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07-03-2004

Mil personas atienden en su hogar a mayores dependientes

«Tiene Alzheimer. Ahora le ha dado por mi hermana, que cuándo va a venir a buscarle, que si vive con ella..., no deja de preguntar a todas horas por mi hermana. Pero yo no tengo hermanas. Y no se da cuenta de que está casado conmigo; nunca le había pasado. Creo que confunde a nuestra hija con mi hermana, pero la cosa es que él sabe que Inmaculada es su hija. No lo entiendo».

Autor: Carlos Marcos Irán

Categoría: Social

Es el relato de Rosalía, de Irun. A su marido le diagnosticaron Alzheimer hace tres años, aunque ya antes se dio cuenta de que «pasaba algo; pero el médico nos decía que era falta de riego». Ahora, sabe lo que es «pasarlo muy mal» a causa de esta enfermedad.

Aún así, continúa conviviendo con él, hasta que sea posible. «Mi mayor problema es cuando tengo que salir de casa; me da miedo dejarlo solo. Ha tenido alucinaciones y por la noches también tengo miedo, pero ahora le están dando unas pastillas y está muy tranquilo», explica.

Rosalía es un caso más de los que engrosa las frías estadísticas que señalan que el pasado año 963 personas se acogieron al programa Sendian de la Diputación de Gipuzkoa, en el que se presta ayuda a familiares que tienen a su cargo a mayores dependientes.

Una ayuda de tipo económico, en algunos casos, pero sobre todo psicológica y de apoyo residencial, para paliar lo que se conoce como síndrome del cuidador. El programa permite a estos mayores hacer uso de los centros de día durante el fin de semana, o mantener estancias residenciales puntuales, de hasta un mes al año.

Pese a todo ello, el día a día es muy difícil de llevar. Por eso, los grupos de apoyo en los que personas con la misma o similar problemática comparten sus experiencias tienen un importante peso en el programa Sendian y también en el alivio de estos familiares.

El necesario apoyo

Rosalía forma parte de un grupo de apoyo de Irun, como otras quince personas, que se reúnen dos veces al mes. No es obligatorio, pero sí un alivio poder hacerlo. Por eso, procuran no faltar a su cita quincenal, donde saben que quien los escucha, conoce de primera mano lo que es pasar por lo que ellos están pasando.

Es el caso, también, de Rafael, uno de los pocos hombres que asiste porque, en la mayoría de los casos el cuidador principal de estos enfermos es una mujer. Pero en su caso, ha sido su esposa la que ha enfermado y él ejerce de cuidador desde su jubilación.

El comportamiento de su mujer, como ocurre con estos enfermos, ha cambiado drásticamente y resulta difícil de llevar. «A veces dudo, pero me doy cuenta de que no, que no es ella, que es la enfermedad la que le hacer ser así», explica. Y continúa, «es que llega una visita y los despista a todos, y me dicen lo bien que está; pero no, en las 24 horas del día suceden muchas cosas difíciles de comprender. Me he llevado unos disgustos impresionantes con ella, he llorado montones de lágrimas».

En un caso similar se encuentra Rosa, que tiene a su madre ingresada y paga por ella alrededor de 1.500 euros al mes (250.000 pesetas de las de antes), a la espera de que le respondan si tiene derecho a una subvención. «El dinero se nos está acabando», afirma.

Ella, como tantos, tuvo que hacer frente además «al sentimiento de culpabilidad» de tener que ingresar en un clínica a un ser querido, pero «no había otro remedio». Por eso, afirma que «el grupo me ayuda muchísimo a llevarlo mejor y ver que mi madre no es un bicho raro, que hay más casos como el suyo», explica.

Casos como el de Ángela que convive con su marido con el que «después de tener un conversación, no recuerda nada», y que hace frente a sus propios «achaques de la edad» para «cuidarlo», con la ayuda de un centro de día que le permite, como a tantos, no sentirse tan «desbordada» por los efectos de esta maldita enfermedad que un día irrumpió en sus vidas.

Fuente: Deia

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Neurodegenerative Diseases: Biology & Therapeutics

Fecha
04-12-2008 al 07-12-2008

Lugar
Cold Spring Harbor Laboratory - NY - EE.UU.

Organizado por
Mount Sinai School of Medicine - University of Pennsylvania - Massachusetts General Hospital

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