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23-11-2006
Envejecimiento normal y demencia
“No hay que confundir los olvidos propios de la edad avanzada con las limitaciones que restan autonomía”
Autor: JORDI Cervós
Categoría: Envejecimiento
Conocidos y amigos que saben que uno se ha dedicado toda su vida al estudio del cerebro, y especialmente del cerebro senil, me preguntan con frecuencia si olvidarse de los nombres u otras limitaciones en el rendimiento que están notando en los últimos años o que han observado en familiares son un principio de alzhéimer. En la gran mayoría de los casos, se trata sencillamente de las limitaciones que lleva consigo la edad. Ya los médicos de la antigüedad consideraban que la vejez en sí misma era una enfermedad. Evidentemente, estaban equivocados, pues el envejecimiento normal o fisiológico, aunque conlleva sus limitaciones, no es ninguna dolencia. Es, sencillamente, una situación a la que llega todo aquel que no ha tenido la mala suerte de morir antes.
Entre el envejecimiento normal y la demencia hay un área divisoria. Un área, no una línea clara. Así pues, aunque haya criterios bien establecidos científicamente, cuando una persona concreta se encuentra dentro de esta área no siempre es posible saber si las limitaciones que experimenta son propias de una edad más o menos avanzada o de un comienzo de demencia, que generalmente se llama alzhéimer.
SIN EMBARGO,teniendo en cuenta que existen muchos tipos de demencia --unos casi tan frecuentes como la enfermedad de alzhéimer, debidos principalmente a trastornos de la circulación sanguínea del cerebro, y otros más raros que solo un buen especialista es capaz de detectar--, es más adecuado hablar de demencia que de alzhéimer.
El diagnóstico diferencial de los distintos tipos de demencia es importante para que se puedan recetar los medicamentos más adecuados para el enfermo. En lo tocante a los efectos prácticos, a la limitación de la autonomía del paciente, ese diagnóstico no es tan importante, pues el resultado de estas enfermedades es siempre prácticamente el mismo: el enfermo va perdiendo la capacidad de valerse por sí mismo, hasta llegar a estados de aislamiento completo del mundo exterior. Aunque hay esperanza: pese a que aún no se ha encontrado remedio a ese deterioro, la investigación sigue y la tecnología, entre tanto, proporciona maneras de aliviar un poco algunos de sus efectos, como la utilización de brazaletes con GPS para localizar en todo momento a los enfermos de alzhéimer.
Los problemas empiezan ya en la dificultad de definir cuándo se considera que una persona es de edad avanzada. Con frecuencia hay una disociación evidente entre la edad cronológica, que viene dada por los años que una persona lleva viviendo desde que nació, y la edad biológica, que viene dada por las capacidades del individuo en las actividades de la vida ordinaria. La diferencia entre una y otra es algo que todo los días podemos constatar, incluso entre individuos de una misma familia, hasta entre hermanos. Aun teniendo la misma edad, unos se presentan más envejecidos que otros.
Los olvidos benignos en el envejecimiento normal son frecuentes y, por lo general, ocurren en situaciones que exigen mayor atención de la habitual, esfuerzos de la memoria y una cierta velocidad al recibir y ordenar nuevas informaciones. Cuando se comparan con adultos jóvenes, los ancianos normales muestran una limitación en estas situaciones de esfuerzo. Sin embargo, esta limitación no tiene ningún impacto en las actividades de la vida diaria o, en caso de que lo haya, es muy bajo y se compensa fácilmente. En la demencia, el deterioro de la capacidad de reconocer situaciones y personas se compensa cada vez menos y, superado un umbral crítico, las deficiencias repercuten en la autonomía funcional del individuo.
En un intento de definir mejor esta población intermedia, aparecen una serie de subdivisiones entre las personas que sufren un deterioro cognitivo, pero no se pueden considerar dementes. Una de ellas es el déficit cognitivo reversible, que se puede aplicar a personas que sufren un deterioro cognitivo en un momento dado y que, en cambio, presentan rendimiento normal en la evaluación siguiente. Estas fluctuaciones en las capacidades psíquicas aparecen también en pacientes que sufren hipertensión y diabetes, pero incluso pueden darse en sujetos sanos. Por ello es preciso actuar con mucha cautela a la hora de clasificar a las personas que presentan una función mental algo deteriorada en situaciones de estrés, como el cambio de vivienda, la muerte de algún familiar o amigo, reveses económicos o incluso la preocupación de no saber qué hacer con su tiempo después de la jubilación. En un estudio con 130 personas (67 hombres y 63 mujeres) de un promedio de 70 años, se detectó que el 48% de los observados mostraban al principio de las pruebas psicológicas una deficiencia que en exámenes posteriores desapareció sin otra razón que los efectos del aprendizaje y la práctica.
SER CONSCIENTE de estos estados intermedios entre el envejecimiento normal y la predemencia es importante para que el individuo evite temores innecesarios y, al mismo tiempo, se esfuerce en mantener el cerebro activo y no se deje llevar por un "pesimismo o conformismo senil". Por eso es muy importante tener, durante la vida profesional, aficiones que uno pueda seguir practicando después de la jubilación.
*Neuropatólogo y rector emérito de la Universitat Internacional de Catalunya.
Fuente: El Periódico de Catalunya
Agenda
Neurodegenerative Diseases: Biology & Therapeutics
Fecha
04-12-2008 al 07-12-2008
Lugar
Cold Spring Harbor Laboratory - NY - EE.UU.
Organizado por
Mount Sinai School of Medicine - University of Pennsylvania - Massachusetts General Hospital








