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05-01-2006

Alzheimer, Vivienda y Calidad de Vida

Autor: Josepa Lleida Solà

En nuestro actual modelo de sociedad las personas de la tercera edad desean seguir residiendo en su domicilio tanto tiempo como sea posible. No obstante, a medida que pasan los años y aparecen enfermedades como el Alzheimer sus viviendas, habitualmente distribuidas y equipadas siguiendo criterios pensados para una población en plenitud de facultades, no reúnen las condiciones adecuadas para seguir manteniendo una vida lo más autónoma posible y con las suficientes garantías de seguridad física y psicológica, accesibilidad y confort.

Por otro lado, a partir del mejor conocimiento del proceso de la enfermedad, se considera fundamental que las personas afectadas se sientan respetadas y se aconseja que, al menos en las primeras fases, se les permita continuar desarrollando sus hábitos cotidianos en la medida en que no se vea comprometida su propia integridad física.

En este contexto se hace necesario introducir en la vivienda una serie de modificaciones y adaptaciones de manera progresiva, en justa correspondencia con el avance de la enfermedad, ya que la calidad de vida de los enfermos y de sus cuidadores depende en gran parte de la adecuación de su entorno doméstico a las nuevas necesidades.

Una correcta aplicación de los recursos arquitectónicos, de diseño, de equipamiento y decoración hará posibles estos cambios, que deberían llevarse a cabo de forma gradual para evitar aumentar la sensación de inseguridad del enfermo. El proceso, pues, no ha de ser muy evidente ni radical y debe responder a unos objetivos terapéuticos precisos:

? Prevenir los accidentes

? Luchar contra las consecuencias de las deficiencias intelectuales

? Minimizar el efecto de las limitaciones físicas

? Crear un clima de confort y bienestar que favorezca el mantenimiento del contacto con la realidad y el entorno tanto como sea posible en cada etapa.

Para lograr estos objetivos es importante eliminar las barreras arquitectónicas y los obstáculos diversos. Sin embargo, debido a que actualmente el Alzheimer se puede diagnosticar en una fase bastante inicial, es posible planificar de una manera más ajustada las necesidades presentes y futuras en cada caso. Así, las prioridades y el ritmo en la adecuación de la vivienda de cada persona afectada se adaptarán a su realidad individual. Las soluciones podrán variar, según el caso, desde:

? Un simple cambio en la distribución de los objetos y muebles, o la modificación del orden y el tiempo de realización de determinadas actividades;

? El empleo de soluciones técnicas arquitectónicas y de interiorismo no muy costosas existentes en el mercado, que bien pueden ser permanentes o que pueden usarse de forma provisional de manera que pueden ser retiradas o eliminadas cuando no sean necesarias;

? Hasta la realización de adaptaciones que pueden afectar definitivamente a la estructura de la vivienda y la configuración de sus espacios.

En general se debe procurar un entorno que favorezca la movilidad por la vivienda, que los espacios que el enfermo acostumbre a utilizar sean ambientalmente tranquilos (esencialmente poco ruidosos y con poca actividad), diferenciando las estancias donde pueda recibir visitas y compartir tiempo con sus cuidadores y familiares, de aquellos donde pueda descansar tranquilamente.

No obstante, las primeras actuaciones siempre tendrán como objetivo paliar la desorientación del enfermo y velar por su seguridad. En general, las medidas a adoptar se pueden dividir en cuatro grandes objetivos específicos: Instalar ayudas para la orientación; prevenir las caídas; identificar y controlar los factores cotidianos de riesgo; e impedir huidas.

1. Instalar ayudas para la orientación

La confusión derivada del deterioro de sus facultades mentales provoca en los enfermos sentimientos de ansiedad, desesperanza e impotencia que se pueden reducir considerablemente, ja que muchos de los denominados "síntomas de demencia" son en realidad provocados o agravados por su entorno físico. En este sentido, es importante eliminar de la vivienda todo aquello que pueda deslumbrar: las luces directas muy intensas, los espejos decorativos y las superficies y pavimentos muy brillantes desconciertan al enfermo. Por otra parte, también es preciso que en el dormitorio se mantenga una luz permanente de baja intensidad para ayudar a la orientación si se despierta de noche. En los otros lugares se debe evitar una iluminación escasa o que produzca sombras, así como una decoración demasiado abigarrada.

La desorientación que sufren también se puede reducir instalando un circuito de iluminación de emergencia que les ayudará a guiarse si salen de noche de su habitación. Otras soluciones son pequeñas luces de posición como las utilizadas en los dormitorios infantiles, cintas adhesivas reflectoras en paredes o suelos y señales de fácil comprensión en las puertas que les permitan identificar el baño, la cocina, el contenido de los armarios, etc.

2. Prevenir las caídas

El pavimento debe ser fijo, antideslizante tanto en seco como mojado, sin irregularidades, desniveles ni obstáculos. Si se mantienen las alfombras, se fijaran al suelo. Si es posible se evitaran las escaleras y, si las hay, se protegerán con barreras. Se instalaran pasamanos en los pasillos y en cualquier otro lugar en el que sea preciso reforzar la seguridad y facilitar los desplazamientos. Estos pasamanos serán de sección redonda, situados a una altura entre 0,90 i 0,95 m. y separados de la pared un mínimo de 4 cm. El mobiliario será estable, sin ángulos ni relieves peligrosos. Se eliminaran los cables eléctricos por el suelo o en zonas de paso.

3. Identificar y controlar los factores cotidianos de riesgo

La cocina y el baño son las zonas de la vivienda donde se producen más accidentes, incluso entre la población sana. En artículos temáticos que se publicarán en Magazín Alzheimer se profundizará en la distribución y equipamiento integral de estos recintos. No obstante, ya en una fase inicial, se deberían efectuar las siguientes adecuaciones:

- Sustituir la cocina existente per una eléctrica de inducción magnética con el objeto de evitar les quemaduras y el riesgo que comporta olvidar cerrar el gas. En su defecto se puede instalar una placa vitrocerámica.

- Los calentadores de agua y calefacción estarán fuera del alcance del enfermo, así como las llaves de paso de todas las instalaciones existentes en el domicilio. - En el cuarto de baño hay que tener especial cuidado con la bañera. Se recomienda la colocación de barras de apoyo y contar con un asiento o banco en su interior para que se más fácil entrar o salir.

- Debe ser posible abrir la puerta del baño desde fuera y hacia fuera, para así tener rápido acceso en caso de indisposición o de accidente.

Por otra parte, será preciso tener bajo control toda una serie de objetos y materiales que, siendo de uso común en la vida cotidiana, son potencialmente peligrosos:

  • Cristales y objetos decorativos que puedan caer o se puedan romper;
  • Ventanas, espejos, muebles y objetos que deslumbran;
  • Electrodomésticos en general, excepto aquellos que dispongan de dispositivos de seguridad o fijación a muebles o paredes;
  • Encendedores, cerillas y cualquier utensilio con el que se pueda prender fuego;
  • Productos tóxicos, como los medicamentos y los productos de limpieza;
  • Pequeños objetos que se puedan tragar; todo aquello con lo que se puedan quemar (estufas, radiadores, conductos de agua caliente, etc.);
  • Utensilios que cortan (cuchillos, hojas de afeitar, etc.);
  • Comida (espinas, huesos de frutas y aceitunas, alimentos demasiado calientes);
  • Cubos de la basura.

4. Impedir huídas

Las puertas exteriores, balcones y ventanas han de disponer de medidas de seguridad, que deberían ser lo más desapercibidas y sutiles posible. Actualmente existe gran variedad de mecanismos disponibles en los comercios especializados en artículos de geriatría, que no suponen obras de reforma importantes. Se instalarán cerraduras en los recintos o armarios con contenidos potencialmente peligrosos. Será preciso tener especialmente controladas y fuera de alcance las llaves de la puerta de acceso a la vivienda, no dejándolas nunca puestas.

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