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10-12-2004

Células, madres y fe

“El conflicto de la fe y la ciencia, a pesar de haber pedido el Vaticano perdón a Galileo, de nuevo reaparece con las investigaciones genéticas. De seguir la doctrina católica, los países que están fuera de la órbita de la Iglesia abrirán caminos y con ellos nuevas dudas. ”

Autor: ANASTASIO ROJO VEGA/Profesor de Historia de la Ciencia en la Universidad de Valladolid

Categoría: Otras Demencias

EL diccionario de la lengua que hay en mi casa es de la edición del setenta y no pienso comprarme otro hasta que los que limpian, fijan y dan esplendor no saquen el definitivo, porque el libro, además de ser caro, ocupa mucho. Si no fuese por ese su gran tamaño, sería pieza digna de llevarse en el bolsillo para entretener los ratos de ocio, tan lleno está de sorpresas. Así el significado de ortodoxo: «Conforme con el dogma católico». ¿Hombre!, pero si lo que yo buscaba era la definición de cristiano ortodoxo, es decir, lo que yo creía que era un cristiano ortodoxo, o sea, esos que tienen unos curas que se llaman popes que visten de negro tiniebla y se ponen sobre la cabeza lo que parece un sombrero de copa al revés que compite en negrura con el hábito y se dejan unas barbazas a lo Papá Noel.

Hay que ir a la tercera definición para leer: «Calificativo que sus adeptos dan a ciertas religiones de la Europa Oriental, que niegan que el Espíritu Santo procede del Hijo; como la griega y la rumana». Ciertas religiones. Suena a despectivo. Los diccionarios de aquellas tierras podrían definir al catolicismo como: «Calificativo que sus adeptos dan a ciertas religiones de la Europa Occidental».

Un griego practicante nos explicaría que, según su forma de ver las cosas, los cristianos son ellos y nosotros una secta. Ellos los herederos directos de Pedro y de Pablo, los que mantienen la pureza de los receptores de las epístolas de Éfeso y de los Corintios, y los fieles a Jesucristo desde que se levantaron los manteles de la última cena. Nos diría que ellos son los ortodoxos, los de la vía recta, y nosotros unos heterodoxos desviados de la verdadera Palabra. Nosotros una secta desgajada de ellos y los anglicanos y los protestantes sectas que se separaron de nosotros. En todas partes cuecen habas.

Y para mayor prueba de su autenticidad nos mostraría un icono de los que allí siguen elaborándose con sentido litúrgico y luego nos invitaría a elevar la mirada hasta la cúpula de Santa Sofía y a contemplar las imágenes del monasterio de Santa Catalina del Sinaí y de las catacumbas de Commodilla en Roma, y repetiría ¿todavía dudas de que nosotros somos los verdaderos cristianos?

Son sellos característicos de las culturas orientales la permanencia y la continuidad, el haberse quedado paradas en el tiempo como la mujer de Lot y los dinosaurios petrificados. En todas ellas, la religión y el poder político, por llamarlo de alguna manera, coincidieron en la misma mano, o en manos gemelas, y en todos los casos se optó por amenazar con multas, penas físicas e incluso con la muerte a quienes sugiriesen cambios. Sea China. Si a un médico que emplease los métodos tradicionales se le moría el enfermo ¿qué se le iba a hacer? Pero si se le moría por haber intentado otra cosa, se le decapitaba. Ante semejante perspectiva ¿quién osaba moverse? Qué inventen ellos.

Y efectivamente, los orientales optaron por dejar correr las cosas como estaban y pasaron el testigo de los inventos a los de Europa Occidental. Y gracias a esos inventos, a la tecnología derivada de ellos, nuestra cultura, representada a tiempo presente por Estados Unidos, ha triunfado y no la china, ni la india, ni la árabe.

Hasta ahora hemos impuesto nuestro modelo gracias a que por aquí nunca los poderes celestiales tuvieron a los terrenales agarrados con la misma mano y porque, con perdón, por momentos al Papa no le hizo caso ni Dios. En España sí, porque, según los pérfidos ingleses, somos más papistas que el Papa, pero ¿en los demás países? En muchos estados italianos, sea Venecia, como si decía misa.

Está levantando polvareda lo de las células madre. ¿Va contra la fe católica? Se recomienda ni tocarlas. Ahora bien, ¿dejarán China, la India y Brasil, pongamos por ejemplo, de promover su investigación? Y si, fruto de tales investigaciones, resulta que gracias a las tan mareadas madres de todas las células se logra que China, la India y el Brasil curen enfermedades como la diabetes y el Alzheimer, incluso la parálisis de los cuadrapléjicos -recuerden al recientemente fallecido ex Superman- ¿deberán los católicos preferir la insulina, la ortodoxia y la silla de ruedas a dejar que su cuerpo sea manipulado con técnicas pecadoras? ¿No es pedir mucho? ¿Se recomendará el martirio pasivo por la fe? ¿Es mejor prohibir una posible solución médica que permitir que los enfermos, movidos por la tentación de curarse, pequen? Una vez más entran en conflicto la fe, la ciencia y los interpretes de la fe y nuevamente vamos camino de comprobar que todo es opinable menos la lectura que de la Palabra hacen los que creen tener la capacidad de entenderla en exclusiva. Los guardianes del árbol de la Ciencia del Mal y del Bien. Tan convencidos de su verdad como los que defendieron que la Tierra era el centro del Universo. Hace poco sus descendientes directos han sentido la necesidad de pedir perdón a Galileo. ¿Cuántas veces habrá que pedir perdón a Galileo?

Fuente: Norte Castilla.es

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