Artículos
07-09-2007
Dos días y 16 células (I Parte)
Autor: Carlos Acosta Rizo
Introducción
Escudriñando en el arcón de mis memorias, la cerebral y la virtual (la una se restringe mientras la otra crece con el tiempo), he encontrado el siguiente relato hecho hace unos años, antes de la aparición de Second Life (el videojuego de gran suceso en este 2007).
Siempre he creído que las palabras no dichas, no escritas y no publicadas se enquistan como objetos extraños, y quién sabe qué lleguen a producir. Lamentablemente, todavía la humanidad corre el riesgo de ver arrebatados sus recuerdos por el Alzheimer o simplemente por un daño electromagnético en la memoria digital, antes de pronunciar, escribir o publicar las palabras en que se traduce lo que somos y sentimos.
Antes de que esto ocurra he rescatado del olvido este relato en el que intenté imaginar un futuro, un punto en el espacio y en el tiempo en donde las idealizaciones se confundieran con lo que conocemos como realidad tangible e incluso, más fácil aun, con la realidad virtual. Las idealizaciones se construyen con los recuerdos, y éstos no son más que idealizaciones, retazos de la verdad, una interpretación acomodada de la misma.
Todo depende del cerebro, de la certidumbre o de la incertidumbre en que nos instale, independiente de la realidad que las genere. Pero ¿qué pasa si se pierden los recuerdos, si somos incapaces de distinguir entre una y otra realidad? ¿Qué podría construir nuestra mente? Creo que cualquier cosa... Por ello el mundo recreado de la persona que sufre Alzheimer no se parece al que hemos construido a golpe de costumbre. Ellos quizás viven en un mundo interpretado de forma segmentada por la pérdida de los recuerdos. No debe ser fácil enfrentarse a esta situación, pero si algo pudiera consolar a quien tiene una familiar o amigo con esta enfermedad sería saber que esta persona no es consciente de lo que sufre, de sus carencias.
Pero, hay otras situaciones en las que la inconciencia sobre la pérdida de los recuerdos se manifiesta, a veces voluntariamente y otras sin darnos cuenta. La peor de todas las formas de perder la memoria es la ingratitud.
El relato que a continuación ofrecemos habla de ello y de la esperanza de que, algún día, el olvido no tenga que ver con el Alzheimer.
∞∞∞
Personajes
Eva y Adán: Seres reales de carne y hueso
Eva1 y Adán 1: Hologramas virtuales creados por Eva y Adán
Adán 2: Holograma re-virtual de Adán1, creado por Eva.
Adán y Eva salieron del banco donde habían realizado su primer ingreso. Ambos hicieron su aporte en cuentas separadas, pero que estaban destinadas para el mismo propósito. En sus rostros era difícil encontrar algún indicio, un rastro que delatara la profundidad de la complicidad que podía ocasionar un acto como el que habían acabado de consumar.
La verdad es que se delataba que una falta de confianza y una torpeza de novatos estaba al mando de la situación. No se dirigieron la palabra, y las miradas se encontraron tan distanciadas por el arrobo, como siempre lo habían estado sus cuerpos de carne y hueso.
Sólo habían caminado unos pasos desde la salida del banco que quedaba en el mismo edificio subterráneo, y ante una gran hilera de cubículos contiguos se despidieron sin decirse nada, con una mirada que intentó colarse y fecundarse en el otro, en lugar de desvanecerse en el reflejo de los ojos como solía ocurrir. Cada uno subió a la banda electromagnética invisible que le portaría a su sitio, y no volvió la mirada atrás.
Vivían la existencia restringida de la sociedad de su tiempo a partir de sus respectivas labores, todas cibernéticas y maquilladas de pluriempleo, a razón de 20 horas diarias. Trabajaban por comisión desde la mega-terminal que varias empresas utilizaban en consorcio, y desde donde buscaban todo tipo de ofertas de objetos y faena, cotizaban, compraban, vendían y ejecutaban al mismo tiempo. Era una labor casi imposible de hacer por libre debido al alto costo de acceso a la red que, al final, era lo que la empresa contratante les garantizaba, además del nombre cibernético y el cubículo oficina-dormitorio.
Debían cumplir una cuota de negocios, pues de lo contrario se les clausuraba el acceso y se verían obligados a entrar de nuevo a competir en el mercado, con el riesgo de tener que rebajarse a participar en un nivel inferior de la Red, con faenas más laboriosas y menos rentables, en donde se empleaba casi el setenta por ciento de la gente.
La inseguridad con que se les había visto a la salida del banco, no era más que la consecuencia del poco tiempo que compartían. Sin embargo, por contradictorio que parezca, mantenían una "íntima relación" a la sazón de una simulación virtual multipersonal (SVM) llamada Vida de Pareja 3 que habían contratado en compañía a razón de dos horas diarias.
Todos los días, dos horas antes de los indispensables ciento veinte minutos de sueño del final del circuito productivo, se reunían en aquel espacio virtual al que accedían -es decir sus hologramas: Eva1 y Adán1- desde sus sitios reales de trabajo-dormitorio.
Una vez adentro de aquel mundo se encontraban siempre en el mismo sitio de la estación del metroluz, antiguo tren de alta velocidad de cercanías, para trasladarse a uno de los pisos virtuales en torres "inteligentes" de las afueras de una ciudad X. Intimaban con una especie de saludo que habían ido puliendo a cuentagotas, pero que requería de gran destreza visual y sicológica para ser descubierto en medio de todas las minúsculas gesticulaciones de los demás virtuales, pues el paquete que les habían vendido permitía una gama de situaciones y personajes en ella, producto de la interacción de varias simulaciones unipersonales y multipersonales ajenas a la suya.
Como la simulación no era producto de uno de los programas más caros -existían cinco niveles de Vida en Pareja- las diversas situaciones que se combinaban daban lugar, de vez en cuando, a composiciones similares a las vividas anteriormente. Era como si en una partida de póquer, al mezclar y repartir nuevamente la mano dada fuera similar a la del juego anterior ocasionando una especie de deyabú cibernético.
En aquella estación se encontraban con otros seres, como ellos, virtuales con anclaje real, acotados por las posibilidades que su poder de pago les imponía. Otros seres eran contingentes, es decir virtuales puros sin presencia en el real, ingresados al programa a manera de extras y a quienes se les podía prever casi todo, si es que no era el caso de que siempre se les encontrase en la misma "circunstancia de vida", es decir haciendo lo mismo.
Algunos saboteadores de este estilo de vida habían expandido rumores en la Red sobre éstos, rumores que desvirtuaban la versión oficial y proponían que no eran más que humanos que vendían sus fenotipos al servidor a cambio de suministrarles las drogas que les tuvieran en eterno sueño y de por vida; otra, que simplemente eran seres secuestrados a los cuales se les despojaba de su realidad para apoderarse de su virtualidad; se había comentado también de la posibilidad de que fueran retrazados cibernéticos incapaces de optimizar la automaticidad de su comportamiento; y hasta se había difundido que eran los piratas y saboteadores mismos que intentaban a toda costa destruir la memoria de la mayoría de seres virtuales y finalmente lograr dar con la memoria master de todo el sistema, la que almacenaba todo la información de sus usuarios reales y virtuales, una mega base de datos creada a finales del siglo XX por el centro de inteligencia de una poderosa nación de aquel entonces, pero que perduró en manos de quienes hicieron de ella un arma poderosa y rentable.
Fuera como fuere, Eva y Adán aprendían de Adán1 y Eva1 y demás seres virtuales una variedad de cosas que les permitían darse cuenta y hasta vivir una posible cotidianeidad humana que soñaban encerrados en un mundo aun manejado por ejecutivos, políticos y militares, que eran también la elite de los más hábiles en la hiper-informática de aquel tiempo.
Después de un paseo por la estación emprendían el viaje hasta su piso virtual. Lo hacían en compañía de otros que eran amantes de la música (enfundados en una especie de burbuja que permitía escuchar y sentir las notas y acordes en un contradictorio "en vivo"), o parlanchines y o inmóviles viajeros que lo estaban porque simplemente dormían el sueño virtual de sus simulaciones inactivas y cuya presencia se debía a que el sistema no era capaz de borrar sus hologramas, por falta de capacidad en horas pico, ya que recreaba millones de acciones simultáneas rearmando un puzzle de cosas guardadas en los laberintos de memoria de la red.
Al exterior de aquellos agitados dédalos personales, en el real, todo estaba ridículamente inmóvil. Adán y Eva en sus respectivos y alejados cubículos apenas si daban señales de vida. Eva1 y Adán1, en lugar de música, optaban por la lectura de libros que ellos veían dispuestos en bibliotecas adosadas de un extremo a otro de la cabina superior del vagón y que venían con todo y su lector, con el que se podía seleccionar los modos: texto u oral, idioma, tipo de voz, velocidad de lectura, entonación, una re-simulación audiovisual (de pago extra), y un sin número de opciones más, entre ellas la posibilidad de rescribir el texto a una o varias manos.
Adán1 y Eva1 se bajaban en la estación cercana a su piso, inicio de una caminata corta por un paseo que era un gran centro de compras con almacenes de antigüedades entre los que preferían uno que mostraba en sus vidrieras artefactos de modelos caducados de escafandras personalizadas de televisión satelital con terminal cibernética, nano-teléfonos y nano-ordenadores corticales -de instalar en la piel- y que alguien aun usaba por falta de recursos. Pero esta gama de ranciedades electrónicas no les robaban protagonismo a los verdaderos fósiles de la exhibición: teléfonos móviles con Internet, ordenadores inmensos del tamaño de una mano, reproductores de música, anteojos DVD, máquinas digitales de hacer fotos, discos compactos y los antiquísimos libros de papel, entre otras decrepitudes.
Pocas veces, recurrían a las otras opciones que tenían para configurar aquel paseo, y entre las que preferían un parque donde pocas gentes practicaban anticuados deportes; un bulevar de bares a la vieja usanza con los mejores encuentros y tragos virtuales, pero con limitada interacción con otras simulaciones; un zoo con animales extinguidos; antiguos hospitales, hospicios y residencias de personas con enfermedades erradicadas que morbosamente el programa ofrecía, y que era todo un suceso comercial.
Una vez en el piso hacían todo lo de todas las parejas. El detector de su ADN virtual permitía activar todos los campos que servían de puertas de acceso a cada una de las estancias del edificio. Se sentaban en las sillas que dentro de las cápsulas antigravedad les llevarían al piso 320. A veces dejaban las cápsulas abiertas pues les encantaba sentir la pérdida de conciencia que producía el ascensor ultrasónico que les dejaba en la mitad del salón de estar de su reluciente piso. Con toda premeditación, en las últimas programaciones del encuentro anterior, habían dejado cosillas tiradas por ahí, como testigos de una presencia cotidiana y real.
Cenaban muy rápido, pues desde chicos se habían acostumbrado a las cuatro grageas de comida que se estallan en sabores al contacto con la saliva, nutrían y dejaban una sensación de plácida llenura. Tal vez por ello, los dientes estaban reducidos a las mínimas expresiones y se ocultaban entre unas pálidas encías.
Todavía había quien gustaba -especialmente los mayores- de dejar expandir esas grageas en un plato y comérselas al curioso modo antiguo que, según algunos, era una señal de primigenia evolutiva.
El permitirse virtualizar un vino tinto era de las cosas más costosas dentro del paquete de "Vida en Pareja" que les vendieron, y que siempre deben ajustar con pagos suplementarios cada mes, según las programaciones extras solicitadas (sexo, amigos, una ida al espacio, una retransmisión especial por la tele, etc.). A veces, después de un buen rato y de recorrer un archivo enológico, alimentado con información muy antigua (desde finales del año 2009), seleccionaban uno de esos vinos caseros baratos. El 99.99 por ciento de las gentes del planeta no había probado nunca un vino real; lamentablemente, eran pocas las botellas centenarias que sobrevivieron a los últimos cien años de oxidación brutal.
Así que un vino tinto -a veces- y a ver la hiper-televisión abierta que sólo emitía las vidas de otras parejas como ellos y que interactúan con ellos, y de vez en cuando un juego de la liga de aerofútbol en el que parecían estar en primera fila, e incluso podían cambiar las situaciones y el resultado del partido. Sin embargo, la liga especial y sus resultados eran consecuencia de la interacción de todos los participantes en el programa, aunque había quien se quejaba de supuestos amaños.
Las ejecuciones en directo de delincuentes cibernéticos eran de las cosas más apetecidas, pero de las más costosas; a pesar de ello, eran las que más ganancias generaban a la empresa que la ofrecía ejerciendo el monopolio. No existían telediarios, ni programas de concurso, ni documentales, ni desnudos pues estaban prohibidos por el alto mando que gobierna la MHTM (Mancomunidad Humana Tierra-Marte). A los que vivían en las estaciones de la Luna y de Marte les encantaba ver a los habitantes de la Tierra, pues les consideraban un poco arcaicos.
Desde que llegaban al piso programaban un paisaje de nubes grises y anaranjadas que cubrían las montañas que se veían por todos los costados del apartamento. De todos modos nada que ver con los "Niveles Jardín" con que estaban dotados estos edificios y que se repetían cada 25 pisos, desde el 13, y que ellos sólo conocieron cuando les hicieron la ruta pre-venta con todas las opciones extras disponibles.
No había razón para ir a la montaña (el programa para ello saldría costosísimo) a no ser que fueras uno de esos locos que querían imitar a los hippies que en el siglo XX habían querido poner patas arriba al mundo postmoderno, un mundo que -según ellos- afortunadamente no había sucumbido y les tenía disfrutando del inicio de la neo-época del hidrógeno que, según otros, había llegado demasiado tarde y con los mismos vicios de la era del petróleo.
... continúa en el artículo 3 de esta edición ....
Comentarios
Enviado el 07-09-2007 a las 14:44
adan y eva
ana maria bosch anglada
(*) Rellena los siguientes campos para enviar el comentario deseado
(*) Pasados unos minutos el comentario se activará automáticamente
Agenda
Neurodegenerative Diseases: Biology & Therapeutics
Fecha
04-12-2008 al 07-12-2008
Lugar
Cold Spring Harbor Laboratory - NY - EE.UU.
Organizado por
Mount Sinai School of Medicine - University of Pennsylvania - Massachusetts General Hospital








