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07-09-2007

Dos días y 16 células (II Parte)

Autor: Carlos Acosta Rizo


... viene del artículo 2 de esta edición

A pesar de toda esta simulada perfección, no todo era tranquilidad en el universo de Adán y Eva, pues los para-ejércitos energéticos funcionaban en todo el mundo real y también en el virtual; atacaban a cuanta estación hidrolítica solar o eólica era instalada para generar el hidrógeno, y amenazaban cada vez más a las ciudades soleadas del globo que empezaban a erigirse como pueblos libres gracias a su autoabastecimiento energético.

Las empresas petroleras aparentemente se habían derrumbado a mediados de la década de los años 20 ante las demandas imposibles de suplir, y a causa de la revolución de los países productores, enfrascados en una globalizada guerra extrema de terrorismos infames, gobiernos legítimos e ilegítimos encubiertos por supuestas ansias democráticas, anhelos independentistas e insalvables brechas religiosas que sepultaron la verdadera lucha por la dignidad humana.

Pero la mayoría de tales empresas (que se habían convertido casi en países autónomos) se regeneraron como las colas de las lagartijas con el simple truco de maquillar de verde las fachadas de sus sedes y productos, teñir del color de la esperanza los uniformes de sus sonrientes trabajadores, y suplantar la antiquísima  "Petroleum Company" por el "Hidrogen Energy Co.", mientras mantenían ocultas sus reservas de hidrocarburos utilizándolas en los primeros mega-procesos de electrólisis del hidrógeno, para vender energía al resto del mundo con la misma estrategia de subordinación y dependencia que antes las había enriquecido.

Mucho tiempo duró esta denominada Segunda Guerra Fría sin que se permitiera una instauración total del hidrógeno como fuente de energía. El resultado: afuera el agua y el aire estaban casi-podridos en muchos sitios de la Tierra; el verde estaba acorralado en las altitudes por encima de los 3.000 metros en el trópico y los 4.000 metros en las antiguas zonas templadas y frías del planeta, y el ultravioleta era letal.

Este era el mundo de aquellos jóvenes que se complacían calculando los mega-bytes acumulados para comprar uno de los nuevos paquetes llamado "Vida Bohemia" producto de simuladores de última generación. Aun estaban lejos de aquello.

Como dije antes, el asunto del sexo era cuestión de dinero; un orgasmo virtual se podía conseguir desde un puñado de bytes hasta por verdaderas fortunas RAM. Generalmente se conformaban con unas aproximaciones sensitivas que no eran dignas ni de la peor poesía anti-erótica norteamericana que había despuntado hacía principios de siglo, después de una final del extinguido Súper Bowl en que una cantante se atrevió a enseñar una teta. Luego se iban a dormir, pasadas unas cuantas caricias más del programa. Sólo había lugar para el derroche cuando les sobraban algunos bytes por ganancias extras para pagar la subrutina "Sexo a Tope" además de cancelar ciertas subrutinas tradicionales de modo que les alcanzaran las horas libres.

A pesar de la indomable voracidad de sus programadores y vendedores, el programa tenía unas ventajas. Por ejemplo, que una sola persona accediera a la simulación compartida, si la otra no podía. Para ello, se generaba una réplica automática -Eva2 o Adán2- del ausente virtual; es decir un virtual del virtual, lograda por los parámetros almacenados en la memoria del sistema. También se podía compartir la simulación con otros virtuales "reemplazo"; el número y características dependían de los bytes que se estuviera dispuesto a pagar.

Esta variante, la "Simulación Unipersonal Automática por Defecto (SUAD)"- tenía una novedad realmente importante: un sistema de filtrado que permitía suprimir o reducir algunas características que los usuarios no gustaban en sus compañeros virtuales. La réplica automática -en este caso Eva2 o Adán2- era en realidad un virtual desvirtuado. La mutación que podía imprimirse no tenía límites morales sino los de la capacidad del programa contratado. La selección de los detalles a abolir  o sumar era personal, sin que se dieran cuenta los otros miembros de la simulación, y con la mayor discreción por parte de la empresa vendedora del programa.

Aquella vida era realmente varias vidas, con tan sutil paralelismo que era difícil que ellos detectaran divergencias en historias y destinos. El problema era que las acciones ejecutadas en la simulación individualizada SUAD se almacenaban en la memoria y era imposible evitar que aparecieran a modo de traslapes en las simulaciones compartidas. Para ello, de tanto en tanto, y después de compartir al menos un año virtual, era obligatorio verse en persona para ajustar el punto de encaje de las relaciones por medio de una terapia hipnótica de última generación, pero que se basaba en tradiciones ancestrales.

Adán y Eva, ya se habían visto unas cuantas veces después de conocerse en una fiesta virtual de promoción. La primera que se encontraron en el real apenas si se miraron a los ojos; en la segunda se miraron a los ojos y hasta se rozaron las manos torpemente, al punto de tener que refrenar sus ímpetus ante el evidente descontrol en que habían caído, y que de seguro les afectaría en el desempeño laboral de los días siguientes o de los años siguientes. El tercer encuentro fue en una de esas terapias hipnóticas de ajuste, en donde además les preguntaban acerca de sus percepciones de futuro: hogar, hijos, trabajo, salud, etc.  Y la cuarta cuando fueron a abrir las cuentas en el banco.

Como el programa que permitía la simulación "Vida en Pareja" era activado a partir de dos mentes, las cosas realmente se desarrollaban con unas milésimas segundo de retardo, mientras se realizaba la combinación de las dos entidades de pensamiento. En este desfase radicaba la vulnerabilidad del sistema pues, si no se cubría adecuadamente este vacío de tiempo, podría dispararse la SUAD, o sea que se podía disparar el mundo re-virtual de uno de los dos. Esto podía ocurrir cuando los datos suministrados por cada uno de los usuarios para cargar el programa o alguna de sus actuaciones en la vida virtual fuera notablemente contraria en otra simulación alternativa. En ese caso, el programa arrancaría con una simulación aleatoria e independiente. El otro caso en que se disparaba la SUAD era la muerte en el real.

Pasado el tiempo, Adán había cogido la costumbre de tardar en entrar en la simulación; así que Eva entraba y se convertía en Eva1 y generaba la propia SUAD, a veces con Adán2, a veces sin él. Las demoras en la aparición de Adán1 se debían a que en la estación del tren había visto varias veces a una chica -a causa del deyabú informático mencionado- cuya simulación era de lo más ingeniosa. Le había trastornado la luz de los ojos, los contrastes de sus cosas, los roces y tropezones de su simulación, la práctica independencia de las otras simulaciones, cosas que de seguro demandaban tener muchos bytes y mucho ingenio, como si fuera casi una versión traslapada de "Vida Bohemia".

En uno de esos días en que Adán1 no entró temprano en la simulación, Eva enloquecía por un orgasmo que fuera digno del deseo que sentía en el real, tras haber logrado para una empresa unos cuantos millones de bytes más y para ella una buena comisión. Se lo podía permitir; para eso había trabajado tanto. Así que se dispuso a que  Eva1 recibiera de Adán2 todo aquello que soñaba y proponía regalarse.

Pensó incluso, crear otra simulación alternativa temporal donde poder estar con otro virtual diferente a los de Adán, pero eso si sería una locura: sexo y otra simulación le saldría por un ojo de la cara. Además, el estar con otro virtual en esta simulación compartida con Adán era también un riesgo, pues éste podría acceder en cualquier momento. Así que se conectó sin más; Eva1 se encontró con Adán2 vestido con las ropas que ella quería, viajaron en el metroluz, recorrieron sin pasear la estación del tren -en donde entre otras cosas vio sin ver a Ana, la mujer que buscaba Adán1- y se fue leyendo un antiguo libro que se llamaba La insoportable levedad del ser, al cual no le hizo ningún cambio. Llegaron al piso, y no vieron el atardecer de nubes grises y naranjas sobre las montañas sino una playa blanca de palmeras y aguas turquesa; tomaron un vino, no comieron, y se hicieron el amor como Eva1 lo había visto en los llamados DVD de los años 10 durante uno de sus viajes en solitario en el tren.

Esperaba que Adán1 apareciera, a pesar de que Adán2 colmaba sus deseos como nunca antes lo había hecho el primero. En medio de aquel delirio recreado por ella misma se sintió sacudida por la más dulce convulsión que jamás había experimentado. A pesar de ello, y de la estupenda disposición de Adán2, una amargura no programada infectaba aquel espasmo virtual.

En otro sitio del real, una de las revueltas por el hidrógeno había tomado pié donde Adán estaba conectado con una simulación que tenía a Adán1 deambulando por la estación en busca de Ana. Él había calculado entrar unos bytes de tiempo luego de que Eva1 lo hacía regularmente para que de pronto no se topasen sus simulaciones. Murió en una implosión, su simulación desapareció de todas las otras e incluso de la de Eva, pero ella, en medio de su orgasmo electromagnético pensó en un principio que el parpadeo que detectó era propio de su desvarío, pero luego se acordó que esto sucedía cuando accedía a la simulación compartida una simulación individualizada.

En este caso pensó que y dio por hecho que Adán 1 había accedido y desconectado automáticamente a Adán 2. Eva1 siguió el juego y en el regazo del que ella creía ya era Adán1 confesó que quería un bebé que compartiera con ellos esa vida que se volvía de lo más tediosa y solitaria. Tenía suficientes bytes ahorrados para comprar una digna simulación que integrar a la de ellos y pagar la guardería y el colegio donde viviría todo el tiempo hasta hacerse adulto. No quería una simulación contingente sin real que ellos pudieran manipular a su antojo; quería dejar algo al azar. No recibió el más mínimo impedimento de Adan2, y eso le pareció extraño en quien ella creía era Adán1.

Hicieron el amor, nuevamente para ella, asumiendo que era la primera vez de Adán1. Fue otro de esos sacudones que dejan la piel fuera del cuerpo, y para su amante parecía haber sido lo mismo, y utilizó ello como una justificación más de la decisión maternal que se tomaba en serio.  Acordaron entonces verse por quinta vez en el real y consumar su "pasión virtual". Pero, Adán nunca llegó y Eva lo interpretó de mil formas, pero al final no había necesidad de su presencia.

Pocas horas después, Eva salía del banco. Se sentía bastante contenta de haber hecho, tiempo atrás, aquel ingreso al cual habían aportado ambos, y este retiro hoy. Tenían cuentas separadas pero eran para el mismo propósito. De ellas retiró varios óvulos congelados, unos espermatozoides de los varios millones que Adán había ingresado; los restantes los había donado para el embarazo de parejas estériles, homosexuales y para terapias con células madre.

Después de dos días y 16 células embrionarias se conectaba para ir al encuentro de quien ella creía era Adán1 para darle la noticia de que estaban embarazados; que había decidido que fuera niña; que la llamaría Diana; que iba a ser preciosa; que los restos cromosómicos del cáncer, el Alzheimer y demás afecciones de sus antepasados habían sido neutralizados con terapia genética (ya no se necesitaban vacunas, ni células madre regeneradoras); que por la misma vía había rescatado los ojos oscuros de una tía abuela para que los tuviera su hija, y que resaltarían con la piel blanquísima de su padre y con la cabellera clara de la madre; que ella estaría atenta a su desarrollo pues había contratado un servicio de conexión virtual sensitiva (que no era una simulación) con el placentódromo oficial donde también nacería.

Adán2 recibió aquella noticia, que no era para él, como ella soñaba que la recibiera su compañero. Nunca faltó a ningún acceso, y Eva compartió su mundo virtual con el hombre más perfecto que nunca hubiera deseado, y del que nunca echó en falta una caricia real, la verdad era que prácticamente no las conocía.

Sin embargo, si echó en falta los desaires, las frustraciones, las desigualdades de aquel que fue Adán1. Todo era tan perfecto que, a veces y cada vez más, era insoportable. Ella intentaba recordar con impaciencia e insistencia detalles de la imperfección que se había esfumado de un día para otro de su compañero virtual. Cuando lograba recordar veía que él tomaba tintes de quien fue, pero tan pronto perdía la memoria se marchitaban aquellas aristas y Adán2 era tan perfecto que lastimaba.

Eva intentó que los proveedores del programa le permitieran escudriñar en la memoria máster, pero fue imposible, y su amor le impedía decirle o pedirle algo a su amante. Eva procuraba, cada vez con menos lucidez y realidad, recrear los primeros años, y pronto se enfrentó a una inquietud tal que le condujo a la muerte.

Eva1 y Adán2 murieron al mismo tiempo, cuando Eva decidió hacerlo por aburrimiento. Las cenizas de Adán eran setenta y ocho años más viejas, y el holograma inmóvil de Adán1 viajaba como un espectro, desde hacía los mismos años en un vagón olvidado del tren de una ya caducada imulación.

Personajes

Eva y Adán:           Seres reales de carne y hueso

Eva1 y Adán 1:        Hologramas virtuales creados por Eva y Adán

Adán 2:                  Holograma re-virtual de Adán1, creado por Eva.

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