Artículos
27-12-2007
Baila mientras puedas
“Sarah Polley reflexiona sobre los matrimonios de larga duración a través de una historia de Alzheimer ”
Autor: María Tomás, Valencia
Categoría: Varios
Cuando el pasado se convierte en presente todo se ha de volver a vivir, o mejor dicho, a reinventar. Esa podría ser la entrada para hablar de Lejos de ella, un film dirigido por la jovencísima Sara Polley (27 años) que aborda con la mirada de una adulta experimentada una novela de la reconocida escritora Alice Munro, The Bear Came Over the Mountain, para adaptarla al cine con el pulso tan firme como contundente la temática. El Alzheimer y, en el contexto de esta historia, el amor de toda una vida. Cine de miradas despojado y directo.
Lejos de ella es una película tierna y triste donde el giro imprevisto de la enfermedad desequilibra la paz de un matrimonio que, tras 44 años de vida conyugal, había conseguido mantener su compromiso sin sucumbir al paso del tiempo, aun con sus quebrantos.
La enfermedad actúa de resorte culpabilizador para una pareja que se encuentra en el momento más estable de su relación tras haber salvado los escollos de la infidelidad a base de presencia constante, ternura y amor. Pero, como se sabe, el Alzheimer lo que primero destruye es la memoria a corto plazo. Una ocasión abonada para dejar libre el espacio que permita el resurgir de la vida pasada que hiere y que ambos creían tamizada.
Un camino sin retorno
Grant (Gordon Pinsent) y Fiona (Julie Christie) se enfrentan a la enfermedad de ella, un camino sin retorno ni vuelta que sitúa al que la padece en la desubicación. Antes, ella era extravagante, dulce e irónica. Él, circunspecto. Y pese a sus diferencias, se habían encontrado para siempre, hasta el final en una vida vivida sin grandes sobresaltos. Pero el final es cuando ella, en su lucidez fatal, explica a su marido cuál es su sensación: «Estoy empezando a desaparecer», dice, mientras a él le toca el difícil papel del cuidador, que supone no sólo ayudar, sino presenciar la degradación de alguien a quien amas encajando actitudes enajenadas sin explicación racional.
Y así de simple desaparece toda una vida en cuanto la mujer ingresa en una residencia especializada, donde se obliga a los internos a estar aislados los treinta primeros días, lejos de sus familias, para mejorar la «adaptación» al nuevo entorno. Fiona se olvida de quién es, dónde está su casa, quién es su marido. Una situación angustiosa que sitúa Grant en la máxima prueba que significa el amor y en el escalón de esa lealtad que, a veces, se promete para siempre.
Fiona ingresa en la residencia y se olvida de él, de su marido. De Grant; el profesor de universidad que siempre había flirteado con sus alumnas y que ahora se ve obligado a ser testigo del sólido vínculo que su mujer crea con otro de los enfermos, Aubrey.
«Justicia poética», lo llama Polley. Y una oportunidad para realizar un gran acto de amor que procure la felicidad de su mujer, no sin antes sentir culpabilidad y preguntarse por la posible venganza. Se equivocaba Grant pensando que el tiempo lo cura todo. El Alzheimer actúa aquí como «una metáfora de la importancia de la memoria en una relación duradera» ha dicho Polley. «Lo que elegimos recordar, lo que elegimos olvidar». La confirmación de que la vida es cíclica hasta que todo queda borrado y se recrea.
A Polley le interesaba retratar la enfermedad, pero lo que más le apetecía era, «explorar cuánto tiempo puede vivir un matrimonio». Y aquí lo narra sin atisbo de sentimentalisimo. La pareja de su película lleva medio siglo rindiéndose cuentas y cicatrizando heridas emocionales que, sin el permiso de nadie, volverán a abrirse para cerrarse para siempre. O quizá no.
También queda retratada aquí la soledad de la residencia, la desorientación de quien no puede sino dejarse llevar por una vida que confunde y donde volverse loco es la mejor manera de no buscar explicación.
Un cita del libro Cartas de Islandia, de Auden y Macneice, puede dar en un clavo incómodo. «No nacer sería lo mejor para el hombre. Baila mientras puedas. Baila hasta que te desplomes». Entre otras cosas, porque nunca se sabe cómo van a salir las cosas y, a veces, hay que tomar la decisión de ser feliz. Porque en rigor hay dos opciones: o enfadarse permanentemente por lo que ocurre (y siempre ocurrirá algo) o aceptar la banda sonora asignada. Y aún así, queda tiempo de ser lo que uno podía haber sido. Una reinvención a tiempo puede iluminar toda una vida, o cuanto menos, su final.
Lejos de ella es una película tierna y triste donde el giro imprevisto de la enfermedad desequilibra la paz de un matrimonio que, tras 44 años de vida conyugal, había conseguido mantener su compromiso sin sucumbir al paso del tiempo, aun con sus quebrantos.
La enfermedad actúa de resorte culpabilizador para una pareja que se encuentra en el momento más estable de su relación tras haber salvado los escollos de la infidelidad a base de presencia constante, ternura y amor. Pero, como se sabe, el Alzheimer lo que primero destruye es la memoria a corto plazo. Una ocasión abonada para dejar libre el espacio que permita el resurgir de la vida pasada que hiere y que ambos creían tamizada.
Un camino sin retorno
Grant (Gordon Pinsent) y Fiona (Julie Christie) se enfrentan a la enfermedad de ella, un camino sin retorno ni vuelta que sitúa al que la padece en la desubicación. Antes, ella era extravagante, dulce e irónica. Él, circunspecto. Y pese a sus diferencias, se habían encontrado para siempre, hasta el final en una vida vivida sin grandes sobresaltos. Pero el final es cuando ella, en su lucidez fatal, explica a su marido cuál es su sensación: «Estoy empezando a desaparecer», dice, mientras a él le toca el difícil papel del cuidador, que supone no sólo ayudar, sino presenciar la degradación de alguien a quien amas encajando actitudes enajenadas sin explicación racional.
Y así de simple desaparece toda una vida en cuanto la mujer ingresa en una residencia especializada, donde se obliga a los internos a estar aislados los treinta primeros días, lejos de sus familias, para mejorar la «adaptación» al nuevo entorno. Fiona se olvida de quién es, dónde está su casa, quién es su marido. Una situación angustiosa que sitúa Grant en la máxima prueba que significa el amor y en el escalón de esa lealtad que, a veces, se promete para siempre.
Fiona ingresa en la residencia y se olvida de él, de su marido. De Grant; el profesor de universidad que siempre había flirteado con sus alumnas y que ahora se ve obligado a ser testigo del sólido vínculo que su mujer crea con otro de los enfermos, Aubrey.
«Justicia poética», lo llama Polley. Y una oportunidad para realizar un gran acto de amor que procure la felicidad de su mujer, no sin antes sentir culpabilidad y preguntarse por la posible venganza. Se equivocaba Grant pensando que el tiempo lo cura todo. El Alzheimer actúa aquí como «una metáfora de la importancia de la memoria en una relación duradera» ha dicho Polley. «Lo que elegimos recordar, lo que elegimos olvidar». La confirmación de que la vida es cíclica hasta que todo queda borrado y se recrea.
A Polley le interesaba retratar la enfermedad, pero lo que más le apetecía era, «explorar cuánto tiempo puede vivir un matrimonio». Y aquí lo narra sin atisbo de sentimentalisimo. La pareja de su película lleva medio siglo rindiéndose cuentas y cicatrizando heridas emocionales que, sin el permiso de nadie, volverán a abrirse para cerrarse para siempre. O quizá no.
También queda retratada aquí la soledad de la residencia, la desorientación de quien no puede sino dejarse llevar por una vida que confunde y donde volverse loco es la mejor manera de no buscar explicación.
Un cita del libro Cartas de Islandia, de Auden y Macneice, puede dar en un clavo incómodo. «No nacer sería lo mejor para el hombre. Baila mientras puedas. Baila hasta que te desplomes». Entre otras cosas, porque nunca se sabe cómo van a salir las cosas y, a veces, hay que tomar la decisión de ser feliz. Porque en rigor hay dos opciones: o enfadarse permanentemente por lo que ocurre (y siempre ocurrirá algo) o aceptar la banda sonora asignada. Y aún así, queda tiempo de ser lo que uno podía haber sido. Una reinvención a tiempo puede iluminar toda una vida, o cuanto menos, su final.
Fuente: Levante-emv.com
Agenda
III Congreso Nacional de Alzheimer
Fecha
02-10-2008 al 04-10-2008
Lugar
Vigo (Pontevedra) - España
Organizado por
CEAFA (Confederación Española de Familiares de Enfermos de Alzheimer) - Sociedad Española de Geriatría y Gerontología y Sociedad Española de Neurología
Agencia interactiva barcelona
Política de privacidad ·
© Familia Alzheimer ·
Todos los derechos reservados








