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06-03-2006

La importancia del seguimiento familiar en el diagnóstico precoz del Alzheimer

Autor: Carlos Acosta Rizo

Como hemos dicho en boletines anteriores, el poder diagnosticar lo más tempranamente posible la enfermedad de Alzheimer (EA) es uno de los principales objetivos actuales en el campo médico (ver artículo 2 del boletín 37 del mes de noviembre de 2005). No se podrán probar medicamentos sino se tienen diagnósticos tempranos; no se podrán probar medicamentos cuando la enfermedad esté muy avanzada porque el resultado no será bueno ni confiable; se podrán probar tan solo cuando la enfermedad está muy al inicio, por lo tanto la sensibilización de la población y de la sanidad es que no debemos tener miedo a poder hacer un diagnóstico lo más precoz posible.

Precisamente, el presente artículo lo dedicaremos a ofrecer un compendio de actitudes y síntomas que nos permitirán hacer una ?evaluación? preliminar por parte de la familia que permita acudir a los servicios médicos para establecer un diagnóstico temprano de EA o descartarla. Antes, debemos recordar que la EA es una demencia que se debe a la atrofia degenerativa de la corteza cerebral y que se manifiesta con muchos síntomas, y no simplemente por el ?olvido? paulatino de sucesos, palabras, objetos, acciones y decisiones por parte del posible enfermo, pérdida de memoria que en muchos casos, por sí misma, no es indicativa de EA, sino del proceso de envejecimiento normal de los seres humanos.

Los síntomas que puede manifestar un posible enfermo de Alzheimer incluyen cambios de la personalidad del paciente, de su mente y su organismo a los cuales hemos de estar atentos en caso de que se manifiesten. Sin embargo, a nivel familiar las situaciones relacionadas con el estado de ánimo y la conducta son las más fáciles de seguir, pues los posibles enfermos de EA muestran un carácter muy variado y cambios bruscos en su estado de ánimo. Por ejemplo, es común que se tornen agresivos e irritables debido a los cambios químicos en el cerebro; algunos se volverán muy sensibles a las emociones implícitas de los familiares y reaccionarán negativamente a señales de condescendencia, ira y frustración; igualmente, estados de desánimo y divagación serán más frecuentes.

Algunas situaciones específicas de comportamiento a las que tenemos estar atentos en la familia son las siguientes:

Torpeza: La persona empieza a demostrar falta de precisión al realizar actividades cotidianas y habituales.

Confusión: Demuestra una falta de nitidez o claridad en sus percepciones.

Repetición: Comienza a repetir lo ya hablado o hecho.

Sentimientos de pérdida: El paciente siente que está perdiendo algo pero no sabe qué.

Cambios de carácter y de humor sin causa aparente: La persona cambia de humor o de estado de ánimo de un momento a otro y sin motivo alguno.

Intento de disimular los errores: Trata de disimular las equivocaciones o los olvidos que tiene.

Baja autoestima: Comienza por sentirse disminuida y triste, además experimenta angustia, temor y miedo sin identificar a qué o a quién.

Necesidad de cuidados especiales: Empieza a necesitar de alguien que lo ayude a realizar acciones que antes las ejecutaba solo.

También desde MA hemos advertido del hecho de que muchas personas consideran la capacidad de conducir de un familiar o amigo como un criterio valorativo de la NO demencia de esta persona. En cualquier caso, la valoración objetiva de la capacidad de conducir es resultado del estado de cada individuo con relación a sus capacidades físicas y mentales. Lamentablemente, esta valoración no cuenta aun con pruebas estándar que faciliten la toma de la decisión social de dejar o impedir la conducir de personas enfermas o potencialmente enfermas.

Sin embargo, debemos tener en cuenta que ciertas actitudes de una persona al conducir (según la Dra. Isabel Terol García y la neuropsicóloga Dolors Badenes) pueden darnos indicios de que algo no anda bien y que debemos acudir con nuestro familiar al médico rápidamente para hacer un diagnóstico preciso. Algunas de tales actitudes son:

? Violación repetida de las normas de tráfico.

? Sufrir accidentes frecuentes (aunque sean leves) e injustificados.

? Tardar demasiado tiempo para llegar al destino.

? No conseguir llegar al destino.

? Evidenciar un tiempo de reacción lento.

? Pérdida en área familiares ? Confusión derecha-izquierda

? Ralentización en la toma de decisiones, semáforos, intersecciones, cambio de carril, etc.

? Dificultat en lectura de mapas.

? Conducción más lenta.

? Cambios de carril inapropiados.

Para completar el panorama, y a nivel informativo, es importante destacar que la EA tiene diferentes fases progresivas (Fases I, II, y III) que se identifican con síntomas más o menos determinados. Vale recordar que cada caso es diferente a otro y que la situación de la persona debe ser diagnosticada por parte de personal médico especializado.

En la Fase I o Fase Leve se pueden presentar situaciones como:

? Percepción personal de que se comienza a perder la memoria.

? Dificultad para recordar hechos de cierta, ligera desorientación del tiempo y espacio.

? Dificultad para nuevos aprendizajes y para adaptarse a nuevos entornos.

? Problemas para encontrar la palabra precisa.

? Preferencia por frases cortas.

? Ligeras dificultades en la escritura y en operaciones de cálculo.

? Cambios de personalidad y carácter.

En general la Fase II o Fase Moderada de la EA se caracteriza por:

? Desorientación grave del tiempo y el espacio.

? Dificultad para reconocer lugares muy habituales.

? Confusión entre el día y la noche.

? Percepción errónea de distancias y tiempo.

? Mayor dificultad para el aprendizaje.

? No se reconocen personas, lugares, objetos, incluso, en ocasiones, no se reconoce ni la propia imagen en el espejo.

? Dificultades serias para realizar las actividades básicas.

? Empobrecimiento significativo del lenguaje.

? Mayores dificultades para la escritura.

? Conductas impredecibles, reacciones catastróficas, agresividad, agitación y fobias.

? En algunos casos hay alucinaciones, alteración del sueño, incontinencia.

Los síntomas que por lo común permiten diagnosticar la Fase III o Fase Avanzada de la EA son:

? Grave afectación del lenguaje hablado y escrito.

? Pérdida total de la noción del tiempo y espacio.

? Incapacidad para reconocer el propio cuerpo.

? Pérdida total de memoria, a excepción de la afectiva.

? Graves trastornos del movimiento, se puede llegar a la inmovilidad total.

? Se puede llegar a una desconexión total del mundo.

Es claro que no debemos caer en la paranoia del Alzheimer y pensar que, ante algunos síntomas y con los porcentajes de influencia genética o hereditaria que se barajan, nosotros mismos, un familiar o un amigo estaremos desarrollando una EA. Recalcamos que la labor diagnóstica debe dejarse en manos de los profesionales; sin embargo, es importante que, sin obrar desde un miedo desbordado, vayamos un paso adelante y que las familias tengan una participación activa en el diagnóstico precoz.

Una ?evaluación? familiar preliminar más o menos objetiva de que un familiar esté desarrollando un Alzheimer permitiría acudir a tiempo a los centros asistenciales en busca de un diagnóstico precoz, de tratamiento y orientación.

Precisamente en el artículo 2 de este boletín el Dr. Víctor Fernando Villa Esteves (Presidente de la Fundación Alzheimer Guadalajara JAL ? México) nos ilustra al respecto desde un punto de vista médico y asistencial.

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Agenda

Neurodegenerative Diseases: Biology & Therapeutics

Fecha
04-12-2008 al 07-12-2008

Lugar
Cold Spring Harbor Laboratory - NY - EE.UU.

Organizado por
Mount Sinai School of Medicine - University of Pennsylvania - Massachusetts General Hospital

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