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07-02-2008

El Alzheimer entre partituras

Autor: Redacción Magazín Alzheimer


La relación de la música con el bienestar humano es algo incuestionable. Esta arte es una de las más elevadas de las que nuestro cerebro, y el resto de nuestro cuerpo, es capaz de realizar. La música parece estar, incluso, en el ámbito de cerebros animales muy desarrollados como los de algunos homínidos, delfines, ballenas y seguramente muchos más. Incluso las plantas parecen responder ante las vibraciones musicales.

La música nos abastece de todo tipo de emociones, y hace parte de la red en que se entretejen nuestros recuerdos. Quién no se ha alterado al escuchar los acordes de una tonada que nos evoca un momento vivido.

En este sentido, la música se utiliza como terapia para ayudar a los pacientes de la Enfermedad de Alzheimer (EA) en su recuperación funcional, gracias a la mejora de sus condiciones físicas y del estado de ánimo, merced a un entorno atractivo y estimulante, favorable para la comunicación.

Hace un par de años, justo cuando esta redacción iniciaba su andadura en Magazín Alzheimer, tuvimos el gusto de reseñar el festival Hip Hop Vs. Alzheimer que el colectivo de Rap MT Crew (http://www.mtcrew.com) organizó como una contribución a  la lucha contra la EA en El Vendrell (Tarragona).

Dos años y medio después de aquel encuentro musical, desde esta publicación queremos acercarnos nuevamente al universo musical que tiene inspiración y protagonista a la EA.

La verdad es que las manifestaciones no son abundantes, pero de seguro muchas más de las que reseñaremos a lo largo de este artículo, y que han sido seleccionadas por la cercanía geográfica de su producción, por el contraste que brindan entre diferentes géneros, artistas y públicos que evidencian y, sobre todo, por su incidencia en dar a conocer esta enfermedad.

Por ejemplo,

En la recientemente estrenada película de J. A. Salgot "MyWay" el guionista y director (del que se publicará una extensa entrevista en el próximo número de este Magazín) erige como momento cumbre de la película el canto liberado de esta legendaria canción del repertorio de Frank Sinatra por parte de un enfermo de Alzheimer y su familia en mitad de una cena en un elegante restaurante, todo un canto a la complicidad, a la alegría y la comunión, al rescate de la esencia humana que la música arranca de cada uno de nosotros.

 La musicoterapia

Pero la relación entre el Alzheimer y la música no es nueva. Vale la pena comenzar retrotrayendo un esfuerzo ya acaecido por allá a finales del 2002, en el que la Fundació La Caixa trabajaba en el proyecto "Cantem Junts?" con la Coral Albada de Sabadell (Barcelona). La Coral, compuesta compuesta por un grupo de personas mayores afectadas de Alzheimer y de jóvenes que hacen ofreció varios conciertos.

Al margen de la valiosa parte lúdica del proyecto, este integraba la  musicoterapia como alternativa para ralentizar el proceso de un mal que actualmente no tiene cura. Algunos efectos atribuidos a la musicoterapia ─que se aplica en muchas residencias y centros de día─ son que ayuda a los enfermos a socializarse a través del canto, además de ejercitar el habla y la memoria.

La musicoterapia, desarrollada en los Estados Unidos en la década de los años cincuenta, pretende estimular la memoria de los enfermos de Alzheimer mediante la música. De ahí lo popular de las letras que interpreta el coro. Según los expertos, la música es una fuente de recuerdos y una manera de que, mediante el canto, los pacientes no pierdan la capacidad del habla. La musicoterapia se aprovecha de esas melodías que todos recordamos para estimular la memoria.

De las notas de prensa de aquella época extraemos este comentario de un familiar emocionado: «los verdaderos protagonistas del concierto, los enfermos de Alzheimer, están mucho más tranquilos que sus "sombras"  acompañantes [un grupo de jóvenes voluntarios]: Mírale allí. El más tranquilo del mundo».

El director de la Coral Albada, Óscar Salvador, destacaba al final del concierto el sentimiento que ha despertado el acto. «Mas que nervios, lo que se sentía en la sala era emoción», comenta. Y es que es precisamente esa emoción lo que consigue que los enfermos de Alzheimer vuelvan a relacionarse con los demás.

La preparación de los conciertos ha sido larga y dificultosa. Tanto «sombras» como personas mayores han estado recibiendo lecciones previas de comunicación para entender mejor a los pacientes de con EA mal de Alzheimer, y eso se nota, y de eso se trata de comunicarse y comunicarse... eso es la música.

Con la fuerza del Amoniaco

Buscando en Internet, tentados por los variopintos protagonistas de la simbiosis música y Alzheimer, especialmente en la juventud, encontramos el trabajo de un grupo catalán, Ammoniac, que ha incorporado la EA a la temática de sus composiciones. El resultado, al menos el lírico, nos pone en una de las perspectivas de los jóvenes y su relación con la enfermedad, su inquietud y la necesidad de describir el miedo, y la angustia propios y los de una sociedad, que emergen a su alrededor de la mano del número (cada vez mayor) de casos y de la cercanía (cada vez más estrecha) de los mismos.

Alzheimer (Ammoniac)

Vaig veure el mal des d'allà al fons/ com l'escanyava sense dolor./ Estava perdut en aquell món/ de gent hostil on tot fa por.

Estava malalt ho sabia prou,/ però el seu cervell no el deixava pensar en color/ li han tret els records.

La seva memòria és un colador;/ no sap tornar a casa i es mor de por.
La gent se'l mira, el vell està sol,/ si algú l'ajuda en desconfia molt.

Només volia trobar el seu lloc,/ un lloc amb records i on no hi ha dolor,
l'alzheimer no ho vol.

La seva mirada mostra terror/ estant assegut en aquell vagó.
Porta l'adreça escrita en un paper,/ La mà li tremola no en té el control.

La ciutat l'atrapa és una presó,/ que el té esclau sense compassió,
la ment l'ha vençut un altre cop./ Un home indefens davant de tot,
aquell que abans era un gran lluitador,/ la malaltia l'ha mort.

Traducción en castellano

Vi el mal desde allá al fondo/ como lo estrangulaba sin dolor./ Estaba perdido en aquel mundo/ de gente hostil donde todo da miedo.

Estaba enfermo lo sabía lo suficiente,/ pero su cerebro no lo dejaba pensar en color/ le han sacado los recuerdos.

Su memoria es un colador;/ no sabe volver a casa y se muere de miedo. La gente se lo mira, el viejo está solo,/ si alguien la ayuda desconfía mucho.

Sólo quería encontrar su lugar,/ un lugar con recuerdos y dónde no hay dolor, el alzheimer no lo quiere.

Su mirada muestra terror/ estando sentado en aquel vagón. Trae la dirección escrita en un papel,/ La mano le tiembla no tiene el control.

La ciudad lo atrapa es una prisión,/ que lo tiene esclavo sin compasión, la mente lo ha vencido otro golpe./ Un hombre indefenso ante de todo, aquel que antes era un gran luchador,/ la enfermedad lo ha matado.

Un himno de unión y apoyo solidario

Cambiemos de registro y de ruta hacia aguas menos revueltas que las del Hardcore de Def Con Dos. Para ello, invitamos a leer nuevamente el editorial de año nuevo del anterior número (63) de este Magazín, ya que las reflexiones que le dieron sustancia surgieron al releer la copia arrugada y traspapelada de la canción "Me Tienes Aquí" escrita por Miquel Erentxun, y que fue el himno con que se conmemoró en 2006 el Día Mundial del Alzheimer.

La carga de afecto, solidaridad y compromiso que envuelve a esta canción no dejó a nadie exento de emotividad aquel domingo en que retumbó por las cuatro esquinas del Palau Sant Jordi de Barcelona, cantado por casi 3000 personas. Compartimos pues estas frases que, aunque sin música, son toda una declaración de humanidad.

Me tienes aquí (Letra de Miquel Erentxum, excepto la última línea de MA)

Cuando te encuentres que alrededor todo se transforma/ Y poco a poco veas que baja el telón/ Si los recuerdos se escapan de tu vida/ Y resuenan las palabras en tu corazón.

Cuando te acerques al espejo y no te reconozcas/ Y en medio de la noche veas que sale el sol;/ Cuando solos recuerdes cosas del pasado/ Piensa bien que todos nosotros estaremos a tu lado.

Me tienes aquí, me tienes aquí/ Porque podemos luchar juntos y nada te puede hacer sufrir/ Me tienes aquí, me tienes aquí/ Porque siempre que lo necesites/ Debes saber que tienes amigos/ Me tienes aquí, me tienes aquí

No lo olvides, no estas solo... me tienes aquí.

Cuando el lápiz no te escriba ninguna palabra/ Y les robe a las flores su color/ Cuando te quedes con la mirada perdida/ En tus ojos encontraremos tu amor.

Cuando poco a poco pierdas tu sonrisa/ Y naufragues dentro de los mares del temor/ Cuando pienses que ya no vale la pena vivir/ No te espantes que a tu lado, esperando estaré yo.

Me tienes aquí, me tienes aquí/ Porque podemos luchar juntos y nada te puede hacer sufrir/ Me tienes aquí, me tienes aquí/ Porque siempre que lo necesites.

Me tienes aquí, me tienes aquí,/ Que nunca se te olvide que no te olvidaré yo/ Me tienes aquí, me tienes aquí,/ Para tenerte a mi lado y te sientas cercano a mi corazón/ Me tienes aquí, me tienes aquí,/ Siempre a tu lado, caminaremos juntos.

Caminando hasta el fin cogidos de la mano/ Me tienes aquí, me tienes aquí,

No lo olvides, no estás solo, me tienes aquí/ No lo olvides, no estás solo... me tienes aquí,/ Que si lo olvidas... también me tendrás aquí.

Sinfonía de una "Epidemia silenciosa"

Para finalizar este artículo, debemos hacer referencia al trabajo del compositor Andrés Valero Castel quien, a mediados de 2006, escribió y presentó una sinfonía titulada "Epidemia silenciosa".

En la edición digital de El Pais,  del 31 de julio de 2006, se podían leer frases tan emotivas como, «Nunca he llorado de forma tan desesperada como cuando me di cuenta del alcance de la situación».

En la nota se describía como el compositor había encajado [cuando el tenía apenas 11 años] como un golpe tremendo el diagnóstico de Alzheimer de su madre [de tan solo 49 años]. No sólo por saber que se enfrentaba a esta enfermedad, sino por «la impotencia y la rabia de que no había nada que hacer [...] Ahora, este compositor ha convertido aquellas lágrimas en notas [...] Mientras su madre se encuentra en estado vegetativo soportando una fase terminal que [en palabras de Valero] parece no acabar nunca».

En aquel julio de 2006 Valero Castell presentaría, en el Palau de la Música de Valencia, su tercera sinfonía, Epidemia silenciosa, una composición de media hora de duración dedicada a la enfermedad de Alzheimer que le encargó la Jove Orquestra de la Generalitat valenciana.

Según reza la nota de El País, la idea de componer algo relacionado con todo ello no brotó de inmediato. «Al principio la impotencia me paralizaba», pero fue surgiendo poco a poco. «Reflexioné mucho sobre la vida, la muerte, la capacidad humana de pensar, reflexionar, los lazos familiares entre una madre y su hijo.... Incluso sobre la eutanasia. Yo heredé de mi madre la capacidad de lucha, pero aquí no hay donde agarrarse», aseguraba Valero. «Desde mi punto de vista, la muerte controlada sería un gran favor».

Poco a poco, Valero encontró fuerzas. "La forma con la que mejor me expreso son los sonidos, por eso me decidí a escribir, porque la pasión de mi madre eran sus hijos y la música; siento que se lo debo y se lo merece". La idea ya estaba lo suficientemente madura cuando llegó el encargo para la Jove Orquestra, de la que es compositor residente, y cuando propuso el tema no hubo problema. "Escribir esta obra no ha hecho nada contra la amarga mezcla de resignación y rabia que va por dentro, pero me ha permitido revivir intensamente innumerables buenos momentos", afirma.

La sinfonía está dividida en cuatro movimientos.

«El primero, el más desgarrado, plantea la cuestión. Es la parte más dura y más disonante, quizá la más compleja, pese a que la obra es muy asequible, según el autor.

La segunda está planteada como una visita al cerebro humano en la que se representan con armonía las conexiones neuronales en normal funcionamiento y los efectos que tienen las placas amiloides y los ovillos que desencadenan la enfermedad.

La tercera parte es la más amable: [Un emocionado recuerdo de cómo eran las cosas, aclara Valero]. Incluye las melodías que su madre apreciaba más, como el adagio de Benedetto Marcello y el primer tema de las czardas de Vincenzo Monti. La memoria lejana es la última que se pierde, y Valero está seguro de que en ese último reducto, las últimas notas que sonaron en el cerebro de su madre fueron las de estas dos piezas. [Valero aclara que la tratado de forma superpuesta y sonadas con un oboe, una trompeta, un fiscorno y un piano], los instrumentos que tocan sus hijos, su marido y el que tocaba su padre.

El tramo final es una referencia a la muerte. La obra está dedicada a su madre, pero también a sus cuidadores, a quienes rinde homenaje por sus esfuerzos y su dedicación. Como su padre. [Hace varios años que ya no sufro por mi madre, sino por él, asegura el compositor]»

Así pues que viva la música, como terapia, como grito juvenil y rebelde, agudo y crispado con tufo a miedo, como mirada y reflexión cadenciosa también con bocanadas de miedo, como himno confraternizador  y multitudinario, o como sinfonía que se adentra en los más profundo como epidemia silenciosa... eso es música, ojalá una de las cosas que más tarden en desprenderse de un cerebro con Alzheimer.

Siempre un entrañable canto llamará la atención en lo más recóndito, y puede que nos lleve de la mano por caminos más serenos...

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Comentarios

Enviado el 11-02-2008 a las 04:09


gracias por la musica

buen articulo ,esperanzador para seguir conectados mas alla del velo de la nada del alzheimer , y enhorabuena por los grupos que reviven cada dia la musica ,y mas en una enf como esta
soy geriatra ecuatoriana y me encantan los articulos expuestos

teresa sanchez



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Fecha
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Mount Sinai School of Medicine - University of Pennsylvania - Massachusetts General Hospital

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