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VI Simposio de Actualización en Demencias "Avances en el diagnóstico y el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer"

Fecha
28-09-2010 al 28-09-2010

Lugar
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Organizado por
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26-10-2007

El alzhéimer y la política

“La frecuencia del mal entre políticos desmiente que se cebe en personas con bajo nivel educativo”

Autor: Jordi Cervós

Categoría: Alzheimer

Cuando uno pasa lista a los nombres bien conocidos que han sufrido o sufren la enfermedad de Alzheimer puede sacar la impresión de que la amenaza de dicho mal es especialmente acentuada para los que se dedican a la política. Teniendo en cuenta que sus síntomas pueden presentarse ya muchos años antes de que se reconozcan claramente, cabe preguntarse si muchas locuras de los políticos son síntomas prematuros de la enfermedad.
Pero por lo menos la primera de ambas suposiciones es falsa. Es evidente que dentro de los aproximadamente 150.000 casos nuevos de enfermedad de Alzheimer que se declaran en España cada año, los nombres de Adolfo Suárez o de Pasqual Maragall suenan especialmente, pero se diluyen en la estadística. Lo mismo ocurre con otros políticos muy conocidos como Dwigth D. Eisenhower y Ronald Reagan, ambos presidentes de EEUU, Harold Wilson, primer ministro de Inglaterra, Paul Wehner, conocido político socialdemócrata alemán, etcétera.

LA RELACIÓN entre el grado de popularidad de la persona afectada por la enfermedad y su resonancia en los medios de información se ve en la lista de pacientes de alzhéimer célebres en Estados Unidos, en la que abundan los jugadores de béisbol. A esto se añade el hecho de que, en muchos casos, como fue el de Reagan y ahora Maragall, acostumbrados a asumir responsabilidades políticas, se sienten obligados no solo a declarar públicamente su enfermedad sino también a apelar a la lucha contra la misma e incluso a emplear todos sus posibilidades, aunque sean pocas, en dicha lucha. Así se entiende que Maragall, en sus propias palabras, se considere "un ejemplar privilegiado de las personas afectadas". Por otra parte, aunque nos guste criticar a los políticos, hay que reconocer que su nivel de inteligencia y su grado de educación se pueden considerar por encima de la media general.
Por eso, la frecuencia de alzhéimer en políticos parece desmentir algunas estadísticas con las que se intentó demostrar que un nivel educativo bajo --inferior a ocho años de escolaridad-- se asocia con un mayor riesgo de incidencia de esa enfermedad y otras demencias en el anciano. Tampoco las estadísticas que parecían demostrar que un alto nivel de actividad intelectual reducía el riesgo de desarrollar demencia pueden mantenerse, pues es de suponer que los políticos acostumbran a trabajar intelectualmente. Además, otras estadísticas muy bien trabajadas en Inglaterra han demostrado claramente que no hay ninguna diferencia en la incidencia de la enfermedad en habitantes de ciudades o del medio rural. Tampoco faltan premios Nobel, como Halldor Laxnes, que padecieron la enfermedad de Alzheimer.
Más difícil de demostrar es hasta qué punto comportamientos o afirmaciones de políticos que llamaron la atención mucho antes de conocerse que sufrían de alzhéimer manifestaban síntomas prematuros de la enfermedad. Hay que tener en cuenta que este estado latente de la demencia puede durar varios años y los enfermos más "inteligentes" tienen más recursos para disimular, aunque sea inconscientemente, los primeros síntomas. Sea como sea, atribuir a la enfermedad de un político determinados fallos pasados será difícil de demostrar y no pasará de ser una conjetura.
Es interesante el caso de Rita Hayworth, quien había sido un ídolo de la pantalla en EEUU y en todo el mundo, que cuando empezó a mostrar una conducta extravagante se generalizó la opinión de que se había vuelto alcohólica. Pero evidentemente se trataba de los primeros síntomas de la enfermedad de Alzheimer. Quizás para compensar lo injusto que había sido este juicio, la noticia de su enfermedad conmovió a la opinión pública de EEUU y desencadenó una ola de simpatía. El resultado fue que los políticos prestaron atención a la lucha contra el alzhéimer, dedicándole una importante cantidad de dinero.
Especialmente difícil es distinguir entre manifestaciones propias de la edad y primeros síntomas de la enfermedad de alzhéimer. Los olvidos benignos en el envejecimiento normal son frecuentes y, por lo general, ocurren en situaciones que exigen una mayor atención, esfuerzos de la memoria y una cierta velocidad en recibir y ordenar nuevas informaciones. Los ancianos normales muestran una limitación en estas situaciones de esfuerzo. Sin embargo, esta limitación no tiene ningún impacto sobre las actividades de la vida diaria o, en caso de que haya un impacto, este es muy bajo y se compensa fácilmente. En la demencia, el deterioro de la capacidad de reconocer situaciones y personas se compensa cada vez menos y, más allá de un umbral crítico, las deficiencias tienen repercusiones sobre la autonomía funcional del individuo.

LO QUE ES seguro, y llama la atención, es el hecho de que en todos los casos en los que los pacientes de alzhéimer han dado a conocer su enfermedad con especial dignidad, siempre se encontraban arropados por la familia. Pasqual Maragall nos lo ha dicho claramente cuando declara: "Empiezo esta nueva etapa con optimismo, en compañía de una familia y de unos amigos que me apoyan y me hacen feliz".

Fuente: El Periódico.com

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