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06-04-2008

El Alzheimer y la necesidad de derribar mitos

Autor: Carlos Acosta Rizo


No deja de sorprendernos la cantidad de presunciones, ideas falsas y desconocimiento que aun rodea a la enfermedad de Alzheimer (EA). Cierto es que he dejado de responder de inmediato y a la primera ante una broma de mal gusto sobre pérdida de la memoria, ante el chiste fácil en el que la palabra "Alzheimer" se usa en tono casi burlesco. De todos modos, no puedo dejar ir a aquella persona sin comentarle serenamente que la EA es una enfermedad en todo el sentido de la palabra, y muy dura tanto para quien la sufre en su cerebro, como para quienes la padecen como familiares.

Es verdad que la EA se traduce en demencia, y las enfermedades mentales cargan con un menosprecio social de difícil comprensión, pues nadie quiere sufrir una demencia por gusto, sea cual sea la causa de la misma. El aumento de casos de demencia por factores externos como las drogas, no ha favorecido a mejorar las cosas.

Como hemos comentado en otras ocasiones, los mismos familiares son víctimas de la ignorancia y de las ideas equivocadas. No son pocos quienes aun prefieren ocultar la situación de su familiar, de atribuir su conducta a otras situaciones supuestamente "más naturales" como la vejez o la demencia senil. Lo realmente preocupante es que, ante estas circunstancias, la situación puede traducirse en un inadecuado abordaje de la enfermedad por parte del entorno familiar en detrimento del bienestar del enfermo y de sus cuidadores.

Por estas razones, queremos reincidir en aquellas ideas que se han erigido como mitos en torno a la EA, de tal forma que se brinde la herramienta de la claridad para afrontar lo más adecuadamente posible una enfermedad que requiere de una enorme dosis de entereza y sacrificio, de bondad  y acompañamiento, pero desde la más rotunda claridad.

No toda pérdida de memoria es Alzheimer pero ¡cuidado! Todos sufrimos olvidos que nada tienen que ver con procesos degenerativos del cerebro. En ocasiones, factores temporales como el estrés, el cansancio, la mala alimentación, la falta de sueño, etc., pueden ocasionar períodos en los que se sufran olvidos momentáneos.

También es habitual asumir como normal la pérdida de la memoria a medida que envejecemos y más en la vejez propiamente dicha. Es cierto que con los años se producen algunos cambios en los procesos de la memoria, pero no tienen por qué ser normales y dejarse pasar de largo. Habrá que prestar atención si tales olvidos son continuos, progresivos y, sobre todo, están asociados a otros deterioros de las  funciones cognitivas y ejecutivas como, la disminución de la capacidad de aprender nueva información, la reducción de las capacidades motrices de un manitas, la falta de capacidad de orientación de quien nunca se ha perdido y la simple modificación de hábitos seguidos por años, entre otras.

Así pues, no se puede estar en el extremo de satanizar todo olvido, pero tampoco hay que dejar de prestarles atención. Como en la mayoría de las cosas en la vida, es cuestión de aguzar el sentido común, y descubrir aquellos comportamientos que no son habituales.

La Enfermedad de Alzheimer tiene causas biológicas. El estado del conocimiento de la EA por parte de los investigadores permite saber que la EA es causada por la acumulación en el cerebro de sustancias (proteína TAU y β-amiloide) en forma de placas y ovillos que producen la degeneración y muerte de las neuronas. Las causas primeras por las cuales se producen estos depósitos aun se desconocen, pero la EA es una enfermedad en toda regla y no un "castigo" producto de circunstancias "provocadas" por el comportamiento de quien la desarrolla.

Bajo estas circunstancias, la EA desemboca en la muerte pues produce un deterioro, por la neurodegeneración, de diversas funciones del cuerpo y desencadenando otras enfermedades, algunas de ellas mortales, especialmente relacionadas con insuficiencias de órganos y sistemas. Una persona con EA vivirá un promedio de ocho años a partir de que aparecen los síntomas más claros, pero lel cerebro a comenzado a enfermar (a formar agregados de proteína TAU y β-amiloide) desde tiempo atrás, por ello es tan importante el diagnóstico precoz.  Sin embargo, una detección temprana de la enfermedad no quiere decir que se pueda detener o curar, al menos por ahora.

No solamente nuestros abuelos pueden desarrollar Alzheimer. Es evidente que la edad es el factor de riesgo más importante para el desarrollo de la EA, y que la incidencia es mayor en personas por encima de 65 años. Sin embargo, esta afección se puede presentar en personas de edades menores, incluso en la treintena, algunos asociados a casos hereditarios. La situación de estas personas debe ser uno de los objetivos de atención en los próximos años pues, en la actualidad, no presentan las mejores condiciones de asistencia social, tanto ellos como sus familias que -en la mayoría de las ocasiones- aun dependen de estas personas que se encontraban en plena actividad.

Creer que el Alzheimer es un indicativo o un signo más del hecho de ser anciano es un error muy extendido.

Algunos agentes ambientales pueden producir Alzheimer. En las décadas anteriores a la de 1990 se señalaron algunos agentes ambientales como posibles causas de la EA. Entre tales elementos se encontraban el aluminio (presente en ollas, cacerolas, sartenes hechas con aluminio o desodorantes, antiácidos, etc.). Diversos estudios de investigación hechos al respecto no han logrado demostrar que el aluminio sea la causa de Alzheimer.

Otros factores ambientales que han sido considerados como posibles causantes de la EA están directamente relacionados con los hábitos de vida (tabaco, alcohol, alimentación, dieta). Otros factores ambientales señalados con poca o ninguna certidumbre son aquellos relacionados con la historia médica anterior (como los empastes o amalgamas dentales de plata; los medicamentos o sustancias artificiales (por ejemplo, el uso de estatinas, o el edulcorante Aspartame que han sido considerado como causante de pérdida de memoria pero más de 100 estudios de investigación no han logrado demostrarlo). También están en la mira de los científicos factores como la actuación de los virus como una causa asociada de la EA, la exposición a campos electromagnéticos intensos, y a toxinas del medio ambiente (disolventes, pesticidas, metales pesados, y otros metales), aun en etapas prenatales (lNIEHS de los Estados Unidos (Nacional Institute of Environmental Health Sciences, que hace parte de los Nacional Institutes of Health - http://www.niehs.nih.gov/).  En todo caso, por el momento no hay suficiente evidencia para catalogar y medir la incidencia de agentes ambientales como un factor de riesgo para desarrollar EA.

Otros factores externos que han sido considerados como posibles causantes de la EA (con mayor o menor certidumbre) son las afecciones ocasionadas por traumatismos craneales con pérdida de conciencia temporal (relacionada con la formación de amiloide beta y la inflamación cerebral a su alrededor); factores sociodemográficos (edad, género, etnia y nacionalidad, geografía, medio natural de crecimiento rural o urbano); factores vinculados con las condiciones premórbidas (coeficiente intelectual y capacidad lingüística, nivel educativo o escolarización, reserva cerebral y reserva cognitiva, volumen cerebral, inteligencia y demencia, personalidad premórbida, estrés y depresión); factores relacionados con la historia médica anterior (hipertensión arterial, colesterol, obesidad, cirugía coronaria; empastes); riesgos laborales que produzcan daños neuronales.

Existen tratamientos disponibles, pero no detienen ni curan la EA. Las investigaciones (inhibidores de la acetilcolinesterasa) sobre tratamientos de la EA han permitido desarrollar a la fecha medicamentos con una magnitud de efecto discreta. En general, la expectativa por parte de la familia debe ser la de poder observar un relativo mantenimiento sintomático, más que una clara mejoría del paciente en el transcurso del primer y segundo años de tratamiento.

Por otra parte, existe un amplio arsenal de fármacos específicos dirigidos al control de los síntomas psicoafectivos y conductuales que aparecen en el curso de la EA. Las terapias de estimulación cognitiva también tienen un papel relevante dentro de los tratamientos no farmacológicos. En resumen, no hay ningún fármaco que ralentice ostensiblemente o detenga la enfermedad.

No se puede asegurar que el Alzheimer se puede prevenir. Si bien es muy probable que exista una predisposición genética (no hereditaria) a padecer la enfermedad de Alzheimer, es posible que esta solo se presente gracias a un cúmulo de circunstancias coincidentes. En todo caso, pueden existir factores ambientales que reduzcan el riesgo. Entre ellos se destaca la alimentación. A pesar de que no existan las dietas milagrosas, los beneficios de carácter preventivo que la correcta alimentación provoca en un individuo sano coexisten con los beneficios directos o indirectos de una dieta adecuada a las necesidades del organismo ante el embate de determinadas enfermedades. Especialmente valorada es la "dieta mediterránea, pero, en general, una dieta diseñada para un enfermo de Alzheimer debería contener: Ácidos grasos poli-insaturados (pescados grasos o aceitosos, lecitina de soja, etc.), vitamina B (cereales, frutos secos y huevo), vitamina C (frutos cítricos y vegetales amarillos y naranjas), vitamina E (antioxidante neuronal), vitamina A (anti-degenerativa), selenio (ajos, brécol, coles y champiñones).

El ejercicio físico controlado es una de las actividades más recomendadas para prevenir enfermedades neurodegenerativas, así como enfermedades cardio y cerebro vasculares (ICTUS), y mantener controlada la hipertensión (a la cual se le asocia al desarrollo de la EA).

Revisando la información que se puede encontrar en varios manuales y en la red, así como numerosas noticias aisladas se podría hacer una recopilación esperando diseñar un menú alternativo "Anti-Alzheimer", con vituallas recomendadas en informaciones periodísticas basadas en estudios científicos de mayor o menor rigor, por ejemplo: té verde, aceite de oliva, pescado, vino tinto, algas azules, manzanas, cúrcuma (la principal especia en el polvo de curry), chocolate, frutas, vegetales, granos integrales, y antioxidantes como la vitamina E y el ginkobilova. En resumen, una dieta que permita la ingestión específica de ciertos lípidos aportados por ciertos alimentos. Pero recordad, esta lista no es más que una recopilación de noticias, muchas de ellas han refutadas.

Innumerables alusiones se hacen sobre las supuestas propiedades preventivas de productos tan variados como el pescado, el curry, algunas clases de algas, el vino, etc. Igualmente, se han atribuido beneficios a sustancias como la vitamina E y el ginkobilova.

Finalmente, algunos estudios sugieren que muchas personas mayores que tienen ovillos y placas asociadas con la enfermedad de Alzheimer no experimentan clínicamente el daño cognoscitivo o demencia, gracias a que las redes sociales extensas y estrechas con que cuentan ofrecen una "capacidad protectora de reserva" que impide las manifestaciones clínicas de la enfermedad de Alzheimer.

Las personas con Alzheimer no sienten emociones. Es posible que la neurodegeneración ocasione alteraciones del comportamiento afectivo y emotivo de la persona que sufre EA, pero ello no quiere decir que no sienta, ni que no requiera de estimulación emocional y afecto. Como ya hemos dicho antes, estudios recientes demuestran que tener una red de amigos cercanos y una familia con la que se esté en contacto con regularidad y brinde bienestar, confort, alegría y afecto puede ayudar a disminuir la pérdida de memoria de la enfermedad de Alzheimer (EA), según el estudio realizado en los cerebros de hombres y mujeres mayores para buscar las "Placas" y los "ovillos" que atacan al cerebro de aquellos que sufren la enfermedad. La alegría, la tranquilidad y el amor son, sin lugar a dudas un bálsamo siempre refrescante y el mejor regalo.

Optimismo, pero con los pies en la tierra. En los últimos 10 años la situación en torno a la enfermedad ha cambiado ostensiblemente, especialmente desde el punto de vista social, pero también en el científico-médico. En el último par de años han irrumpido buenas noticias con relación a resultados de investigaciones sobre esta patología. Algunos medios han hecho eco a las opiniones de expertos que señalan que las cosas ya no son como eran ni hace un año, incluso algunos se atreven a predecir tratamientos eficaces para dentro de pocos años, pero cuidado no podemos desbocarnos.

La situación actual, si bien permite valorar positivamente lo logrado hasta el momento y mirar con optimismo el futuro, ello no puede hacernos caer en las falsas expectativas. Que haya situaciones que permitan diferenciar positivamente la situación actual de la de hace una década no es suficiente como para lanzarse a tocar las campanas. La cruda sentencia de que son casi nulas esperanzas de que se consiga encontrar una cura contra la EA de modo que logre cobijar y beneficiar quien está actualmente enfermo nos obliga a ser prudentes.

La buenas nuevas desde el punto de vista médico parten de la culminación, en muchos casos parcial, de estudios que se han iniciado años atrás en la última década. Cada vez hay más piezas en el mecano, y más herramientas para hacerlas encajar. Es tiempo de hacerlo, de hacer combinaciones, de ponerlas en conjunto, de ver si permiten coincidencias que generen certezas y que descubran poco a poco la fatal construcción neuropsicológica y biológica del Alzheimer, y los pasos para luego desarmarla.

Todavía falta un trecho por andar, aunque puede que sea demasiado largo para muchos de nuestros queridos enfermos, y no es cuestión de crear falsas esperanzas, pero es innegable que nos enfrentamos al futuro con un entusiasmo renovado, con optimismo, pero con los pies en la tierra.

Comentario final. La enfermedad de Alzheimer no es un producto normal del envejecimiento.  Es un desorden devastador de las células del cerebro que deteriora memoria, pensamiento, y comportamiento y resulta en la muerte.  El impacto de Alzheimer en individuos, las familias y la sociedad hacen que sea necesario erradicar las falsas ideas, de modo que pueda ser afrontado con la responsabilidad y la seriedad que merece.

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Comentarios

Enviado el 07-04-2008 a las 15:43


Brindarles mis respetos y una palabra de aliento!

No tengo ningun familiar que padezca Alzheimer pero tuve la fortuna de conocer a un sacerdote en el Edo. de Mex. que cuidaba generosamente a una mujer que habia perdido sus recuerdos un dia de hace mucho tiempo... me impacto de sobremanera no solo la magnanimidad del hombre, sino la fragilidad del ser humano ante una enfremedad de esta magnitud.

Comence a investigar y dado que me llevo bien con las letras, comence a escribir. Hoy dia estoy a punto de terminar una novela al respecto, la cual estoy en tratos con el Gob. del edo. de Durango para publicar y desde entonces me suscribi al boletin donde periodicamente los leo.

Esta nota es para saludarlos, brindarles mis respetos y decirles que su trabajo no es esteril, que llega a mucha gente y que con mi granito de arena, espero hacer lo propio.

Carmen Moreno



Enviado el 12-04-2008 a las 13:21


Acerca del autor

Me ha parecido un articulo muy interesante. Es necesario conocer la enfermedad. No siempre el médico tiene la habilidad de comunicar al enfermo algo tan importante para él como es como evolucionara su propia salud. Se ha de tener en cuenta que entre el fatal diagnostico y el deterioro mental hay un periodo de tiempo en el que el enfermo tiene derecho a conocer y a decidir. Cualquier otra interpretación deberia hacerla el propio enfermo, la persona mas cercana o alguien en quien el propio enfermo ha decidido confiar. Seguramente cada caso sera diferente. El caso se agudiza cuando la EA afecta a personas mas jovenes que han visto a familiares que han sido victimas de la misma enfermedad.
Por cierto, me gustaria que indicaran que titulacion le corresponde al autor del articulo y su actividad profesional actual en relacion con la EA.

D.O.P.


Atendido por: Mariona de Torres - Gestión de contenidos


Muchas gracias por sus comentarios. Atendiendo a su petición, le informo que Carlos Acosta es geólogo (especialista en Ingeniería Geológica y  Geotecnia). Máster en Comunicación Científica (especialista en Medio Ambiente, Biotecnología y Medicina). Msc en Historia de la Ciencia. Doctorando. Investigador CEHIC-UAB.

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Neurodegenerative Diseases: Biology & Therapeutics

Fecha
04-12-2008 al 07-12-2008

Lugar
Cold Spring Harbor Laboratory - NY - EE.UU.

Organizado por
Mount Sinai School of Medicine - University of Pennsylvania - Massachusetts General Hospital

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