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03-12-2007
Reflexiones de un cuidador y un enfermo
Autor: Redacción Magazín Alzheimer
Un cuidador y un enfermo recién diagnosticado nos ofrecen, a su modo, reflexiones sobre las circunstancias que afrontan relacionadas con la enfermedad de Alzheimer. Tan particulares como son, las situaciones, los sentimientos y las emociones expresadas podrían llegar a ser el reflejo de lo que muchos otros experimentan.
Ambos textos son puertas abiertas al interior del mundo Alzheimer, a los pasillos donde la esencia humana se debate entre la racionalidad y el instinto. Publicamos ambos textos como un homenaje sentido tanto a cuidadores como enfermos, a quienes quizá estas fechas les sorprenda atendiendo a un ser querido, mascullando su propio diagnóstico o simplemente si darse cuenta de ello, al margen de cualquier festividad propia de la Navidad y el principio de año.
A ellos, nuestra voz de aliento, nuestro afecto y deseos por una Navidad en Paz.
Un día cualquiera de estos últimos tiempos
Tengo el dolor en medio de las costillas, bajo el corazón. De repente, la ternura me captura. Ella me mira y se queja de alguna cosa; ahora son tantas. A veces, ya solo a veces y cada vez menos, pone ojos de animalito indefenso y me clava la mirada para pedirme ayuda. No hay nadie más. Se querrá levantar de la silla o quizá calzarse los zapatos. Cada vez menos autónoma. Y antes me observaba como agradecida cada vez que daba un paso por ella o con ella, como si el hecho de ayudarla a alcanzar la mesa tuviera el mismo valor que el salvarle la vida... algo que a mí (cada vez más enjaulada) me hacía sentir culpable.
Ya casi no me mira así, como lo hacía antes. Se ha quedado sin alegría, sin la ilusión de hacer nada, por poca cosa que sea. La obsesión por verme, por tenerme cerca, es el fruto del miedo a la soledad, al aislamiento total pienso yo, pero ¿será su miedo o mi miedo?
Ahora son sus carencias las que, a veces, agotan mi paciencia y, vuelve el remordimiento otra vez, me pregunto si en realidad tengo la suficiente paciencia.
Los movimientos, todos, se eternizan; las palabras, las importantes y las banales, se han de decir más de una vez; las labores más sencillas requieren una dedicación exhaustiva... esa es la palabra exhaustiva. Sin embargo, la labor más dura es la de interesarla, hacerla partícipe de un día a día que, hasta hace bien poco, era el suyo. Ahora ya no. No quiere saber nada de lo que pueda haber más allá de las sábanas; no quiere otra luz que la oscuridad de la habitación, persianas bajadas; no quiere otra conversación que su silencio en mi compañía. Así una hora tras otra, y un día que sigue a otro. Cada vez la figura más encogida y, cada vez, mi corazón más encogido.
Me doy cuenta que es a mi a quien me traspasa el miedo; diferentes tipos y todos bien egoístas: el de que la situación se alargue o se rompa de súbito; el de aislarme también yo y perderme cosas, es decir vida, mientras las horas pasan; el de perder su sonrisa, su energía e impulso y tenerlo que substituir por mi sonrisa, mi energía y mi impulso ¿le será suficiente, me será suficiente?... Y se me desmenuza el corazón sin saber bien si es por mí o por ella, sin resolver quien de las dos está más perdida sin la otra.
Mientras tanto, su alegría se va desvaneciendo a cada pastilla tragada, su tibieza se va quedando en las paredes de casa y en las del hospital esperando que los médicos le acaben la poca paciencia que le queda. Demasiado frío al fin y al cabo para una persona tan cálida. No los reprocho, es su faena, pero ¿vale la pena? La mayoría de las veces creo que sí, y por eso volvemos, hasta que no haya que volver más, hasta que se haga completa su sentencia, la que me dijo antes de quedarse sin palabras... "tú si que eres mi medicina"...
Fue entonces cuando me di cuenta que debía resignarme a malvender las horas que podría pasar con mi madre, el elixir de esa vida que se agotaba, por una miseria a final de mes, pagada por las horas en el despacho de aquella empresa. Entonces sentí que si ella me viese triste, todavía sería capaz de sufrir por mi sacando fuerzas de donde fuera, mientras que yo, que tendría que devolverle toda su infinita dedicación, no podría hacer más que tragarme la distancia y la tristeza.
RTS
Habrá un día que...
Antes pensaba
que habría un día
que vivir tendría
de momentos que no volvieron,
de recuerdos y sueños que se fueron...
que un día habría
que la historia de las calles
mi historia sería,
y el polvo de los secretos
el que allí mi vida colocaría...
Ahora sé que no será así;
Habrá un día en el que
vivir de mis recuerdos no pueda,
y los momentos que no volvieron
parezca que jamás existieron...
Habrá un día en el que
otras personas repetirán mis palabras
y cantarán mis canciones
para hacerme recordar;
ojala haya alguien para eso...
pero nadie sabrá de íntimos suspiros,
de sufrimientos mudos,
de reproches propios,
todos arrumados
en el rincón luminoso
donde solo yo existí.
Habrá un día en el que
la historia de las calles
dejará de ser mi historia;
el viento de la desmemoria
habrá barrido el polvo
que mis cosas acumularon en ellas,
y mis secretos serán secretos
incluso para mi mismo...
Y lleno de incógnitas me iré quedando vacío...
por más que intenten tapar mis agujeros
y rellenar mis oquedades.
Yo ya quisiera no dejar de ser,
e irme tan intacto como pueda;
me han dicho que no será así
y lo lamento por mí,
y lo lamento por ellos...
por quienes carguen con mi vida,
y con mi cuerpo
tan vacío y tan pesado a la vez.
He escuchado
que los jóvenes no sufrirán lo mismo
que llegarán a tiempo
para blindarse
para ponerse el escudo
para construir la muralla
para dar la batalla
y que saldrán airosos;
que en ello se empañan
desde ya
muchas gentes.
Me alegro por ellos...
por los jóvenes
pero es inevitable que,
a veces,
me quede pensando en círculos,
sumando y restando
el tiempo perdido,
y el invertido;
las horas de sueño,
y el desvelo;
multiplicando y dividiendo
mis esperas,
y mis tardanzas;
y siempre
me resulta este destiempo
de llegar muy temprano
a enfrentarme al olvido.
HAJ
Comentarios
Enviado el 04-12-2007 a las 22:41
Yo tambien creo que estoy entrando al Club
Me parece estar reflejándome en sus vidas y parece que algo en mí me dice que yo también puedo llegar a ese estado. Y yo creo no equivocarme que cuando mi vida se vaya apgando, como la de ellos, algún asomo de luz me llevará instantes de cordura.
Por eso quiero llenarme de alegía, de sueños buenos, de respeto, No quisiera que quienes tengan que lidiar mi decaimiento sufran tanto. Ojalá que mi ocaso sirva para el amanecer de otros. Es una oportunidad que la vida me dá para vivirla y apreciarla mejor.
Es difícil, pués cad error que tengo es una premonición que achaco a mi compañero ALzheimer.
Tengo una esposa especial, pués cuando me diagnosticaron quise irme para vivir mi tragedia yo solo. Pero ella me reecontró y quiero no perderla y que sea quien me conduzca en la oscuridad por los caminos de la luz.
Animo a quiene nos cuidan y a quienes nos dejamos cuidar. Es una oportunidad para engrandecer o para postrarnos lastimeramente. Angeles no abandonen esta oportunidad. Angeles caidos, aceptemos esa mano que nos tienden.
A P
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Agenda
Neurodegenerative Diseases: Biology & Therapeutics
Fecha
04-12-2008 al 07-12-2008
Lugar
Cold Spring Harbor Laboratory - NY - EE.UU.
Organizado por
Mount Sinai School of Medicine - University of Pennsylvania - Massachusetts General Hospital








