eventuales donantes, no supone (aún) la aprobación de la clonación terapéutica (otro proceso de obtención de células madre, consistente en la reproducción de células genéticamente idénticas a las previamente aisladas en embriones de pocos días), pese a lo cual los agitadores de incensarios se han apresurado a poner ese grito en el cielo, pero este paso adelante habilita la posición de nuestro país en dos frentes de apreciable interés: por un lado, la ubicación en un emplazamiento de vanguardia, pues es muy reducida todavía la nómina de Gobiernos proclives a secundar esta vía, y, por otro, la superación de una interesada escisión entre lo público y lo privado, de raíz eminentemente crematística, y moralmente hipócrita, que gusta combinar la complacencia con las investigaciones patrocinadas por empresas privadas y arengar contra toda intervención pública en proyectos que se tachan de nefandos.
Puede observarse, en fin, como las tendencias confluyen en un estado de necesidad en el que la curiosidad científica se conjuga con el interés terapéutico y con la mercantilización de la investigación, y en la defensa de una ética de lo contingente, de lo que puede ser o no ser, enfrentada a la absolutización religiosa de proyectos sociales o fórmulas científicas.
La necesidad de un debate sobre las fronteras de la ciencia es una realidad compartida sin ambages, y tiene dos fundamentales proyecciones, una, la bioética, que indaga en los límites morales de la aplicación de la técnica: la dignidad de la persona y la integridad del planeta, palmariamente, y otra, la racionalidad de los objetivos de la investigación científica.
A la consideración de que ciencia y técnica se funden en un complejo único (dominado en gran parte por la mercantilización), corresponde la proposición de una ética que tiene como núcleo duro la salvaguardia de la vida, de la vida del ser humano y de la naturaleza con la que interactúa. Ahora bien, la hipérbole religiosa que equipara a la vida cualquier atisbo de vida (feto, embrión, preembrión, como sujetos de derechos al mismo nivel que una persona ya nacida) y el consiguiente rechazo a los empeños científicos antes enunciados, constituyen un mero encantamiento (cuanto recuerda la queja entonada por Macbeth, en las colinas de Dunsinane, mienten diciendo palabras verdaderas). En suma, conocimiento (representación necesariamente finita de una complejidad presuntamente infinita) versus revelación (representación finita presentada como parte inseparable de una complejidad infinita). Reconozcamos que la priorización de las cautelas no es un rasgo específico de las éticas de base confesional (como reza el aforismo: el creyente está más interesado en lo que ya sabe que en lo que no sabe).
La única forma de discutir en serio sobre los problemas derivados de la tecnociencia es empezar aceptando el fracaso relativo del proyecto filosófico moderno, surgido de la Ilustración, de ambición universalista, y partir del reconocimiento de que en la sociedad posmoderna es preciso hacer compatibles varias concepciones morales. A estas alturas de la Historia, no hay una visión moral canónica que unifique las creencias y aspiraciones de todas las personas, ni siquiera del mismo ámbito cultural. Por ello, la vía de superación de esa encrucijada exige operar por consenso, o mejor aún, retornar a una ética originaria, de la que hacía gala el viejo Aristóteles cuando decía que «en las cuestiones importantes nos hacemos aconsejar de otros porque desconfiamos de nosotros mismos y no nos creemos suficientes para decidir».
Fuente: La Verdad.es
Agenda
6th International Conference on Frontotemporal Dementia
Fecha
03-09-2008 al 05-09-2008
Lugar
Rotterdam - Holanda
Organizado por
Erasmus Medical Center - Dept. of Human Genetics VU Medical Center Amsterdam, The Netherlands








