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02-03-2008
Tablero y piezas, ejes de una historia centenaria
“Francisco Benkö tiene 97 años de recuerdos y arrugas hasta en el alma. Sobrevivió a horrores, muertes y persecuciones. En la senectud, sigue aferrado a sus dos nobles pasiones: el ajedrez y la música, en ese orden. Y como bien dijo, es un ejemplo de cómo los tableros y las piezas le han permitido crear anticuerpos contra el Alzheimer. ”
Autor: Redacción La Nación - Argentina
Categoría: Varios
Nacido en Berlín el 24 de junio de 1910, padeció los espantos de la Primera Guerra Mundial; su memoria arrastra postales patibularias de los años de infancia: “Vi cómo el pueblo despedía a los soldados que marchaban a la guerra y también cómo muchos de ellos regresaron mutilados y ensangrentados”, cuenta a La Nacion, con voz aguardentosa, cargada con un acento centroeuropeo que aún conserva.
La vida lo golpeó sin tregua; aprendió a caminar sin el calor de una mano. Sobrevivió a orfandades y prohibiciones tras las muertes de sus padres, Richard Wilhelm –húngaro– y Alice Josephine Helene –austríaca–. “Pasé mucho hambre en mi juventud. Un día llegué desesperado al colegio y me bebí un frasco de tinta de tanta sed que tenía”, dice sin rubores. Antes de cumplir los 40 perdió el brillo de la sonrisa por la falta de calcio en sus dientes.
A los 12 descubrió el ajedrez en la escuela; decidió tomarlo para siempre. “No tenía muchas elecciones para mi futuro; entonces, me decidí por aprender algo que pudiera practicar también de grande. Por eso elegí el ajedrez en lugar del fútbol”. Seis años después, en 1928, le empató una partida al campeón mundial Alexander Alekhine en una simultánea. Sin embargo, ser el primer judío campeón de ajedrez en Berlín lo convirtió en una pieza marcada en el tablero político de la Alemania nazi. “Aún tengo en mis oídos los gritos de Hitler, cuya voz propagaban las radios. Sólo me evadía escuchando melodías de Schubert y jugando ajedrez”, señala.
En 1936 huyó como el verde en otoño de esa férula nazi. Junto a su hermana Anne planeó la fuga hacia Rotterdam, con 10 marcos alemanes ocultos en un juego de ajedrez; allí abordó un barco con destino a Buenos Aires. El peregrinaje incluyó noches de llantos y soledades que se volvieron anécdotas al obtener el primer trabajo. Pese a dominar cinco idiomas, la oferta laboral lo incluyó en tareas de peón de limpieza, portero o mayordomo. Algunos meses después ayudó a que 10 judíos alemanes llegaran al país; les salvó la vida. Uno de ellos, Franzen Buch, su antigua jefa, le juró amor eterno.
Lejos de la primavera del amor, la vida le guardó nuevas peripecias. Su presencia en las salas de ajedrez despertaba rumores; lo tildaron de tener ideales comunistas. Lo excluyeron injustamente. “Me salvó el maestro Roberto Grau, él me acompañó y me hizo socio del Círculo de Ajedrez; gracias a ello volví a jugar y otra vez el tablero fue el refugio y la contención de mis frustraciones”, explica Benkö, que desde hace más de 60 años participa en distintas competencias en el país. Es el ajedrecista en actividad más longevo de la Argentina y uno de los contados casos en el mundo. En un certamen conoció a un ingeniero, Dan Davindsson, que le dio trabajo en la Comisión Nacional de Energía Atómica, en 1966, donde se jubiló como bibliotecario especializado en protección radiológica y seguridad nuclear. El ajedrez, otra vez, le había salvado la vida.
Francisco Benkö, casi con un siglo de vida y marcas a flor de piel; acaso, invisible a los ojos, pero esenciales en la memoria de la humanidad.
La vida lo golpeó sin tregua; aprendió a caminar sin el calor de una mano. Sobrevivió a orfandades y prohibiciones tras las muertes de sus padres, Richard Wilhelm –húngaro– y Alice Josephine Helene –austríaca–. “Pasé mucho hambre en mi juventud. Un día llegué desesperado al colegio y me bebí un frasco de tinta de tanta sed que tenía”, dice sin rubores. Antes de cumplir los 40 perdió el brillo de la sonrisa por la falta de calcio en sus dientes.
A los 12 descubrió el ajedrez en la escuela; decidió tomarlo para siempre. “No tenía muchas elecciones para mi futuro; entonces, me decidí por aprender algo que pudiera practicar también de grande. Por eso elegí el ajedrez en lugar del fútbol”. Seis años después, en 1928, le empató una partida al campeón mundial Alexander Alekhine en una simultánea. Sin embargo, ser el primer judío campeón de ajedrez en Berlín lo convirtió en una pieza marcada en el tablero político de la Alemania nazi. “Aún tengo en mis oídos los gritos de Hitler, cuya voz propagaban las radios. Sólo me evadía escuchando melodías de Schubert y jugando ajedrez”, señala.
En 1936 huyó como el verde en otoño de esa férula nazi. Junto a su hermana Anne planeó la fuga hacia Rotterdam, con 10 marcos alemanes ocultos en un juego de ajedrez; allí abordó un barco con destino a Buenos Aires. El peregrinaje incluyó noches de llantos y soledades que se volvieron anécdotas al obtener el primer trabajo. Pese a dominar cinco idiomas, la oferta laboral lo incluyó en tareas de peón de limpieza, portero o mayordomo. Algunos meses después ayudó a que 10 judíos alemanes llegaran al país; les salvó la vida. Uno de ellos, Franzen Buch, su antigua jefa, le juró amor eterno.
Lejos de la primavera del amor, la vida le guardó nuevas peripecias. Su presencia en las salas de ajedrez despertaba rumores; lo tildaron de tener ideales comunistas. Lo excluyeron injustamente. “Me salvó el maestro Roberto Grau, él me acompañó y me hizo socio del Círculo de Ajedrez; gracias a ello volví a jugar y otra vez el tablero fue el refugio y la contención de mis frustraciones”, explica Benkö, que desde hace más de 60 años participa en distintas competencias en el país. Es el ajedrecista en actividad más longevo de la Argentina y uno de los contados casos en el mundo. En un certamen conoció a un ingeniero, Dan Davindsson, que le dio trabajo en la Comisión Nacional de Energía Atómica, en 1966, donde se jubiló como bibliotecario especializado en protección radiológica y seguridad nuclear. El ajedrez, otra vez, le había salvado la vida.
Francisco Benkö, casi con un siglo de vida y marcas a flor de piel; acaso, invisible a los ojos, pero esenciales en la memoria de la humanidad.
Fuente: La Nación.com
Agenda
6th International Conference on Frontotemporal Dementia
Fecha
03-09-2008 al 05-09-2008
Lugar
Rotterdam - Holanda
Organizado por
Erasmus Medical Center - Dept. of Human Genetics VU Medical Center Amsterdam, The Netherlands
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