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08-05-2006

Vestir al enfermo de Alzheimer: dignidad, aseo y comodidad

Autor: Carlos Acosta Rizo

Como en otras de las actividades cotidianas privadas del enfermo de Alzheimer, la de vestirnos es muy importante, pues además de su influencia en el aseo y comodidad también pude ser causa de una experiencia frustrante y de trasformaciones lacerantes de la propia dignidad del enfermo y de su familia. Pero, ayudando cariñosamente a nuestro querido enfermo a mantener su apariencia podemos promover su autoestima. No olvidemos que durante nuestra vida, nuestro vestuario ha significado una representación de lo que somos, de nuestra individualidad, por lo que los cuidadores debemos mantener el equilibrio entre la confortabilidad, el estilo y la identidad de la persona a quien cuidamos.

Estímulo antes que imposición

Por todo lo anterior, es importante que el cuidador se convierta en un guía u orientador de esta actividad más que en un vestidor impositivo de sus propios gustos, de manera que la persona enferma pueda tomar sus propias decisiones hasta cuando sea posible.

Para ello es importante:

? Primero que todo, debemos asegurarnos de que la habitación está a una temperatura adecuada que no produzca reacción en nuestro enfermo.

? Tratar de que el cambio de ropa sea antecedido por la ducha o el baño, así como por las necesidades fisiológicas asociadas al sanitario, intentando que esto se convierta en rutinario.

? Preguntar a nuestro enfermo lo que desea ponerse, aunque es preferible limitar las posibilidades de escogencia ofreciendo no más de dos opciones de vestuario, tratando de que el ropero contenga solo lo necesario.

? Tratar de mantener la rutina de la persona en el proceso de vestido, procurando ser una guía indirecta e incitadora, sin intervencionismo exagerado, presentando las piezas de ropa en el orden en que nuestro enfermo debe o acostumbre a colocárselas, o simplemente sostengamos pieza por pieza de ropa (de una en una) al tiempo que se le dan cortas y simples instrucciones para vestirse.

? Debemos tener paciencia pues la demencia hace que el procesamiento de la información en el cerebro Alzheimer sea más lento antes de ser usada, por lo que una sobre-estimulación puede causar cuadros de ansiedad.

? Igualmente procuremos ser cuidadosos y tener tacto cuando debamos enmendar algún error que se cometa en el proceso, y tratar de convertirlo en algo divertido en lugar de confuso.

? A ceptar las discrepancias de las personas a nuestro cargo, ser laxos con sus gustos y decisiones. Si es el caso de que quiera ponerse siempre lo mismo, disponer de varios juegos de ello.

? Se debe evitar dejarlo solo a nuestro enfermo en esta actividad, pues puede sufrir ansiedad si no resulta bien, o incluso sufrir caídas, además de que permite controlar volver a ponerle la ropa sucia.

? La actividad debe ser acompañada de una gran predisposición anímica con palabras de ánimo y generadoras de confianza, que se traduzcan en gestos y manipulaciones suaves pero seguras, con comentarios sobre lo que Usted está haciendo y sobre cosas que atraigan la atención de nuestro enfermo. Si se logra que la actividad se convierta en algo divertido de seguro, él se sentirá más relajado y confiado.

? Si la persona está reacia a la actividad se sugiere dejarlo por un momento la actividad e intentarlo posteriormente. Si la persona está reacia a cambiarse las ropas sucias se puede tratar de sustituir las por las limpias a la hora de acostarse o durante el baño o ducha. Recuerde que las palabras de aliento y de elogio surten siempre mejores efectos que los regaños.

? Preguntar sobre su confortabilidad a nuestro enfermo, pero intentar estar atento a manifestaciones indirectas de disconformidad u otros signos como talladuras en la piel, sudoración, dificultad de movimientos, etc., pata tratar de enmendar la situación.

? Siempre es preferible permitir un vestuario inusual en lugar de una confrontación, en la medida que ello no afecte a su salud.

? En cualquier caso, siempre será nuestra atención, juicio, cariño y paciencia lo que nos permitirá implementar las actitudes necesarias, muchas veces ingeniosas, para facilitar la labor, para simplemente intentar algo nuevo.

Sobre las prendas

? Las ropas han de ser flexibles, lavables, fáciles de poner y quitar, amplias y acordes con la temperatura ambiente.

? Se aconseja sustituir los botones por velero, utilizar calzado sin cordones, con cierres de velero o elásticos que se ajusten bien al tobillo, y de suela porosa con buen agarre en lugar de suelas de cuero o deslizantes.

? Evitar el uso excesivo de sandalias de casa, especialmente cuando se acentúen los problemas de locomoción, pues este calzado no ofrece soporte al pié y puede provocar accidente.

? Si se piensa en comprar ropa para la persona enferma, se aconseja hacer el esfuerzo, hasta cuando sea posible y de acuerdo con la reacción, de llevarlo consigo para que el intervenga en el proceso de selección del estilo y color que prefiera.

? Es importante chequear y ajustar las ropas de acuerdo con la talla de nuestro enfermo, ya que las pérdidas y ganancias de peso son frecuentes.

? Es lo posible se recomienda comprar ropas fáciles de lavar y que no requieran planchado, ya que esto permitirá tenerlas disponibles más rápidamente, y reducir el trabajo como cuidadores.

? La ropa interior debe ser muy cómoda, de fácil postura y retirado (especialmente los sostenes en las mujeres). Igualmente, es preferible en los hombres el uso de boxers con abertura frontal.

? Los accesorios son importantes en el proceso de vestido, tanto las que corresponden directamente a objetos a usar como: diademas, anillos, sombreros, joyas, etc., como los que corresponden a: pintura de uñas, maquillaje, gomina, etc.; por ello, no debemos eliminarlos, siempre y cuando no atenten contra su salud. Quizás en estos aspectos nuestros enfermos requieran una ayuda más directa.

Para finalizar debemos siempre recordar que la persona con demencia única con sus propias y diferentes experiencias de vida, sus propias necesidades y sentimientos, y sus propios gustos y desagrados, en pocas palabras un valioso ser humano que debe ser tratado con respeto a pesar de su enfermedad. Precisamente cabe anotar que, aunque algunos síntomas de la enfermedad son comunes, los efectos de la demencia son diferentes en cada persona.

Si podemos entender lo que la persona enferma está atravesando, si logramos ser flexibles y tolerantes, si les escuchamos y conseguimos convertir esos momentos en instantes de gozo, quizás entonces será más fácil realizar la labor de cuidadores, porque nuestro mejor vestido es el que se ha tejido con el hilo de la comprensión y el cariño.

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