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02-09-2005

La Biología del desarrollo ¿confianza o certeza?

Autor: Carlos Acosta Rizo

Uno de los temas más recurrentes en la divulgación científica en salud es el de la biología del desarrollo, y especialmente lo relacionado con las células madre. Una parte del mundo científico está dedicada a investigaciones en este aspecto y los ciudadanos reciben con interés cada una de las nuevas informaciones sobre tales estudios y sus posibles aplicaciones.

Es precisamente este filón temático uno de los que genera mayores confusiones y a su vez sensaciones encontradas de optimismo y escepticismo, de información y desinformación entre el público. Esta situación ambivalente es un buen ejemplo de la afectación que sufre la gente ante la avalancha de informaciones sobre un tema determinado, especialmente en Internet.

Las disyuntivas propuestas (optimismo y escepticismo, información y desinformación) no sólo son atribuibles, como a menudo se hace por parte de los expertos y comunicadores, a las interpretaciones subjetivas que los usuarios no especializados hacen de la información extraída de los medios de comunicación y especialmente de Internet. Buena parte de la confusión es producto también de la información en sí misma y de la forma en que es presentada, muchas veces en contextos extremos y contrapuestos.

El hecho es que, en muchas ocasiones, el rigor científico parece avalar informaciones encontradas, haciendo difícil para el usuario común evaluar acertadamente estas contraposiciones, que por otra parte, son de común ocurrencia en el desarrollo científico, especialmente en áreas de novedosa acción, como es precisamente la Biología del Desarrollo. Por ello, la calidad de la información que se presenta en los Medios, especialmente en Internet, no es tan sólo un asunto de seriedad de las fuentes, sino también del proceso comunicativo que las pone ante el público, y de una concienzuda interpretación por parte del mismo público que abandona su rol de receptor pasivo.

Algunas de las informaciones relacionadas con la investigación en células madre aparecidas en los últimos dos meses nos permiten ilustrar la situación arriba descrita. Por ejemplo, un artículo publicado el 12 de julio de 2005 titula ?Las células madre, única salida para combatir el Alzheimer?, encabezado que oculta el verdadero sentido de las palabras del investigador que alimenta el artículo, quien en el texto alienta a apostar por una investigación sobre las terápias con células madres que, «hasta ahora, [es] el único tratamiento que se cree que puede funcionar para terminar con el Alzheimer [?] pero aún se encuentra en una incipiente fase inicial». El resto del artículo es bastante explicativo de las dificultades que la investigación y tratamiento con células madre evidencian particularmente para la EA, ya que «la dificultad para curar esta enfermedad radica en que las células que mueren durante el proceso degenerativo son muy dispares y difieren en su origen», según en investigador invitado.

Otro artículo publicado en 8 de julio de 2005 titula más cautamente, «Confío en las células madre como medio paliativo y de regeneración», utilizando las palabras de otro contrastado investigador, destacando en el texto que las desmesuradas expectativas puestas en el desarrollo de las células madre «eran más de inmediatez con capacidad para poder llegar a curar rápidamente, que de vehículo paliativo de determinadas enfermedades», eso sí, sin dejar de lado el optimismo respecto a la capacidad de estas células, tanto adultas como embrionarias, para usarlas como medio regenerador, ya que se está «comprobando que su potencialidad es enorme».

Otra noticia, emitida por la AP en Washington (E.U.) el pasado 22 de agosto de 2005, hace eco del resumen de una investigación divulgada por la revista Science en su sitio Internet, y que anuncia que científicos de la Universidad de Harvard han logrado generar células madres útiles sin necesidad de crear y destruir embriones humanos, a partir de la unión de células de la piel unas células madres embrionarias. La conclusión de los autores es que «las células embrionarias humanas tienen la capacidad de reprogramar los cromosomas de células adultas después de la fusión celular». La importancia de este logro apunta directamente a vencer la dificultad que plantea poder conservar el estado de reprogramación tras retirar el ADN de la célula embrionaria, ya que las células híbridas (las células de la piel reprogramadas con el ADN de las embrionarias) teóricamente podrían ser usadas «para producir cadenas de células madres embrionarias personalizadas para pacientes individuales, sin necesidad de crear y destruir embriones humanos». De consolidarse este avance permitiría solventar el debate ético y los temores sociales sobre crear embriones para destruirlos. Sin embargo, este prometedor resultado dista mucho de convertir el tratamiento con células madre en una realidad a corto plazo.

Una última noticia, aparecida el 6 de septiembre de 2005, completa el panorama o cierra el círculo de las posiciones al respecto. El profesor Robert Winston, Presidente de la Asociación Británica para el Avance de la Ciencia, opina que el potencial terapéutico de las células madres embrionarias es "incierto" y está "muy lejos" de que se pueda aplicar; más puntualmente en relación con el Alzheimer anota que, es un "grandísimo problema y probablemente no solucionable de ningún modo por células madre".

Los mensajes de los cuatro artículos están orientados por similares fundamentos científicos válidos y diferentes dosis de optimismo; sin embargo, la forma de presentarlos en cada uno de ellos, proyectan una sensación de contradicción que lleva fácilmente a la confusión al lector. Como se ha anotado arriba, ante estos variopintos enfoques y presentaciones de la investigación sobre células madre, un lector puede verse confrontado entre el optimismo y el pesimismo, y por ende con una posterior confusión. Por ejemplo, es fácil interpretar que las posibles terapias con células madre son, como se anuncia en el titular del primer artículo referido, la única salida para combatir la EA y asumir, incorrectamente, que serán una alternativa inmediata.

¿Qué pueden pensar ante esta interpretación tan tajante las familias cuyos enfermos reciben o recibirán tratamientos como los cognitivos y los farmacológicos para proteger y mantener activo un cerebro diagnosticado con EA (metodologías rehabilitadotas que se aplican actualmente y que tienen horizontes a más corto plazo)?

Las terapias e investigaciones alternativas a la Biología del Desarrollo, tales como el papel de la inmunoterapia o posibilidad de encontrar vacunas que actúen sobre la aparición de la ßeta-Amilasa, o el papel de la GSK3 como enzima de encrucijada o inhibidora de la proteína TAU (que ocasiona la disfunción de las neuronas), no deben ser desvirtuadas por expectativas desbordadas en un tratamiento, prometedor, pero que «es el paso inicial de un camino largo e incierto», tal como lo indica el Dr. Kevin Eggan de la Universidad de Harvard, y que podrían pasar fácilmente unos 10 años antes que el proceso pueda ser aplicado a las personas pues «aún existen obstáculos biológicos fundamentales, los cuales tienen que ser superados», o no llegar nunca como lo anota el profesor Robert Winston.

El mensaje que debería llegar al público es que las células madre (que es una célula que, cuando se divide, puede producir o una copia de sí misma o una célula progenitora diferenciada) adultas y embrionarias, aparecen como un medio ideal de regeneración de tejidos, hecho que podría hacer prometedora futuras terapias de regeneración y mantenimiento de tejidos y órganos enfermos. Pero el compromiso terapéutico o curativo no puede ser presentado más acá del horizonte del medio-largo plazo, ya que la inmediatez y el corto plazo no tienen cabida en términos de terapias paliativas o curativas, a pesar de los avances que día a día se producen.

Desde la Fundación ACE somos conscientes de lo difícil que resulta a las familias de enfermos de EA u otra enfermedad degenerativa, tener cautela y paciencia ante los anuncios sobre avances científicos que resultan esperanzadores o pesimistas para el anhelo de revertir la situación de su familiar. Por ello, el mensaje de MA a sus lectores es el de añadir a la búsqueda de la información sobre la EA o cualquier otra enfermedad, un análisis sensato de la misma, que incluya cotejarla con los especialistas de las entidades más cercanas a su ámbito social. Particularmente, en lo referente a las expectativas alrededor de futuros tratamientos sobre células madre, hemos de ser conscientes de que los medios de comunicación han sobrevalorado su posible aplicación terapéutica, pero ello no debe cercenar de cuajo la esperanza de que a partir de la avalancha de nuevos conocimientos que se han conseguido, se pueden encontrar nuevas terapias (no sólo con células madre) contra una gran variedad de otras enfermedades que afectan a la humanidad, eso sí a mediano-largo plazo.

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