Entrevistas
10-05-2007
"El alzheimer y la patología vascular deben ser tratados conjuntamente"
“Entrevista V. Hachinski, dpto de Neurología de la Western Notario University London (Canadá) ”
Autor: Eva Sacristán
Categoría: Alzheimer
En los últimos años cada vez hay más estudios que demuestran los puntos de encuentro entre la demencia vascular y la enfermedad de Alzheimer (EA) y hacen necesario un nuevo enfoque diagnóstico y terapéutico, y medidas preventivas que reduzcan la incidencia de la patología cerebrovascular, y eviten nuevos casos de demencia. Ésta fue una de las conclusiones de la II Jornada de Actualización de Demencias, celebrada en el Hospital La Paz de Madrid y en la que participó el neurólogo Vladimir Hachinski, del Departamento de Neurología de Western Ontario University London (Canadá).
Usted es pionero de la teoría que pone énfasis en el efecto sinérgico de los factores de riesgo vascular y neurodegeneración en la patogenia de la demencia...
La enfermedad cerebrovascular y la EA tienen factores de riesgo comunes, y por tanto el tratamiento debería ser coordinado y precoz, ya que hay evidencias de que si tratas factores de riesgo como la hipertensión se puede, si no prevenir, sí demorar la EA. Hay que cambiar de enfoque. Primero, de la intervención tardía, que es lo que hacemos ahora, a la precoz. Segundo, cambiar el hincapié del tratamiento a la prevención. Y tercero, desarrollar un enfoque global que prevenga o demore ambas patologías, ya que la cerebrovascular y la EA ocurren en el mismo cerebro al mismo tiempo.
¿En qué evidencias se basa esta teoría?
El más contundente en este ámbito es el llamado ‘estudio de las monjitas’. Eran religiosas que donaron sus cerebros al morir, y se vio que el 57 por ciento tenía diagnóstico patológico de EA (tenían placas, ovillos y manifestaciones cognitivas en vida). Pero si, además, tenían un infarto cortical, entonces el 75 por ciento tenía demencias. Y si, además, tenían uno o dos pequeños infartos lacunares, entonces el 93 por ciento tenían manifestaciones demenciales.
Mis colegas y yo hemos creado un modelo en ratas que reproduce los resultados de este estudio. Primero los roedores deben a aprender a escaparse; les lleva un tiempo lograrlo, pero si repetimos la prueba semanas después lo recuerdan muy bien. No sólo aprenden, sino que tienen memoria. Luego le inyectamos beta amiloide y vemos que tienen dificultad en aprender y en recordar. Si después reproducimos un infarto lacunar, no les afecta ni al aprendizaje ni a la memoria, pero si lo combinamos con la beta amiloide tardan mucho más en aprender a escapar y recuerdan mal cómo hacerlo a la semana, peor en dos y pésimamente a la tercera o cuarta. Es muy parecido a lo que les pasa a los enfermos.
También hemos demostrado que esto es una gran reacción inflamatoria, con activación de las microglías, y que es bilateral, especialmente en el hipocampo y las áreas CA1 y TAU, precisamente las partes del hipocampo relacionadas con el aprendizaje y la memoria. Lo más interesante es que dándoles un antiinflamatorio se pueden prevenir estos cambios, lo que establece una base científica para ensayar diferentes tipos de antiinflamatorios e intentar reducir el impacto del infarto cerebral en medio de la proteína amiloide, que es muy prevalente en los ancianos.
¿Qué implicaciones diagnósticas tiene esta asociación de patologías?
Hemos publicado unos estándares mínimos para quienes estudian enfermos con trastorno cognitivo, pautas de cómo hacer las resonancias magnéticas, etc., que pueden aplicarse a pacientes que tengan EA, patología cerebrovascular o combinación de ambas. Así, se desarrollan criterios provisionales, se verifican simultáneamente en los mismos enfermos y se ve cuáles funcionan mejor en relación a la evolución de éstos. Y es que, hoy en día, ni los criterios para demencia vascular ni los de EA funcionan bien, están muy obsoletos: los de EA tienen más de 25 años y los de vascular nunca han funcionado porque se asumía que tenía que haber un trastorno de memoria, que no es lo adecuado en los trastornos cognitivos, y sí un trastorno de función ejecutiva.
Y en tratamiento ¿cómo modifica las pautas actuales?
Hay tres tipos de fármacos que ayudan sintomáticamente a los pacientes de EA y enfermedad con componente vascular, que son las anticolinesterasas, la galantamina y la memantina. Son tratamientos necesarios, pero si queremos “impactar” sobre la gran epidemia del problema cerebrovascular y demencial, la clave es la prevención.
¿En qué trabaja actualmente?
Hay tres abordajes coordinados. Uno, aprovechando que tenemos datos de 10.000 personas del estudio de envejecimiento cerebral canadiense, estamos explorándolos con técnicas innovadoras de dating mining y vamos a generar más hipótesis y preguntas porque hay más conocimiento desde que se terminó ese estudio. Además, hay una colaboración con el estudio de Framingham, que tiene información genética de 9.000 sujetos, con lo que podremos verificar nuestras hipótesis.
Otra parte del estudio es el modelo que acabo de describir.
Y el tercer componente deriva de una forma cuantitativa de explicar la aterosclerosis carotídea en cuanto a los factores de riesgo desarrollada por un colega. Resulta que la mayoría de los enfermos tienen tanta aterosclerosis como pueden predecir los factores de riesgo, pero algunos tienen más de lo esperado porque tienen factores de riesgo adicionales, mientras otros tiene bastantes factores de riesgo pero no mucha aterosclerosis, lo que indica que tiene factores protectores. Mis colegas van a estudiar los extremos para identificar genes nuevos que indiquen un riesgo adicional o atenuado.
Fuente: websalud.com
Agenda
Alzheimer's Association. International Conference on Alzheimer's Disease 2008
Fecha
26-07-2008 al 31-07-2008
Lugar
Chicago. EE.UU,
Organizado por
Alzheimer's Association








