Artículos
05-05-2008
Pinturas teñidas de demencia y Alzheimer
Autor: Carlos Acosta Rizo
En la columna de "pendientes" de la agenda de la Redacción de Magazín Alzheimer figuraba "pintura y Alzheimer" para indicar la intención de publicar un artículo sobre esta relación, bien desde la perspectiva de quienes siendo artistas (esencialmente pintores) han desarrollado el Alzheimer, o bien desde la utilización del arte como terapia para quienes desarrollan la enfermedad.
En el área de prensa de familialzheimer.org se ha reproducido el pasado mes de abril un artículo de Anna Grau (ABC.es) titulado "La locura que alumbra al artista", extractado a su vez de una noticia del New York Times. La trascripción de este artículo nos indica que es el "momento oportuno" de enfrentarnos a la tarea de borrar de la lista de pendientes el artículo que teníamos en mente, y colocar en la de "publicados" el título Pinturas teñidas de Alzheimer.
La decisión está orientada a ofrecer la perspectiva de quienes siendo artistas (esencialmente pintores) han desarrollado el Alzheimer, y sobre todo, lo que algunas de sus obras han podido aportar a conocer el desarrollo de la enfermedad y la transformación de la percepción del mundo por parte de ellos. La visión de la utilización del arte como terapia para quienes las desarrollan no será abordada en este artículo, sino que se hará en un número siguiente de este boletín.
En el artículo de ABC al que hacemos mención se comenta que Anne Adams (1940-2007; física, química y Doctora (PhD) en Biología celular), quien siempre había sido aficionada a la pintura como hobby llegaría a pasar gran parte de sus días dedicada a esta actividad, pintando denodadamente y dejando un legado fabuloso hasta que perdió la capacidad física de sostener un pincel. Hasta aquí nada excepcionalmente particular, pero la historia cobra matices si se agrega que optó por la pintura como profesión cuando en 1986 decide dejar de ser profesora de la University of British Columbia para dedicarse al cuidado de uno de sus hijos, seriamente afectado por un accidente de coche a quien se le anticiparon años de recuperación.
La inesperadamente rápida recuperación de su hijo conspiró contra la decisión de Anne, quien finalmente resolvió continuar con la pintura. Producto de ello, realizó muchas exhibiciones públicas y privadas desde 1987. Los temas de la pintura de Anne eran paisajes de calles y fachadas de edificios, criaturas marinas, paisajes abstractos, interpretación abstracta de la música, diseños históricos basados en imágenes como las que se aprecian bajo el microscopio, ilustraciones botánicas, jardines, obras coloridas y luminosas (para ver algo de la obra de Anne Adams en http://members.shaw.ca/adms).
Pero si algo realmente hace que la historia de Anne cobre un tono más intenso aun es que la científica-pintora fue diagnosticada con un tipo de demencia causada por la neurodegeneración de los lóbulos frontales del cerebro, tiende a ser erróneamente diagnosticada como enfermedad de Alzheimer (EA).
Desde finales de la década de 1990 Anne empezó a notar alguna dificultad para hablar, especialmente en para encontrar palabras. Como la situación empeoró, ya hacia inicios de 2002 se hizo evidente para su familia que algo no andaba bien, de modo que se la sometió a una revisión médica que le diagnosticó Afasia Progresiva Primaria (PPA de sus iniciales en inglés). La demencia progresó hasta el estado en que para Anne era muy difícil comunicarse oralmente o por escrito y presentaba dificultad para entender la comunicación de los otros. En 2004 el diagnóstico de PPA fue confirmado y finalmente murió en 2007.
Pero lo más notable es que la obra artística de Anne no sufrió en lo más mínimo durante este tiempo, por el contrario pareció incrementarse, adquiriendo formas especiales. Fue como si la mente de Anne hubiese encontrado refugio en el arte ante el acoso de la demencia frontotemporal que la afectada (por neurodegeneración de los lóbulos frontales) en una variedad que desarrollaba la precoz destrucción de las estructuras del lenguaje, y que también tiene algunos síntomas comunes con la enfermedad de Alzheimer (EA), que incluyen merma de facultades intelectuales y expresivas, cambios súbitos de humor, de la personalidad y del carácter.
Pero el caso de Anne no se destaca por ser el primero o el único. En su día lo padeció, por ejemplo, Maurice Ravel, el autor del célebre Bolero. Bruce Miller, neurólogo y director del Centro de Memoria y Edad de la Universidad de California en San Francisco, no le sorprende en absoluto que a partir de cierto momento Anne Adams se obsesionara con la música de este compositor y le dedicara un cuadro entero, que pretendía ser una expresión pictórica del Bolero, que se caracteriza «por ser un ejercicio compulsivo de perseverancia en una estructura», según el Dr. Millar, es la obra de una mente enferma que se aferra a una pauta conocida para mantener el control... y lo consigue. La obra fue compuesta cuando la demencia frontotemporal empezaba a afectar su capacidad para retener el lenguaje musical de Ravel
El paralelo con lo ocurrido a Anne Adams es notorio, pues ella empezó pintando las casas donde vivían sus vecinos en Vancouver y acabó con composiciones abstractas extremadamente compulsivas, estructuradas y repetitivas. Y a la vez envolventes y fascinantes, como el «Bolero» de Ravel. Los cerebros enfermos de Ravel y Adams acudieron al arte casi como reacción ante la enfermedad, y en el arte encontraron que sus mentes eran un poco más espontáneas y creativas, a pesar de las inhibiciones propias que genera la enfermedad.
Científicamente, se ha interpretado que al debilitarse las áreas del cerebro más vinculadas a unas facultades, se fortalecen otras. Según el artículo del ABC, «la demencia condicionó la música de Ravel, orientándola hacia pautas más compulsivas, en el caso de Anne Adams supone un salto de eje total: una mente que era esencialmente científica salta a una visión artística del mundo. Es el caso contrario de artistas que sufren una lesión en las regiones dorsales de su cerebro y pierden facultades relacionadas con el espacio y la plasmación plástica. A Adams le sucedió exactamente lo opuesto [...] Una mente que estaba acostumbrada a operar al máximo nivel, a funcionar con exigencia científica, se encuentra de pronto imposibilitada para hacerlo y, por instinto biológico, "busca" otra vía por donde dar salida a su empeño de excelencia. Hace inventario de posibilidades y descubre que el camino es la pintura», fantástico ¿no creéis?
Como podéis ver, el artículo de ABC también ha marcado el rumbo definitivo de nuestro artículo desde la perspectiva de quienes siendo artistas (esencialmente pintores) han desarrollado demencia o Alzheimer. Ello nos ha llevado a buscar otros casos de pintores que han enfermado de demencia y que hayan sido reseñados en los últimos años, especialmente en la Red. La búsqueda no estuvo orientada a encontrar "casos" de manera amarillista, sino a intentar extraer de ellos esencias científicas y personales como las de Anne Adams.
Uno de ellos fue el del pintor norteamericano William Utermohlen a se le diagnosticó Alzheimer en 1995, cuando tenía 62 años, a pesar de lo cual, y hasta 2001 el hombre siguió pintando, haciendo lo que sabía y le gustaba, pero que además utilizándolo como herramienta para luchar contra la EA. Así lo señaló su esposa Patricia al decir que, "en 1995 supo que tenía Alzheimer y decidió trazar el camino de la enfermedad en su cerebro mediante la producción de autorretratos."
Por aquella época se empeño en pintar autorretratos con rostros difusos, desteñidos, desdibujados en algunos de los cuales solo se advierte una mirada perdida o interrogante, algunas coloridas y otras solo en blancos, negros y grises (para ver algunos autorretratos ir a http://www.37signals.com/svn/posts/81-william-utermohlens-self-portraits).
Tales obras, propias del talento creador de alguien para quien la pintura había sido una forma de expresarse desde que era pequeño, también son el reflejo de lo que pasa en el cerebro de William, y por ello investigadores del Hospital Nacional de Neurología y Neurocirugía de Londres intentaron estudiar en ellos las marcas que la EA imprimen a nivel cerebral.
El estudio de las obras de Utermohlen, cuando este pasaba por la primera etapa de la enfermedad, no solo fueron con base en obras escogidas con aleatoriedad de su colección, sino que se basó en obras que los investigadores le pidieron que pintara expresamente.
Según un artículo publicado en BBCMundo.com (29 de junio de 2001), la obra del artista plástico ha dado los investigadores «una pintura de cómo esa enfermedad afecta al cerebro [y documentando] la progresión del Alzheimer de modo esclarecedor», y que se evidencia en el deterioro cognitivo, la pérdida de la capacidad de abstracción y de destrezas gráficas, las dificultades en la percepción espacial, el desconocimiento progresivo de la figura humana y de la propia imagen.
Según palabras publicadas en The New York Times el Dr. Bruce Miller, de quien nos habíamos referido arriba para el caso de Anne Adams, "en las obras de William vemos como las pinturas [que antes eran figurativas] van perdiendo realidad, se vuelven surreales, más abstractas y carecen de profundidad y detalles». Su esposa señaló la creciente dificultad de William para reproducir su imagen reflejada en un espejo, y agrega que, «los detalles en sus cuadros se desvanecen, sólo hay que observar su primer autorretrato en 1967 y compararlo con el que pintó en el 2000, cinco años después de ser diagnosticado con la enfermedad, todo es plano, no existen dimensiones, su rostro se perdió entre sus neuronas dañadas".
Finalmente, el análisis demostró que se mantenía la capacidad de trazar brazos y piernas, aunque en una posición inexacta. También se mantuvo en el pintor la capacidad de reconocer que había un problema en sus cuadros, aunque no podía especificarlo ni remediarlo.
Estudios de otros investigadores, Martin Rossor y sus colegas del Hospital Nacional de Londres, también indican que el deterioro de los rasgos peculiares de la producción artística de una persona aquejada de Alzheimer puede asociarse con el declive cognitivo y la progresión de la enfermedad.
Para ello se basaron en el estudio que durante cinco años analizó las obras de 66 artistas, y se comparaba el deterioro cognitivo de los pacientes y el cambio que experimentaban sus creaciones en relación a las primeras obras. Entre los artistas estudiados se encontraba Willem De Kooning, pintor holandés considerado por muchos como uno de los precursores del expresionismo abstracto a quien se le diagnosticó EA en 1989, año en que su pintura empezó a perder coherencia.
Según Rossor, «la rapidez y extensión de las transformaciones que experimentan las pinturas de las personas como consecuencia de la enfermedad son indicativo del proceso que sufren, y es especialmente relevante en los más jóvenes». En un periodo de cinco años, se observó la evolución negativa de la calidad de los trabajos del autor holandés. «Hay una clara evidencia del declive que experimenta la capacidad de representación espacial y las características de los objetos representados, sus proporciones y perspectivas», aseguran los autores del informe, reseñando en Diario Médico.
Entre otras peculiaridades, se constató que los trazos de De Kooning se volvían menos nítidos, lo que evidencia la dificultad que tenía para percibir correctamente las estructuras y las relaciones espaciales entre los objetos. Transcurridos cuatro años desde el comienzo de la investigación, se constató el deterioro de la capacidad visual del artista y sus dificultades para poder establecer puntos de localización. El deterioro de la habilidad para ubicar los objetos en el espacio es el cambio más importante que sufren estas personas.
Otro estudio realizado por los doctores K. Maurer y D. Prvulovic (del Department of Psychiatry and Psychotherapy, University Clinic of Frankfurt, Germany), concluyó que las personas que sufren Alzheimer han incrementado sus dificultades de orientación espacial y, a menudo, fallan en reconocer realidades básicas e incluso a sus familiares más cercanos. Estos síntomas apuntan a un deterioro severo en las labores cotidianas y finalmente a la dependencia total.
En su informe (publicado en Journal of Neural Transmission, marzo de 2004), los investigadores presentaron el caso de Carolas Horn, un famoso artista alemán afectado de Alzheimer. Los análisis cualitativos y cuantitativos de los cambios en su trabajo artístico durante la progresión de la enfermedad ofrecen una impresionante visión del mundo visual de Horn y la forma en que es cada vez más afectado por interpretaciones erróneas, alucinaciones, errores espaciales y cambios de percepción de color en el transcurso de la enfermedad.
La verdad es que apreciando algunas obras de Utermohlen o Kooning parece que también a ojos de legos evidencian la afección de la EA. Lo verdaderamente inquietante es que, como en los casos de Ravel y Anne Adams, Utermohlen o Kooning mantuvieron viva la capacidad de relacionarse con el arte a pesar de sus cuadros de demencia, quizá producto de que el deseo y la habilidad de pintar persistieron hasta un punto muy superior que en otras personas afectadas por la enfermedad.
Las historias de Ravel, Adams, Utermohlen, De Kooning y Horn tienen la ambivalencia de la desgracia de la enfermedad y la hermosura de la producción artística, además la de lucha de la mente por auto-mantenerse o auto-regenerarse en medio de la enfermedad. Son un ejemplo de la continuidad del arte, aun cuando la demencia o el Alzheimer habían deteriorado sus destrezas más preciosas. Sus obras ofrecen un testamento de la resistencia de la creatividad humana, y representan a muchas personas, artistas o no, que le plantan cara a la enfermedad utilizando hasta último momento sus habilidades, en una lucha que, lamentablemente, aun no podemos declarar, al menos, igualada.
Agenda
Conferencia Bienal Barcelona-Pittsburgh
Fecha
21-05-2008 al 23-05-2008
Lugar
Auditorio AXA
Organizado por
Fundació ACE. Institut Català de Neurociències Aplicades - University of Pittsburgh








