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04-02-2007

Las demencias desatendidas

“Saber envejecer es la obra maestra de la vida. Una frase, tan redonda como vitalista, que bien podría ser uno de los muchos eslóganes con los que los políticos y las empresas, que descubrieron que la tercera edad también es un mercado, le dan contundente brillantez a sus productos publicitarios.”

Autor: Guillermo Busutil

Categoría: Demencias

Lo cual no quita que saber envejecer sea una cuestión que pone a prueba la madurez, el equilibrio emocional, la preparación, a través de los hábitos saludables, y la capacidad de las personas para aceptar dignamente el paso del tiempo y el lento deterioro que ello conlleva. Claro que esa lucidez y disposición, a la hora de asumir positivamente el envejecimiento y los cambios que produce, igualmente requiere que las personas gocen de un organismo sin graves achaques y que se posea un universo afectivo o al menos un cercano apoyo. De no ser así, la vejez irá desguazando silenciosa y progresivamente la salud psíquica y emocional de los mayores, empujándolos a una perniciosa soledad en la que intentan sobrevivir considerándose una molesta carga, fragmentos inútiles de otra época y fantasmas de su propia memoria y que no pueden reflejarse en el futuro. Peor aún es el panorama si esas personas se ven afectadas por degradantes enfermedades como el alzheimer, el síndrome de Diógenes, la enfermedad de Pick u otras clases de demencias seniles que demandan una necesaria y continúa atención. O lo que es lo mismo, la cobertura de los servicios comunitarios destinada a los ancianos sin recursos ni amparo y que en España está a la cola de los países europeos.
Un dato que viene refrendado por las cifras de personas que viven recluidas en sus pisos al carecer sus viviendas de ascensores, y si los tienen no son accesibles para sillas de ruedas, de calefacción y otras necesidades que garanticen su salud y seguridad. Eso sin hablar del conflicto y contradicción que supone el tener unos ingresos que por una parte les impiden adecuar su hogar o contratar una persona que los cuide y que por otra impide, al ser considerada una economía suficiente, que las administraciones los incluyan en el programa de sus servicios sociales. Tal vez ese sea el caso de la señora que vive en La Malagueta y que, desde hace años, se dedica a lanzar a la calle sus excrementos, a cualquier hora del día. Un hábito, propio de la demencia senil que difumina sus capacidades mentales al mismo tiempo que aumenta su desinhibición comportamental, que padecen los vecinos que han `denunciado´ a la policía lo que sucede. El caso es que ella continúa arrojando sus deposiciones sin que en el inmueble se haya personado ningún asistente social encargado de solucionar un problema que, al margen del desagradable padecimiento vecinal, le resta dignidad humana a una persona de avanzada edad y que a todas luces se halla desorientada en el frío y nebuloso laberinto de su mente. Posiblemente la más terrorífica y degradante soledad que puede sufrir un ser humano, aunque no sea consciente de ello. Suficiente razón para que la administración intervenga, y libere a esta mujer de la humillante locura y abandono provocados por la edad y por la falta de esa continuamente publicitada cobertura social, con la que la política pretende convencernos de que no están solas, ni en manos de las enfermedades predadoras, aquellas personas que no pueden o no saben que envejecer es la obra maestra de la vida.

Fuente: La Opinión de Málaga

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Agenda

Neurodegenerative Diseases: Biology & Therapeutics

Fecha
04-12-2008 al 07-12-2008

Lugar
Cold Spring Harbor Laboratory - NY - EE.UU.

Organizado por
Mount Sinai School of Medicine - University of Pennsylvania - Massachusetts General Hospital

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