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07-04-2008

México/El estado no debe infligir el dolor

“Es indispensable familiarizar a la sociedad con estas prácticas de avanzada, sostiene el jurista al referirse a lo que significaría abrir la puerta a la eutanasia activa.”

Autor: Nayeli Roldán

Categoría: Bioética

La eutanasia no significa matar, ni es un agravio para el credo religioso que cada individuo profesa. Si bien ayer se publicó en la Gaceta Oficial del DF el reglamento para que entre en vigor la Ley de Voluntad Anticipada en el Distrito Federal, es urgente que se avance en el resto de los estados, lo que significaría abrir la puerta a la eutanasia activa.

Quien soporte el dolor de una enfermedad incurable será por su convicción, pero mientras se siga penalizando el suicidio asistido “es el Estado el que está imponiendo una vida prolongada de dolor sin remedio. El Estado no tiene por qué infligirnos ningún padecimiento que no estemos dispuestos a soportar con libertad”.

Así lo sostiene el jurista Diego Valadés Ríos, en entrevista con MILENIO, autor con Jorge Carpizo del libro Derechos humanos, aborto y eutanasia. En su ensayo, incluso se convierte en pionero para proponer al alzheimer (aunque no sea terminal) como una enfermedad susceptible de eutanasia activa.

Aunque es indispensable familiarizar a la sociedad con estas prácticas de avanzada. Las resistencias quedaron evidenciadas al cambiar el término “eutanasia” por el sinónimo de “ortotanasia” en la legislación durante el cabildeo en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal.

—¿La eutanasia es acorde al respeto de los derechos humanos?

—Los dos conceptos básicos de los derechos humanos son la dignidad y la libertad, sobre ellos se construye la totalidad del edificio de los mismos. Y la eutanasia trata de ambos. Estamos avanzando como sociedad. Durante mucho tiempo dependimos para nuestros avances institucionales que nos los dictaran desde la cúspide del poder, hoy es al revés, es la sociedad la que se moviliza para presionar a los dirigentes políticos para que tomen medidas de innovación institucional.

—¿La Ley de Voluntad Anticipada responde a la realidad con enfermedades como el cáncer?

—También vienen otros problemas. En el ensayo, escribo que el cáncer es un tema ya resuelto en cuanto a la eutanasia activa en países como Holanda, Bélgica, Estados Unidos y Japón. Pero hay aspectos que son de incipiente discusión, como el alzheimer; se calcula que hay 14 millones de personas que lo padecen, ése es un desafío. Cuando una persona no se reconoce a sí misma, a sus seres cercanos, cuando no sabe el sentido de su vida, cuando está totalmente enajenado, se puede considerar que el problema de la dignidad es grave; en cuanto a ese tema todavía no hay respuesta sobre la eutanasia, porque no se trata de una enfermedad terminal y dolorosa, los dos aspectos para la eutanasia activa.

—Ese tema es todavía más complejo…

—Este tema va a ocupar la atención de los especialistas en ética, en derecho, en los próximos 20 o 30 años. Considero que debe explorarse a través de la declaración anticipada de voluntad, así instruir a la persona que designe como representante, que si padezco alzheimer y alcanzo un determinado nivel en el que he perdido la capacidad de identificar a otras personas, que en ese momento se me apliquen los elementos necesarios para que mi vida termine. La discusión está iniciando y México estará haciendo aportaciones doctrinales en la materia.

—¿Cómo separar el aspecto jurídico del religioso?

—El proceso de secularización del Estado en la edad moderna comenzó en el siglo XVI y todavía no lo hemos culminado. En México estamos viendo una posición muy combativa de la curia de exigir que volvamos al siglo XIX. No han aprendido todavía las lecciones de las historia y no han aceptado que la mayor parte de los creyentes mexicanos está a favor de la secularización del poder político. Si preguntamos en el tema de eutanasia, 66 por ciento de los mexicanos están a favor. Todos respetamos los dogmas religiosos, todas las creencias, ésas son las características de un Estado secular, que no tiene una convicción o profesión de fe religiosa determinada, sino que permite que todas las creencias puedan desarrollarse con libertad, y quienes no tengan creencia puedan ejercer igualmente sus derechos. Eso es a lo que se opone una parte de la Iglesia mexicana, pero hay otra parte que entiende los problemas humanos y de dignidad y además admite que la eutanasia no representa una ofensa ni ataque a las creencias religiosas.

Cambiar la inercia

En su ensayo, el ex procurador de la República detalla que la sanción al suicidio proviene de una práctica de la antigüedad clásica en Roma cuando, para sustraerse del pago de deudas, las personas se suicidaban y su patrimonio era confiscado por el Estado para pagar a los deudores; esto fue retomado en la Edad Media y se extendió hasta los siglos XVII y XVIII, cuando incluso los cuerpos de los suicidas podían ser decapitados, quemados en la hoguera y arrastrados en la vía pública.

“Hay que cambiar los criterios, porque no forma parte ni siquiera de un dogma tradicional. Es más bien una especie de inercia que se ha desarrollado, pero creo que se van superando las resistencias y estamos en una sociedad liberal, abierta, plural y comprensiva como la mexicana”.

Valadés aplaude el primer paso en México, aunque acota que llegamos 15 años tarde con respecto a Estados Unidos, por ejemplo, toda vez que en el país vecino el primer caso de declaración adelantada de voluntad se legisló en 1972 y en 1991 todos los estados lo admitieron.

El proyecto de la Asamblea Legislativa, el año pasado, incluía el término eutanasia, aunque “para que fuera aprobada por unanimidad, en la negociación del final se optó por incorporar el concepto de ortotanasia”, aunque en realidad es sinónimo de eutanasia pasiva, pero el cambio de términos evitó que fuera desechada.

Dicho concepto fue creado por el episcopado español en 1993, porque advirtieron que la sociedad, incluyendo una mayoría católica, estaba a favor de la eutanasia pasiva. Los legisladores mexicanos “acuñaron esta expresión y finalmente fue la que quedó en la reforma. Yo no le veo ningún inconveniente, lo importante es que la institución haya prosperado. En el caso de la incitativa, en el Senado se reconoce que ortotanasia y eutanasia son conceptos sinónimos”.

La necesidad de legislar sobre eutanasia responde al aumento de suicidios en el mundo (en 2007 hubo un millón de casos), algunos de ellos de forma trágica, como precipitándose al vacío, asfixiándose, o pegándose un tiro, porque “quieren poner fin a su sufrimiento y no cuentan con el apoyo necesario para que esa privación de la vida se haga lo menos traumática para quien pierde la vida y para sus familiares y amistades”.
  
  

Fuente: Milenio

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