Editorial
07-06-2007
Alzheimer: entre el pesimismo, el alarmismo y la sensatez
Autor: Carlos Acosta Rizo
Desde Magazín Alzheimer (MA) hemos querido seguir la línea de revelar la paleta multicolor que conforman las diferentes informaciones que sobre las enfermedades neuro-degenerativas (especialmente la enfermedad de Alzheimer, EA) aparecen en los medios de comunicación.
En estos días se han agudizado una controversia que merece que nos ocupemos de ella en este boletín. Tiene que ver con las posiciones contradictorias de autoridades, expertos y el público en general (esencialmente enfermos y familiares de enfermos) entre el optimismo y el alarmismo con relación a la vejez, las demencias y otras enfermedades que generan incapacidad, y que se presentan en la última fase de la vida humana.
A partir de las noticias y artículos revisados en los últimos meses se aprecia como las posiciones son variadas y pueden llevar de un extremo a otro, generando un ambiente confuso y difícil de interpretar.
Una estadística pesimista y mal interpretada
Por ejemplo, de los pasados meses de marzo, abril y mayo destacamos tres noticias que, indudablemente, apuntan hacia el pesimismo. Una de ellas señala que las autoridades sanitarias españolas estiman que, de no encontrarse un tratamiento eficaz, en los próximos 25 años la cifra de enfermos de Alzheimer en España crecerá un 75% (recordemos que actualmente se calcula que en este país hay unas 400.000 personas afectadas por la EA) con significativos problemas sanitarios y económicos derivados de ello.
Otra noticia reseña que en el primer Simposio Barcelona-Boston sobre los últimos avances y tratamientos para la EA, los especialistas participantes señalaron que si la enfermedad no se diagnostica a tiempo puede comportar graves consecuencias y convertirse en una epidemia, ya que aun no existe un tratamiento eficaz para prevenir o detener la afección.
En un tono similar, la Asociación Estadounidense de Alzheimer ha estimado que 500.000 nuevos casos serán diagnosticados en Estados Unidos a partir de 2011, cuando 78 millones de personas nacidas después de la Segunda Guerra Mundial alcancen 65 años, la edad umbral media del inicio de aparición de los síntomas de la EA. Se estima que para 2030 podría haber 8 millones de casos contra los 5 millones actualmente. En el mundo, la cantidad podría pasar de 24 millones actualmente a 42 millones en 2020 y 81 millones en 2040.
Esta Asociación ha hecho un contundente llamado al gobierno Federal para que incremente significativamente el presupuesto público dedicado a la investigación de la EA. Esta demanda, que apunta a la duplicación de las inversiones, se basa en consideraciones como la que indica que la enfermedad «podría convertirse en una epidemia que arruine los sistemas de seguros de salud», y obviamente, los sistemas de salud pública (como los europeos).
Es muy posible que las motivaciones de las informaciones anteriores no sean ocasionar un ambiente pesimista, sino que simplemente correspondan a estrategias que, apoyadas en proyecciones estadísticas, busquen una motivación extra para el fomento de la investigación científica y médica con relación a las enfermedades que aquejan al segmento de más edad de la población mundial, especialmente en relación con las demencias.
Sea cual sea el objetivo de las informaciones que arrojan datos pesimistas y dibujan futuros poco alentadores, no parece justo condenar a la humanidad que vive por encima de los 65 años a ser vista como una carga, y al resto a sufrir con el miedo de vivir en la vejez (quizás hasta 20 y 30 años más por encima de los 65, ver artículo http://www.familialzheimer.org/prensa/articulos/ver/2761) solamente basados en la premisa de un supuesto esfuerzo económico y social insostenible.
Mucho menos resulta sensato que la premisa del futuro "insostenible" se base en estadísticas que no pueden modelar la realidad futura, pues solo corresponden a proyecciones y no a pronósticos. El futuro no será solo producto de las extrapolaciones de datos del presente, sino de transformaciones y adaptaciones que no son fáciles de anticipar y pronosticar. Un futuro modelado con base en proyecciones, tan solo podría coincidir con la realidad en el caso de que todos los elementos actuales se conservasen intactos y únicos en el tiempo (algo poco probable). Por ello, el ir y venir de cifras que nos agobian con un sino trágico no son sino extrapolaciones (válidas y orientadoras) pero en ningún caso realidades anticipadas o revelaciones.
El alarmismo
Lamentablemente, a los limitados números de la estadística de proyecciones, se unen las palabras, aun más peligrosas, que añaden el ingrediente del alarmismo al cóctel informativo referente a la vejez, las demencias y la dependencia.
Tal es el caso de los titulares aparecidos en periódicos británicos como: «La demencia, una bomba de relojería», «El país se asoma a la crisis de la demencia», «la bomba de relojería de la demencia costará un millón al NHS».
Peor aun, hay medios que utilizan el alarmismo, disfrazado de uso inteligente del periodismo y la ciencia, como estrategia publicitaria. Es así como falsos titulares, de una falsa portada de un diario gratuito de España, anuncian como aliciente para adquirir un sistema de aire acondicionado lo siguiente: «La ciencia prevé más casos de pérdida de memoria este verano» o « ¿Estamos mutando? ...la raza humana está evolucionando hacia un híbrido de atún. Los seres humanos tendrán memoria de pez en muy poco tiempo».
Desde Magazín Alzheimer abogamos por una comunicación creativa y reflexiva alrededor de la EA y otras enfermedades, así como sobre la ciencia en general. Por ello consideramos desproporcionado y contraproducente el uso alarmista, amarillista o incluso comercial de la enfermedad (ver artículo 3 de este boletín).
Todas estas formas de comunicación tienden a la utilización y acrecentamiento del miedo y del temor al futuro, basados en la aceptación inequívoca de la relación vejez = consecuencias negativas que tan solo cabe soportar como se pueda.
La sensatez
La Sociedad Británica para el Alzheimer (SBA) publicó un informe sobre demencia en el Reino Unido que, como en los casos arriba reseñados (España y Estados Unidos), involucró la frecuencia y el coste causado por esta enfermedad, a la vez que reafirma a la demencia como una de las principales causas de discapacidad en la parte final de la vida humana.
Hasta aquí, nada nuevo. Sin embargo, el informe de la SBA apunta a que la ansiedad sobre el impacto social y económico del envejecimiento es injustificada, y no deja de ser una paradoja cuando vivimos el momento de la historia humana con mayor probabilidad y mejor calidad de vida durante la vejez (al menos en los países más desarrollados económicamente).
Quizás sea entonces el momento de reevaluar, en parte, la relación vejez = consecuencias negativas, y ofrecer a la humanidad una perspectiva nueva, nuevos factores a la ecuación, renovar una idea perdida y más realista de la vejez (que quizá ya tuvimos en el pasado), algo más que la decrepitud y la enfermedad. Quizá sea el momento de ofrecer herramientas novedosas y diferentes a la ansiedad, el miedo y la resignación como elementos de transformación y adaptación a la vejez.
Investigación y positivismo para una vida mejor
Tanto las autoridades españolas, como las asociaciones estadounidenses y el informe de la SBA coinciden en destacar la importancia de afrontar el reto del diagnóstico precoz y preciso, y un tratamiento eficaz, basado en «una mayor investigación científica», como respuesta a la proyección de cifras desbordadas y panoramas apocalípticos.
Es obvio que es prioritario que los sectores públicos y privados se den cuenta, en justa proporción, que el aumentar el apoyo a las investigaciones sobre las demencias podría hacer que en el futuro resultaran desproporcionadas las proyecciones hechas para predecir las personas mayores dependientes y todas las consecuencias sociales de ello. Ojala así fuera, pero mientras ello ocurre no podemos martirizar a la humanidad con la terapia del miedo.
La consecución de un futuro mejor para las personas mayores (que al final seremos casi todos), no es solo cuestión de números que modelan la percepción estrecha y parcialmente errónea que del envejecimiento tenemos ahora (principiando el siglo XXI) como algo indefectiblemente "terrible".
El reto de modificar la imagen de una sociedad triste, derrotada y arruinada por la vejez, por una más realista, pasa por lograr que muchos de nuestros mayores estén lo más sanos posible, activos y felices, con los ojos abiertos al mundo, interesados en lo que pasa a su alrededor, protagonistas del presente y no solo como testigos del pasado, consumidores de recursos.
Las estrategias para lograr que el futuro no sea tan ruinoso como las proyecciones nos quieren hacer ver (sin disimular las necesidades existentes), no solo pasa por el pesimismo, la ansiedad y el miedo como estrategias para estar preparados. También pasa por ser positivos, por celebrar el posible centenario de nuestros familiares, amigos y quizá el nuestro. Positivos vislumbrando estrategias para aunar los esfuerzos individuales, colectivos, sociales e institucionales que permitan incluir a los mayores de 65 años en el sistema social, respetando sus derechos y valores fundamentales para que sean capaces de disfrutar, intervenir y, sobre todo, contribuir en la sociedad, y dejen de ser un número más de la estadística proyectista y pesimista.
Comentarios
Enviado el 08-06-2007 a las 15:43
pesimismo y alarmismo
iveth mendozA
Enviado el 20-04-2008 a las 12:34
¡¡¡¡PROYECCIONES!!!
mARGARITA DE MELLO
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Agenda
Neurodegenerative Diseases: Biology & Therapeutics
Fecha
04-12-2008 al 07-12-2008
Lugar
Cold Spring Harbor Laboratory - NY - EE.UU.
Organizado por
Mount Sinai School of Medicine - University of Pennsylvania - Massachusetts General Hospital








