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06-04-2006
La buena mesa y el Alzheimer no riñen
Autor: Carlos Acosta Rizo
Un tema importante en la divulgación de los constantes descubrimientos sobre algunas enfermedades es el de la alimentación. En general, a nivel periodístico este tipo de información se presenta de forma, digamos, rimbombante, de manera que parecemos estar ante una gran noticia biomédica. Y puede que, en determinados casos, así lo sea. Sin embargo, las noticias sobre alimentos benéficos tienen variantes de presentación de acuerdo con sus efectos preventivos y/o curativos, dependiendo de las enfermedades sobre las cuales actúan.
En el caso de la Enfermedad de Alzheimer (EA), el sesgo informativo se decanta claramente hacia los efectos preventivos de determinados alimentos, y no son pocas las noticias que sobre el asunto llegan a la redacción de Magazín Alzheimer (MA). Sin embargo, tales informaciones deben ser tomadas con las cautelas necesarias y especialmente no ser interpretadas como panaceas preventivas, y menos aun curativas, que poco tendrán que aportarnos de forma aislada ante una fuerte predisposición genética de padecer en la EA (ver Boletín Nº 41).
La verdadera aportación de una adecuada alimentación se traduce en una disminución del riesgo a padecer determinadas enfermedades causadas por compuestos específicos que deben excluirse de la dieta, o simplemente porque una buena alimentación general favorece la condición física (equilibrios bioquímicos que permiten un correcto funcionamiento de los diversos tejidos, órganos del cuerpo y sistemas), cosa que redunda en una buena salud y, en algunos casos, podría retardar o inhibir la aparición de determinadas enfermedades, entre ellas las neuro-degenerativas.
A pesar de que no existan las ?dietas milagrosas?, los beneficios de carácter preventivo que la correcta alimentación provoca en un individuo sano coexisten con los beneficios directos o indirectos de una dieta adecuada a las necesidades del organismo ante el embate de determinadas enfermedades.
En el caso del Alzheimer, la pérdida o aumento de apetito son una de sus consecuencias, por lo que, una comida atractiva y nutritiva es fundamental para paliar éstas alteraciones. El caso de que la inapetencia o el exceso de apetito se manifiesten no quiere decir que nuestro familiar enfermo no merezca comer y alimentarse con dignidad y placer, independientemente de si lo hace siguiendo las normas culturalmente aceptadas o lo hace ?a su forma? sin hacer uso de las herramientas como el tenedor, la cuchara o el cuchillo; nuestra labor como cuidadores será motivarle a alimentarse y facilitar que lo haga nutritivamente.
No existe un consenso sobre la dieta que debe seguir un paciente, acondicionada a los diferentes estadios de la enfermedad. Sin embargo, las recomendaciones coinciden al menos en que las personas con Alzheimer deben:
? Disfrutar de su comida; su estado no debe ser motivo del descuido en la calidad, en la presentación y el sabor de los alimentos.
? Comer una amplia variedad de comidas.
? Comer la cantidad justa para conservar un peso saludable.
? Comer en abundancia de alimentos ricos en almidón y fibra.
? Comer en abundancia frutas y vegetales (al menos cinco porciones al día).
? NO comer demasiadas comidas que contengan grasas.
? NO tomar alimentos y bebidas dulces con mucha frecuencia.
? NO comer comidas demasiado altas en sal.
Para seguir estas recomendaciones generales, las personas encargadas de diseñar, sugerir (nutricionistas, dietistas y médicos) y suministrar la alimentación (cuidadores) a personas con EA se enfrentan a la necesidad de confeccionar y producir dietas que permitan tanto afrontar enfermedades específicas (la diabetes, la hipercolesterolemia, la gota, etc.), como afecciones propias de la vejez y particularmente de las neuro-degenerativas. En este aspecto, como en cualquier otro relacionado con la alimentación, el concepto de ?Buena Mesa? no debe dejarse de lado, pero debe permitir paliar situaciones específicas como las que desarrolla el enfermo de EA.
Revisando la información que se puede encontrar en varios manuales y en la red, así como numerosas noticias aisladas se podría hacer una recopilación esperando diseñar un menú alternativo ?Anti-Alzheimer?, con vituallas recomendadas en informaciones periodísticas basadas en estudios científicos de mayor o menor rigor, por ejemplo: té verde, aceite de oliva, pescado, vino tinto, algas azules, manzanas, cúrcuma (la principal especia en el polvo de curry), chocolate, frutas, vegetales, granos integrales, y antioxidantes como la vitamina E (ver noticia en http://www.aib.alzheimer-online.org/content/view/2/), en resumen, una dieta que permita la ingestión específica de ciertos lípidos aportados por ciertos alimentos (http://www.lukor.com/hogarysalud/04120101.htm), eso sí, un menú que excluya la sal de Aluminio como aderezo (ver noticia en http://www.unl.edu.ar/eje.php?ID=1365). Pero recuerden, esta lista no es más que una burda recopilación de noticias y algunas de ellas han sido refutadas.
Por ello, desde Magazín Alzheimer (MA) nos atrevemos a presentar algunas recomendaciones generales de alimentación, recalcando ─como siempre hacemos desde esta ventana─ que los asistentes sanitarios cercanos serán los que tendrán la última palabra para cada caso en particular.
Muchos alimentos proveen un rango de nutrientes y, a menudo, alimentos similares se agrupan en ?grupos alimenticios?. Se estima que ingerir una variedad de alimentos de diferentes grupos es la mejor manera de asegurar un consumo balanceado de los diferentes nutrientes necesarios para una buena salud.
En general, una dieta diseñada para un enfermo de Alzheimer debería contener: Ácidos grasos poli-insaturados (pescados grasos o aceitosos, lecitina de soja, etc.), vitamina B (cereales, frutos secos y huevo), vitamina C (frutos cítricos y vegetales amarillos y naranjas), vitamina E (antioxidante neuronal), vitamina A (anti-degenerativa), selenio (ajos, brécol, coles y champiñones).
A continuación haremos una relación de diferentes grupos de alimentos y los nutrientes que proveen, junto con algunas recomendaciones para prepararlos, ofrecerlos y servirlos.
Pan, cereales y patatas
Proveen energía y son una buena fuente de vitaminas del grupo B que, además, ayuda a liberar energía de los alimentos. Igualmente sirven para el mantenimiento del sistema sanguíneo, la sangre misma, y el sistema nervioso.
Es conveniente dar a probar y suministrar a nuestro familiar variedad de panes y cereales, incluyendo tanto integrales como blancos. La ingesta de pan es a veces dificultosa debido a las atrofias a nivel bucofaríngeo (pérdida de la capacidad de salivación y masticación), así como por la pérdida de la memoria gustativa y olfativa. Si a esto le sumamos un sabor poco intenso y condiciones poco adecuadas de suavidad y tamaño del pan, puede presentarse el rechazo a su ingesta por parte del enfermo. Para paliar estas dificultades se recomienda combinarlo con otros alimentos, especialmente a manera de pequeños emparedados o dedos (pequeñas barritas) que sean más fáciles de manejar. Es importante suministrar un poco de líquido (solo para humedecer la boca y el bolo alimenticio) de manera que se facilite la deglución.
Algunas alternativas de presentación: Tostadas con miel, mermelada (normal o baja en azúcar, según recomendación profesional sanitaria) y/o mantequilla (normal, baja en grasa o margarina, según las recomendación profesional sanitaria); dedos de pan; emparedados; galletas saladas con mantequilla o queso suave; bizcochos suaves; pequeños rollos con mantequilla y panes tipo pitta; waffles; tajadas de tarta de fruta o pan de jengibre; bollos, barritas de pan de malta o de fruta; rollos de pancakes con miel, mermelada y/o mantequilla; barras de cereales suaves.
La miel es un excelente aderezo de panes y cereales pues además de su valor nutricional realza el sabor, eleva el sentido del gusto (que ha ido atrofiándose) y permite una mejor lubricación de la cavidad bucal.
En el caso de las patatas (tradicionales, dulces, boniatos, plátanos y similares) se pueden preparar fritas, orneadas o asadas en pequeños trozos; cocidas, servidas enteras o a mitades, con o sin piel (según sea la incapacidad de nuestro familiar habrá que sopesar entre el riesgo de que no pueda ser correctamente masticada y la facilidad de coger los trozos servidos). Las patatas y similares pueden servirse acompañadas de aderezos que realcen el sabor, pero especialmente con sal (salvo mejor criterio médico).
Fruta y vegetales
Ricos en fibra y vitaminas, en particular en los antioxidantes vitamina E, C y beta-caroteno. Estas vitaminas ayudan a proteger la salud de las células del cuerpo y soportan al sistema inmune para luchar contra las infecciones. El beta-caroteno y la vitamina C se encuentra en frutas y vegetales amarillos y naranjas (en general cítricos), y en vegetales de color verde oscuro (espinacas, acelgas, etc.) que también son fuente de Vitamina E. Una vez en el cuerpo es convertido es vitamina A que, además, puede ser encontrada en alimentos de origen animal como el hígado, los huevos, el queso y la mantequilla. Una guía general es tratar de tener cinco servicios de fruta y vegetales por día para asegurar un buen rango de nutrientes.
Las frutas pueden servirse peladas o con piel (de igual manera lo descrito para las patatas), pero se recomienda que en las primeras etapas conserven la piel para facilitar que sean cogidas por el enfermo.
Las alternativas son: tajadas de manzana o pera; cuñas de melón; rodajas o cuñas de piña; gajos de naranja y mandarina; fresas y frambuesas; albaricoque, durazno, nectarinas (sin semilla) cortadas en tajadas, cuartos o mitades; rodajas de kiwi; uvas sin semilla; plátanos, enteros o en trozos. También deben considerarse los frutos secos (albaricoque, pera, manzana, ciruela) listos para comer y sin semilla.
En el caso de los vegetales, éstos pueden ser cocidos al vapor, cocinados o crudos, dependiendo de cómo los prefiera nuestro familiar y de su capacidad de manejo e ingesta.
Las alternativas vegetales son: pequeños ramilletes de brócoli y coliflor; zanahoria, nabo sueco o chirivía, cortados en bastones o cubos; coles de bruselas; bastones o trozos de apio; alubias y judías verdes; tajadas, rodajas o bastones de pepino; ensalada de tomates cortados en gajos o trozos; tajadas o bastones de calabacín y pimientos; setas en trozos.
Alimentos como los garbanzos, las alubias, las lentejas pueden ser servidos bien sea cocidos o en crema, pero con el avance de la enfermedad requerirán de la ayuda directa del cuidador para su ingesta.
Carne, pescados y alternativas
Este grupo incluye las carnes rojas y blancas, pescados, vísceras, huevos, avellanas, alubias y judías, lentejas y productos de soja como el tofu. Estos alimentos son una buena fuente de proteínas y también proveen algunas de las vitaminas del grupo B, especialmente la B12, necesaria para la salud del sistema nervioso y la formación de glóbulos rojos de la sangre. Las carnes rojas, los pescados aceitosos, el hígado, el riñón, las alubias y las lentejas son fuentes de hierro y folato para mantener la sangre saludable. Pescados aceitosos, tales como el salmón, caballa, arenque y sardinas, son fuentes se unas grasas esenciales llamadas aceites omega-3, que juegan una parte importante en el mantenimiento de la salud del corazón y del sistema nervioso. Se recomienda comer pescados aceitosos al menos una vez a la semana.
Este grupo de alimentos, especialmente la carne, es de difícil ingesta por parte de enfermos de EA, debido a la dificultad que supone su sequedad para la masticación, por lo que es indispensable presentarla troceada o molida y suficientemente humedecida.
Las alternativas para servir estos alimentos son: carnes rojas blandas, sin nervios ni cartílagos, en trozos; pechuga de pollo cortada en trozos; carne molida y frita a modo de hamburguesas; albóndigas de pequeño tamaño; embutidos preferiblemente cocidos; trozos de filete de pescado (sin espinas), dedos de pescado, pequeñas tartas de pescado o cangrejo; trozos de brazo de cerdo. Fuentes alternativas de proteínas a la carne que pueden incluirse en la dieta son las hamburguesas y embutidos vegetales; los trozos de pizza; los huevos duros cocidos sin cáscara; los cubos o bastones de queso; las tajadas de queso sobre tostadas; los kebabs y los kibbes.
Reiteramos que es esencial que la carne no se ofrezca en trozos demasiado grandes, que sea suficientemente blanda y libre de nervios además que no esté demasiado seca, por lo que su acompañamiento con salsas olorosas y de colores intensos es aconsejable.
Por otra parte, las carnes rojas y grasas deben ser suministradas o no, siguiendo las recomendaciones de dietistas, nutricionistas y médicos.
Grasas y aceites
Este grupo incluye la margarina, la mantequilla, y aceites vegetales tales como aceite de oliva o de girasol. Estos alimentos son fuentes concentradas de energía, y no son muy necesarias en grandes cantidades. Las margarinas proveen de vitaminas D y E, mientras que los aceites vegetales son buena fuente de vitamina E.
Otros alimentos
En este grupo caben alimentos muy variados ─como dulces y golosinas, tartas, galletas, patatas fritas, pizzas, bebidas gaseosas y alcohólicas─ que no son ricos en nutrientes y que principalmente proveen de calorías o energía de las grasas o el azúcar. Estos alimentos pueden ser incluidos dentro de una dieta balanceada, pero consumidos con frecuencia reducen el apetito por alimentos más nutritivos. Es cuestión de moderación, aunque se recomienda la supresión total de bebidas alcohólicas.
Leche y derivados
Además de las referencias hechas a las aportaciones nutricionales de éstos alimentos en apartes anteriores, los derivados de la leche son una buena fuente de proteínas, las cuales son necesarias para construir y reparar los tejidos, además de proveer el calcio necesario para los huesos y dientes. Para ayudar al cuerpo a absorber el calcio de los alimentos, necesitamos vitamina D, que se forma principalmente por la acción de la luz solar sobre la piel. A pesar de que algunos alimentos pueden proveer esta vitamina, en personas mayores un suplemento puede ser requerido (precisamente en la Web http://www.newbeingnutrition.com/translate/es/?/sup_alzheimers.htm se ofrece una guía des suplementos para la enfermedad de Alzheimer que deben ser consultados con los servicios médicos antes de incorporarlos a la dieta).
Otras bebidas
Beber suficientes líquidos durante y cada día es vital para la buena salud. Una baja ingesta de líquidos puede devenir en deshidratación, pero aunque no se llegue a ello, si no suministramos a nuestro cuerpo una cantidad suficiente de fluidos someteremos a las células (y por ende a los tejidos y a los órganos) a un estrés bioquímico que causa muchos malestares y enfermedades. Por ejemplo, se puede aumentar el riesgo de constipación, afecta el humor, con consecuentes irritabilidad y confusión. Algunas personas con demencia no pueden reconocer que están sedientos o simplemente se olvidan de beber.
Una recomendación saludable es beber al menos ocho vasos de líquido diario (agua, infusiones, zumos de frutas, leche y otras bebidas suaves). En el caso de los enfermos de EA en estados iniciales, delicados recordatorios e invitaciones a beber pueden ayudar, especialmente si se ofrece el vaso directamente en lugar de dejarlo sobre la mesa. Se recomienda que durante las comidas solo se ofrezca la cantidad de líquido necesario para humedecer el bolo y facilitar su deglución, mientras que el suministro más importante de fluidos se debe hacer entre comidas para facilitar la digestión y reponer los consumidos durante este proceso.
Conclusiones
Como mencionamos anteriormente, los requerimientos dietéticos varían de persona a persona, y especialmente para quienes padecen de demencia, ya que su alimentación puede estar influenciada por el estado generado por la misma, la capacidad física y el estado anímico para comer cierto tipo de alimentos, la condición médica general de la persona y otras circunstancias. Por ello, recalcamos que cualquier dieta que se recomiende en los medios públicos de comunicación (páginas Web, diarios, revistas, televisión, etc.) solo deben tomarse como guías que no son aplicables en todos los casos, y que la última palabra la tiene el personal sanitario adecuado.
Sean cuales sean los alimentos que se ofrezcan a nuestro enfermo de Alzheimer debemos provocar en él una reacción favorable mediante el olor y el color de los alimentos, por lo que es conveniente realizar un ofrecimiento previo de los mismos, con mucha paciencia y amor, y que sea el preludio de un acto placentero y compartido, más que mecánico y solitario.
Bibliografía recomendada
A continuación ofrecemos y recomendamos algunas webs, libros y documentos de interés. Por ejemplo, la Fundació ACE editó en 1999 el libro ?Una cocina para el enfermo de Alzheimer? (dirigido por Lluis Tárraga y Mercé Boada) en el que se abordan: la historia natural del proceso de alimentación durante la EA; las causas neurológicas del dejar de comer; el soporte nutricional requerido para afrontar la enfermedad y las estrategias para lograr la satisfacción nutricional; el papel de la nutrición y los fármacos en pacientes ancianos; el papel de la nutrición artificial en pacientes con EA; y recomendaciones sobre la alimentación en sí misma con una dieta equilibrada, variada tanto en alimentos como en formas de cocinar, y rica en suculentos menús diseñados para el bienestar y si es posible, el placer de nuestro querido familiar enfermo. Para consultar este documento os podéis dirigir a la Fundació ACE a la dirección electrónica mdetorres@familazhiemer.org.
También merece mención el folleto ?Alimentación y Alzheimer? editado en 2004 por la Fundación Institut Catalá de l?Envelliment (FICE) que hace parte de la colección ?Cuando sea Mayor? que de forma más general ofrece recomendaciones para hacernos mayores de manera activa y saludable, basados especialmente en los hábitos alimenticios. Este libro puede ser solicitado directamente a la FICE o las asociaciones de pacientes y familiares de Alzheimer.
Otro documento al respecto, en este caso orientado a los servicios asistenciales y profesionales del ramo es el editado por Novartis titulado ?Manual de Recomendaciones Nutricionales en Pacientes Geriátricos?, en el que se destaca el capítulo escrito por Mercè Boada Rovira y Mercè Planas Vilà que lleva por título ?Demencia Senil y enfermedad de Alzheimer?.
En http://www.calidalia.com/index.php/nutricion/content/view/full/3471 se presenta un modelo de menú semanal diseñado por Liliana Oliveros Leal, Diplomada en Nutrición Humana y Dietética.
En http://www.euroresidentes.com/Recetas/cocina_vegetariana/ y http://www.buenosenlaces.com/recetasv.htm se ofrecen una variedad de recetas vegetarianas que pueden ser adaptadas para el consumo de nuestro familiar enfermo, de acuerdo con las recomendaciones establecidas a lo largo de nuestro artículo.
Para finalizar, recordad que debemos servir dignamente a nuestro familiar y hacer del acto de comer lo más placentero y tranquilo posible; para ello el principal ingrediente es el amor.
Agenda
Neurodegenerative Diseases: Biology & Therapeutics
Fecha
04-12-2008 al 07-12-2008
Lugar
Cold Spring Harbor Laboratory - NY - EE.UU.
Organizado por
Mount Sinai School of Medicine - University of Pennsylvania - Massachusetts General Hospital








