Entrevistas
28-09-2007
El 9% de la población sufre alguna limitación
“Tomás Castillo—Ponente de la Ley de Dependencia—”
Autor: julio a. rodríguez
Categoría: Dependencia
Encontrar una persona que lleve 30 años ligada al apoyo de discapacitados en España y que no sea minusválido es tarea complicada. Tomás Castillo Arenal, es licenciado en Psicología por la Universidad Pontificia de Salamanca desde 1979 y desde hace 25 años invierte su tiempo en la Asociación Servicio de Educación Especial de Torrelavega y su Comarca, (AMICA). Su dedicación a la educación especial y a asesorar a discapacitados le ha valido el reconocimiento nacional al ser invitado por el Congreso de los Diputados a comparecer en la Comisión de Políticas de Discapacidad al objeto de informar sobre la ley que regula la situación de dependencia. Tras recoger un premio a la innovación en la superación de la discapacidad, de manos de su majestad la Reina, llega a Marbella a presentar su libro ‘Déjame intentarlo’.
—¿Qué quiere tranmitir con su primer libro ‘Déjame intentarlo’?
—Lo que quiero presentar con este libro es la experiencia que he recogido de convivir con personas con discapacidades en 25 años que llevo dedicado a este tema. Me ha enseñado tanto a entender la vida que me ha parecido que era importante transmitirlo. El libro trata de trasladar la idea de que la discapacidad no es algo que ocurre a algunas personas sino que cada persona vamos a conocer la discapacidad a lo largo de la vida. Esta idea clave de que la discapacidad no es algo ajeno a nuestra existencia me parece que es muy importante comunicarlo, preparar a la sociedad para que sea más capaz de albergar a las personas que tienen una discapacidad o a nosotros cuando las tengamos.
—Habla de recoger experiencias, ¿con cuántas personas con discapacidad ha tenido contacto directo?
—Me siento con el privilegio de conocer a unas 4.000 personas con discapacidades. Hemos trabajado con ellos en AMICA y me han dado la oportunidad de conocer la naturaleza de las limitaciones humanas como algo común a todo. He visto tantas personas con discapacidades, pero felices... Con discapacidades pero llenas de capacidades y de posibilidades en la vida. He visto niños que si desde pequeños se les dan oportunidades han crecido y están haciendo una vida como cualquier otro adulto. Es una propuesta de que veamos la discapacidad de una forma más imaginativa.
—¿Cómo debemos entender una discapacidad?
—Yo comparo la discapacidad con la enfermedad. Nadie obvia que la enfermedad es algo común a todos pues la limitación es consustancial a nuestra existencia. Esta perspectiva cambia las cosas, de que hagamos políticas para proteger a algunas personas.
—Ya que comenta la política que debemos hacer con estas personas, tenemos un ejemplo muy reciente, la ley de dependencia. ¿Con qué vicios cree que nace esta normativa?
—El primer vicio es que no se llama ley de dependencia sino ley de promoción de la autonomía personal y atención de las personas en situación de dependencia.
Yo propuse que se llamara de autonomía personal y el gobierno aceptó ese cambio. Eso supone que el desarrollo de la ley debería tener un contenido fundamental de invertir en lo que supone la prevención, es decir, trabajar para la vida activa y dinamizar la vida de nuestros mayores para evitar que la dependencia se manifieste de forma temprana y aguda. No entiendo que se priorice el concepto de dependencia sobre el de autonomía, las políticas de atención a la dependencia sobre el de promoción a la autonomía, es un hándicap con el que la ley nace.
—¿Considera que los presupuestos liberados para la ley están bien repartidos?
—Lo cierto es que lo que se está haciendo es evaluar las situaciones de dependencia y ahí es donde se va a destinar el presupuesto.
Por eso pregunto yo ahora dónde está el presupuesto de promoción de autonomía personal que es clave. Es cierto que hay que tener hospitales para enfermos pero no es menos importante tener vacunas para los niños y prevenir en general que la situación de dependencia sea tan prematura como estamos experimentando.
—¿Puede afectar la ley de manera negativa a las residencias?
—No creo que vaya a afectar en absoluto. Posiblemente nos encontremos con un escenario en el que haya más plazas de las que tenemos en este momento con toda seguridad. Lo que promulgamos es que desarrollen servicios dentro de la comunidad para que puedan seguir haciendo la vida que siempre han llevado. Junto con sus vecinos, familiares, sobre todos junto con sus recuerdos y con su vida personal. Cuando uno es joven piensa mucho en el futuro; cuando uno es mayor vive con sus recuerdos porque es su vida. Muchas veces pensamos que las personas estarán mejor en otro lugar más atendidos pero si a esas personas las desarraigamos de sus recuerdos, su red de relaciones sociales, su vecindario, les estamos quitando la esencia de su vida.
—¿No cree en las residencias como el primer recurso para personas de avanzada edad dependientes y sin familia?
—Hay muchos mayores que por buscar esta solución se nos deprimen. Cuando le cambiamos de lugar las desorientamos por lo que hay que promover la autonomía personal. ‘Llevar la misma vida que siempre han llevado’, ese es el lema. Es más enriquecedor para la persona, más barato y socialmente más humano porque no desarraigamos a las personas de su entorno.
—Realmente, ¿apoyamos como se merece a las personas con algún tipo de discapacidad?
—Yo creo que no, las apoyamos porque como los vemos distintos los situamos en un grupo de diferentes. Establecemos una barrera mental. Si vemos a una persona que está con muletas pensamos que no puede hacer nada. Tenemos demasiados estereotipos. Cuando a una personas la situamos en un grupo diferente le pedimos que se integre en la sociedad, en la escuela, laboralmente, pero se lo ponemos muy difícil. Esto con frecuencia es dramático. Luego lo ves como una persona como cualquier otra y lo demás es más sencillo, ya no necesitaré tantos apoyos, sí tendré algunos apoyos técnicos como audífonos o bastón, pero si el trato que recibo y las oportunidades que se me dan es como a los demás, es más fácil que pueda ser como un ciudadano más.
—¿Cree que aún hay camino por andar en la integración laboral de personas con minusvalías?
—Si, nos queda muchísimo por hacer y la verdad es que hemos avanzado bastante. Mi experiencia es que las empresas en la medida que conocen que hemos logrado incorporar en puestos de trabajo a personas con discapacidades, quedan convencidas. Hay muy pocas experiencias que yo conozca de fracaso. En AMICA las empresas son exigentes ya, pidiendo personas con discapacidad para ocupar un trabajo.
—Para que se dé esta circunstancia no me negará que tiene que ver también con las ayudas a las empresas para contratar discapacitados.
—Si, pero no creo que sea solamente por las ayudas que se reciben y determinadas desgravaciones. Nosotros estamos promocionando a las personas cuando ya están preparadas, cuando pueden entrar a trabajar como un obrero más. No porque tienen discapacidad, no se trata de aceptar a una persona por caridad sino porque sabe hacer bien su trabajo. Eso es lo que dignifica a las personas, que pueda entrar por la puerta grande, no por otra diferente. En esa línea la experiencia es tremendamente positiva.
—¿Qué tienen que hacer las instituciones y las empresas en general para fomentar esa inserción laboral?
—Pues creo que no tenemos que crear tantos centros protegidos sino abrir las puertas de nuestras empresas. Hay que esforzarse por adaptar nuestros puestos de trabajo, eliminar las barreras arquitectónicas, romper las mentalidades diferenciadoras, hablar con los comités de empresas, convencer a los sindicatos de que esta es una política muy importante a desarrollar y trabajar todos juntos. Hay una clave que es la formación. Las deficiencias en la formación de muchas personas con discapacidad condiciona mucho el acceso a los puestos de trabajo, a veces muy cualificados.
—¿Dónde tienen los minusválidos su nicho de mercado?
—Yo creo que su nicho de mercado es todo el mercado de trabajo. Hay personas con discapacidades que tienen unas cualidades fenomenales para la tecnología, otras para la escritura, para la administración...
—Me imagino que usted predicará con el ejemplo y habrá contratado a alguna personas con discapacidad, ¿es así?
—Claro, yo siempre pongo el ejemplo de Jesús. Lo tenía de telefonista en AMICA, la gente me felicitaba por lo amable que era a través de la línea. Yo les decía que algún día tenían que venir a conocerle. Luego se quedaban impresionados con las limitaciones físicas de Jesús tan tremendas y, sin embargo, en la comunicación con los demás era y es un auténtico fenómeno. Lo que tenemos que hacer fundamentalmente es dedicarnos a descubrir las capacidades de las personas, esa es la clave. Hasta ahora hemos visto las discapacidades, las limitaciones.
—¿Todavía existen estereotipos en pleno siglo XXI?
—Sí, porque hemos cerrado los ojos. No hemos sido capaces de ver que detrás de una persona con discapacidades físicas, intelectual, auditiva, hay una persona llena de capacidades que puede aportar muchas cosas. Como nos hemos fijado en lo negativo no hacíamos proyectos sobre esta persona. Sin embargo, cuando hemos visto sus capacidades y ponerle medios nos lo premian con buen trabajo. A veces no nos damos cuenta de lo que condenamos el futuro de una personas cuando decimos ‘Bueno, es que esta persona que es sorda, qué va a poder a hacer’, con eso la estamos marginando.
—¿Qué población de minusvalidos hay actualmente en España?
—Se calcula que el nueve por ciento de la población sufre algún tipo de discapacidad. En este momento, en España hay 3.700.000 personas que tienen alguna discapacida. El número da que pensar.
“En Marbella me decidí a escribir mi primera publicación, tras 20 años”
Uno de sus colegas psicólogos participó como ponente en la conferencia exponiendo ideas de un decálogo elaborado por Castillo. El autor, al ver en boca de otras personas sus ideas, entendió que eran experiencias enriquecedoras y que podrían servir para tratar las discapacidades desde un punto de vista creativo y no fijándose en el drama en sí de sufrir una minusvalía.
Precisamente, una de las definiciones que quiso dejar clara en su primera publicación es la de minusválido. Según el psicólogo Tomás Castillo, “la discapacidad es el resultado de mi limitación y del medio en el que me desenvuelvo que no está preparado ni adaptado a mis límites. No es lo que a mí me pasa”.
En cuanto a las experiencias recogidas en su obra destaca que unas de las más gratas vivencias profesionales que ha tenido “son niños que veías con deficiencias desde pequeños y ahora trabajan y están esperando a comprarse un piso”.
Para este ponente de la ley de dependencia, el secreto es “no poner fronteras a las personas para que surjan todas las capacidades que existen”. Estas experiencias asegura que “no tienen precio”.
—¿Qué quiere tranmitir con su primer libro ‘Déjame intentarlo’?
—Lo que quiero presentar con este libro es la experiencia que he recogido de convivir con personas con discapacidades en 25 años que llevo dedicado a este tema. Me ha enseñado tanto a entender la vida que me ha parecido que era importante transmitirlo. El libro trata de trasladar la idea de que la discapacidad no es algo que ocurre a algunas personas sino que cada persona vamos a conocer la discapacidad a lo largo de la vida. Esta idea clave de que la discapacidad no es algo ajeno a nuestra existencia me parece que es muy importante comunicarlo, preparar a la sociedad para que sea más capaz de albergar a las personas que tienen una discapacidad o a nosotros cuando las tengamos.
—Habla de recoger experiencias, ¿con cuántas personas con discapacidad ha tenido contacto directo?
—Me siento con el privilegio de conocer a unas 4.000 personas con discapacidades. Hemos trabajado con ellos en AMICA y me han dado la oportunidad de conocer la naturaleza de las limitaciones humanas como algo común a todo. He visto tantas personas con discapacidades, pero felices... Con discapacidades pero llenas de capacidades y de posibilidades en la vida. He visto niños que si desde pequeños se les dan oportunidades han crecido y están haciendo una vida como cualquier otro adulto. Es una propuesta de que veamos la discapacidad de una forma más imaginativa.
—¿Cómo debemos entender una discapacidad?
—Yo comparo la discapacidad con la enfermedad. Nadie obvia que la enfermedad es algo común a todos pues la limitación es consustancial a nuestra existencia. Esta perspectiva cambia las cosas, de que hagamos políticas para proteger a algunas personas.
—Ya que comenta la política que debemos hacer con estas personas, tenemos un ejemplo muy reciente, la ley de dependencia. ¿Con qué vicios cree que nace esta normativa?
—El primer vicio es que no se llama ley de dependencia sino ley de promoción de la autonomía personal y atención de las personas en situación de dependencia.
Yo propuse que se llamara de autonomía personal y el gobierno aceptó ese cambio. Eso supone que el desarrollo de la ley debería tener un contenido fundamental de invertir en lo que supone la prevención, es decir, trabajar para la vida activa y dinamizar la vida de nuestros mayores para evitar que la dependencia se manifieste de forma temprana y aguda. No entiendo que se priorice el concepto de dependencia sobre el de autonomía, las políticas de atención a la dependencia sobre el de promoción a la autonomía, es un hándicap con el que la ley nace.
—¿Considera que los presupuestos liberados para la ley están bien repartidos?
—Lo cierto es que lo que se está haciendo es evaluar las situaciones de dependencia y ahí es donde se va a destinar el presupuesto.
Por eso pregunto yo ahora dónde está el presupuesto de promoción de autonomía personal que es clave. Es cierto que hay que tener hospitales para enfermos pero no es menos importante tener vacunas para los niños y prevenir en general que la situación de dependencia sea tan prematura como estamos experimentando.
—¿Puede afectar la ley de manera negativa a las residencias?
—No creo que vaya a afectar en absoluto. Posiblemente nos encontremos con un escenario en el que haya más plazas de las que tenemos en este momento con toda seguridad. Lo que promulgamos es que desarrollen servicios dentro de la comunidad para que puedan seguir haciendo la vida que siempre han llevado. Junto con sus vecinos, familiares, sobre todos junto con sus recuerdos y con su vida personal. Cuando uno es joven piensa mucho en el futuro; cuando uno es mayor vive con sus recuerdos porque es su vida. Muchas veces pensamos que las personas estarán mejor en otro lugar más atendidos pero si a esas personas las desarraigamos de sus recuerdos, su red de relaciones sociales, su vecindario, les estamos quitando la esencia de su vida.
—¿No cree en las residencias como el primer recurso para personas de avanzada edad dependientes y sin familia?
—Hay muchos mayores que por buscar esta solución se nos deprimen. Cuando le cambiamos de lugar las desorientamos por lo que hay que promover la autonomía personal. ‘Llevar la misma vida que siempre han llevado’, ese es el lema. Es más enriquecedor para la persona, más barato y socialmente más humano porque no desarraigamos a las personas de su entorno.
—Realmente, ¿apoyamos como se merece a las personas con algún tipo de discapacidad?
—Yo creo que no, las apoyamos porque como los vemos distintos los situamos en un grupo de diferentes. Establecemos una barrera mental. Si vemos a una persona que está con muletas pensamos que no puede hacer nada. Tenemos demasiados estereotipos. Cuando a una personas la situamos en un grupo diferente le pedimos que se integre en la sociedad, en la escuela, laboralmente, pero se lo ponemos muy difícil. Esto con frecuencia es dramático. Luego lo ves como una persona como cualquier otra y lo demás es más sencillo, ya no necesitaré tantos apoyos, sí tendré algunos apoyos técnicos como audífonos o bastón, pero si el trato que recibo y las oportunidades que se me dan es como a los demás, es más fácil que pueda ser como un ciudadano más.
—¿Cree que aún hay camino por andar en la integración laboral de personas con minusvalías?
—Si, nos queda muchísimo por hacer y la verdad es que hemos avanzado bastante. Mi experiencia es que las empresas en la medida que conocen que hemos logrado incorporar en puestos de trabajo a personas con discapacidades, quedan convencidas. Hay muy pocas experiencias que yo conozca de fracaso. En AMICA las empresas son exigentes ya, pidiendo personas con discapacidad para ocupar un trabajo.
—Para que se dé esta circunstancia no me negará que tiene que ver también con las ayudas a las empresas para contratar discapacitados.
—Si, pero no creo que sea solamente por las ayudas que se reciben y determinadas desgravaciones. Nosotros estamos promocionando a las personas cuando ya están preparadas, cuando pueden entrar a trabajar como un obrero más. No porque tienen discapacidad, no se trata de aceptar a una persona por caridad sino porque sabe hacer bien su trabajo. Eso es lo que dignifica a las personas, que pueda entrar por la puerta grande, no por otra diferente. En esa línea la experiencia es tremendamente positiva.
—¿Qué tienen que hacer las instituciones y las empresas en general para fomentar esa inserción laboral?
—Pues creo que no tenemos que crear tantos centros protegidos sino abrir las puertas de nuestras empresas. Hay que esforzarse por adaptar nuestros puestos de trabajo, eliminar las barreras arquitectónicas, romper las mentalidades diferenciadoras, hablar con los comités de empresas, convencer a los sindicatos de que esta es una política muy importante a desarrollar y trabajar todos juntos. Hay una clave que es la formación. Las deficiencias en la formación de muchas personas con discapacidad condiciona mucho el acceso a los puestos de trabajo, a veces muy cualificados.
—¿Dónde tienen los minusválidos su nicho de mercado?
—Yo creo que su nicho de mercado es todo el mercado de trabajo. Hay personas con discapacidades que tienen unas cualidades fenomenales para la tecnología, otras para la escritura, para la administración...
—Me imagino que usted predicará con el ejemplo y habrá contratado a alguna personas con discapacidad, ¿es así?
—Claro, yo siempre pongo el ejemplo de Jesús. Lo tenía de telefonista en AMICA, la gente me felicitaba por lo amable que era a través de la línea. Yo les decía que algún día tenían que venir a conocerle. Luego se quedaban impresionados con las limitaciones físicas de Jesús tan tremendas y, sin embargo, en la comunicación con los demás era y es un auténtico fenómeno. Lo que tenemos que hacer fundamentalmente es dedicarnos a descubrir las capacidades de las personas, esa es la clave. Hasta ahora hemos visto las discapacidades, las limitaciones.
—¿Todavía existen estereotipos en pleno siglo XXI?
—Sí, porque hemos cerrado los ojos. No hemos sido capaces de ver que detrás de una persona con discapacidades físicas, intelectual, auditiva, hay una persona llena de capacidades que puede aportar muchas cosas. Como nos hemos fijado en lo negativo no hacíamos proyectos sobre esta persona. Sin embargo, cuando hemos visto sus capacidades y ponerle medios nos lo premian con buen trabajo. A veces no nos damos cuenta de lo que condenamos el futuro de una personas cuando decimos ‘Bueno, es que esta persona que es sorda, qué va a poder a hacer’, con eso la estamos marginando.
—¿Qué población de minusvalidos hay actualmente en España?
—Se calcula que el nueve por ciento de la población sufre algún tipo de discapacidad. En este momento, en España hay 3.700.000 personas que tienen alguna discapacida. El número da que pensar.
“En Marbella me decidí a escribir mi primera publicación, tras 20 años”
Uno de sus colegas psicólogos participó como ponente en la conferencia exponiendo ideas de un decálogo elaborado por Castillo. El autor, al ver en boca de otras personas sus ideas, entendió que eran experiencias enriquecedoras y que podrían servir para tratar las discapacidades desde un punto de vista creativo y no fijándose en el drama en sí de sufrir una minusvalía.
Precisamente, una de las definiciones que quiso dejar clara en su primera publicación es la de minusválido. Según el psicólogo Tomás Castillo, “la discapacidad es el resultado de mi limitación y del medio en el que me desenvuelvo que no está preparado ni adaptado a mis límites. No es lo que a mí me pasa”.
En cuanto a las experiencias recogidas en su obra destaca que unas de las más gratas vivencias profesionales que ha tenido “son niños que veías con deficiencias desde pequeños y ahora trabajan y están esperando a comprarse un piso”.
Para este ponente de la ley de dependencia, el secreto es “no poner fronteras a las personas para que surjan todas las capacidades que existen”. Estas experiencias asegura que “no tienen precio”.
Fuente: Publicaciones del Sur - Grupo Información
Agenda
II CONFERENCIA DE ALZHEIMER IBEROAMÉRICA (AIB) - VI REUNIÓN IBEROAMERICANA DE ASOCIACIONES Y FUNDACIONES DE ALZHEIMER (AIB)
Fecha
06-08-2008 al 08-08-2008
Lugar
Hotel Panamericano - Buenos Aires - Argentina
Organizado por
Alzheimer Iberoamérica - Alzheimer's Disease International - A.L.M.A.
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