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04-09-2006

El Medio Ambiente y el Alzheimer

Autor: Carlos Acosta Rizo

A menudo asociamos la mayoría de las enfermedades degenerativas a un origen genético o al menos las consideramos productos de lo que coloquialmente se denomina herencia familiar. Pero los factores no genéticos, especialmente los ambientales, están siendo cada vez más estudiados, particularmente en relación a enfermedades neurodegenerativas como la enfermedad de Alzheimer (EA).

Algunas estadísticas reflejan que cerca del 80% de las enfermedades en la edad adulta tienen una base genética, tal como lo anotó el Dr. Cacauelos, presidente de la Sociedad Española de Genómica en un artículo publicado en Gerontología, mayo 5, 2005), o como en el caso particular de la EA que se considera una enfermedad con un porcentaje muy alto (98%) de implicación genética (Magazín Alzheimer lo ha explicado en su edición Nº 41 de marzo de 2006). Pero sería necio pensar en que las enfermedades, como cualquier suceso del universo físico tienen una causa única, ajena a condiciones aleatorias paralelas. En el caso de la EA se ha llegado ha estimar por algunos investigadores que las causas que la desencadenan son variadas e inciden tanto factores genéticos como ambientales en el 95 y el 99 por ciento de los casos.

 Los factores no genéticos que pueden estar relacionados con la EA (sin que esto quiera decir que son la causa) son de diverso tipo:

? La edad (mayor incidencia de la EA en personas mayores de 65 años).

? El género (la EA es más frecuente en las mujeres que en los hombres, siendo la proporción de 1.6:1).

? La discutida incidencia del nivel de instrucción y los años de escolaridad (relacionada con una mayor o menor reserva cerebral).

? La afección ocasionada por traumatismos craneales con pérdida de conciencia temporal (relacionada con la formación de Beta-amiloide y la inflamación cerebral a su alrededor).

? Factores sociodemográficos (edad, género, etnia y nacionalidad, geografía, medio natural de crecimiento rural o urbano).

? Factores vinculados con las condiciones premórbidas (coeficiente intelectual y capacidad lingüística, nivel educativo o escolarización, reserva cerebral y reserva cognitiva, volumen cerebral, inteligencia y demencia, personalidad premórbida, estrés y depresión).

? Factores relacionados con la historia médica anterior (hipertensión arterial, colesterol, uso de estatinas, obesidad, cirugía coronaria).

? Hábitos de vida (tabaco, alcohol, alimentación, dieta ?p.ej. bajos niveles de Zinc? y antioxidantes, actitud exitencial, actividades intelectuales, sociales y físicas, generación de nuevas neuronas, riesgos laborales).

Muchos de estos factores considerados ?ambientales? están siendo estudiados (especialmente en los Estados Unidos) al margen de cualquier consideración genética, en relación a su incidencia en la aparición de la EA en poblaciones de un barrio, distrito, pueblo, comarca, y en relación a la mayor frecuencia de aparición de la EA en determinadas familias con condiciones de vida similares en miembros de la misma o de diferente generación.

Tras la huella de los virus

Por ejemplo, pueden ser considerados factores ambientales la actuación de los virus. Son varias las enfermedades neurológicas degenerativas causadas por virus, como la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, por lo que algunos investigadores no descartan la ruta vírica como causa posible de la EA, y siguen explorando en este sentido, especialmente apuntando a la posible ventana de vulnerabilidad que puede abrirse en una persona al presentarse simultáneamente una predisposición o sensibilidad genética y el deterioro del sistema inmunológico. Sin embargo, aun no existe evidencia de que esta enfermedad sea transmisible.

Un estudio publicado en GeoSalud (http://geosalud.com/alzheimer/alzheimer2.htm) ha indicado que «el virus 1 del herpes puede proporcionar este enlace; los resultados encontraron que el riesgo de la EA es muy alto en las personas con ApoE4 que también tienen evidencia de este virus, pero el riesgo es normal en las personas con tan sólo uno de estos factores».

Sobre la pista de las tóxinas del medio ambiente Factores ambientales como la exposición a tóxinas (disolventes, pesticidas y metales) como incidentes en la aparición de la EA y otras enfermedades (Parkinson, esclerosis lateral amiotrófica o enfermedad de Lou Gehrig, y otras enfermedades del sistema inmunológico y endocrino) están siendo estudiados por entidades como la NIEHS de los Estados Unidos (Nacional Institute of Environmental Health Sciences que hace parte de los Nacional Institutes of Health). La investigación está siendo orientada en áreas como:

? El desarrollo de biomarcadores de enfermedad preclínica para identificar personas en alto riesgo para tóxicos ambientales selccionados y para identificar personas quienes se beneficiarían de medicamentos neuroprotectores.

? Estudios epidemiológicos para identificar agentes específicos y/o combinación es de químicos asociados con un riesgo creciente de desordenes neurodegenerativos.

? Desarrollar modelos de exposición crónica a agentes ambientales y potenciación de las interacciones químicas en función de daño neurona.

? Estudios, usando animales modificados genéticamente, para identificar el incremento de susceptibilidad a la neurodegeneración ambientalmente inducida.

? Estudios sobre los efectos de dolor y de inflamación sobre la neurodegeneración inducida por tóxicos.

Algunos de tales estudios como el adelantado por los doctores Lilian Calderón-Garcidueñas, MD, Ph.D. and James Swenberg, Ph.D. (University of North Carolina at Chapel Hill) sugieren que la exposición a altos niveles de aire polucionado está asociada con la inflamación del cerebro y la acumulación de proteínas tóxicas, que son dos causas de disfunción neuronal que aflora con síntomas de la EA en seres humanos (la primera parte de la investigación fue hecha mediante material de cerebros de perros, y posteriormente en muestras cerebrales humanas productos de autopsias en Ciudad de México).

Aunque estos resultados necesitan ser confirmados en estudios de mayor alcance, los resultados han identificado un potencial riesgo de salud pública de gran importancia. Los autores concluyen que «los resultados sugieren una clara necesidad de realizar estudios epidemiológicos y toxicológicos que puedan caracterizar más completamente la asociación entre exposición crónica a aire polucionado y el riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer» (Toxicol Pathol. 2004 Nov-Dec; 32 (6): 650-8.)

La traza de elementos y metales tóxicos (información modificada de NIEHS http://www.niehs.nih.gov/external/faq/aluminum.htm)

El Aluminio es uno de los elementos más abundantes del medio ambiente, por lo que es común la exposición humana a este metal. Sin embargo, su ingestión es relativamente baja ya que es un elemento altamente insoluble en la mayoría de sus formas naturales de ocurrencia. Por otro lado, la importancia del contacto ambiental con Aluminio es atenuada por el hecho de que menos del 1% de lo ingerido oralmente es absorbido por el tracto intestinal.

El promedio de ingestión humana de Aluminio se estima entre 30 y 50 mg por día, ingestión proveniente principalmente de las comidas, agua corriente y medicamentos. Basados en los máximos niveles reportados en el agua corriente (tratada), menos de ¼ del total ingerido proviene del agua.

Algunos aditivos comunes en las comidas contienen Aluminio, como es el caso del queso procesado y de panes de maíz, considerados en los Estados Unidos como los mayores contribuyentes alimenticios de Aluminio.

En relación con los medicamentos, algunas medicaciones comunes sin prescripción médica tales como los antiácidos y la Aspirina contienen suficiente Aluminio como para incrementar la ingesta diaria significativamente.

Desde hace pocos años, existe la preocupación sobre las exposiciones que son resultado del desprendimiento del Aluminio de utensilios de cocina (hoyas y sartenes). Sin embargo, como regla general, se estima que esto representa una relativamente pequeña cantidad del Aluminio ingerido diariamente, llegando a ser potencialmente significante solamente cuando se cocinas alimentos altamente básicos o ácidos, por ejemplo salsa de tomate (aluminio acumulado de 3-6 mg por 100 g de salsa).

Se ha encontrado que ciertos compuestos de Aluminio son un importante componente del daño neurológico característico de la EA. Gran parte de la investigación en la última década se ha focalizado sobre el papel del Aluminio en el desarrollo de esta enfermedad. A pesar de ello, la ingerencia del incremento de Aluminio ingerido con relación al comienzo o aparición de la EA no está aun claramente definida ni determinada, y se requieren medidas en exposiciones de largo tiempo, especialmente relacionadas con la ingestión de agua.

Entre las investigaciones desarrolladas, se cuenta con la realizada por parte de la NIEHS, relacionadas con altos niveles ambientales de aluminio y metales pesados, e incluso buscando respuestas a preguntas tales como, si el desarrollo de la EA puede empezar en el período prenatal, debido a la exposición fetal a los metales pesados tóxicos. Los resultados preliminares de la investigación sugieren que en tales circunstancias se presenta una creciente expresión del gen APP que induce al aumento de la formación de placas de Beta-amiloide, aun cuando no se haya tenido exposición a los tóxicos después del nacimiento, lo cual puede causar o influir en cambios neurodegenerativos a lo largo de la vida (Basha MR, Wei W, Bakheet SA, Benitez N, Siddiqi HK, Ge YW, Lahiri DK, Zawia NH. The fetal basis of amyloidogenesis: exposure to lead and latent overexpression of amyloid precursor protein and beta-amyloid in the aging brain. J Neurosci. 2005 Jan 26; 25 (4): 823-9.

En el Diario de Toxicología Nº 19, de abril de 2005, el artículo ?Los peligros del Mundo Químico? (http://www.uch.ceu.es/principal/noticias_toxicologia/gacetaToxica/19.pdf#search=%22plomo%20alzheimer%22) de los Drs. Monitor, Sanchos y Lita V., también anota la posible ingerencia de la intoxicación por Aluminio en la aparición de la EA.

El Plomo es otro de los elementos que están en la mira de los investigadores. Una noticia reproducida por varios medios en mayo de 2000 se indicó que investigadores del Hospital Universitario de Cleveland, en Ohio (coordinados por la Dra. Elisabeth Koss), anunciaron que según los resultados de un estudio realizado con base en la comparación de la historia profesional de 185 sujetos con Alzheimer y de otros 303 individuos sin dicha patología «los trabajadores que tienen una exposición laboral al plomo presentan un mayor riesgo de desarrollar Alzheimer.

Dicha teoría se relaciona con otra que asegura que la actividad intelectual protege frente a la neurodegeneración, ya que los trabajadores expuestos a dicho material suelen tener un nivel educativo bajo, según se ha puesto de manifiesto en la Reunión Anual de la Asociación Americana de Neurología».

Según el estudio, « Las actividades de más alto riesgo son: la fundición o vaciado de plomo, la remoción de coberturas, el calentamiento, operación o aplicación de productos de plomo, y la fabricación de productos de ese metal. Esta última actividad incluye la manufactura de baterías ácidas, la fabricación de vajilla y utensilios de plomo, de municiones, la producción de cables, de tuberías, la manufactura de componentes eléctricos, y producción de pinturas y tintes.

Estudios previos demostraron que la educación sobre este tema tiene un efecto muy positivo en la prevención del Alzheimer, punto esencial dado que muchos trabajadores no capacitados están mucho más expuestos a elementos tóxicos.

La relación de estos resultados con el nivel educativo, expresada por tales investigadores, se basa en que los sujetos con menor educación son más propensos a desarrollar trabajos mecánicos, pueden tener más exposición al plomo que los que se dedican a trabajos de oficina, los investigadores han ajustado estadísticamente a los participantes en función de los niveles educacionales.

«Los esfuerzos en materia de salud pública han tenido éxito al urgir a la eliminación del plomo en productos como la gasolina, los alimentos pre-envasados y las latas de refresco», subrayó la Dra. Koss, quien añadió que «sin embargo, necesitamos seguir en alerta sobre otras fuentes de intoxicación en el hogar y en el puesto de trabajo, y que incluyen pinturas viejas, suelos contaminados, agua potable, y determinados hobbies y actividades».

Los investigadores creen que la estimulación cerebral asociada con unas actividades intelectuales y físicas actúa frente a la neurodegeneración, a pesar de que los científicos no han podido descartar la posibilidad de que niveles menores de actividad mental son síntomas de la enfermedad en momentos muy precoces.

Siguiendo la ruta de las ondas electromagnéticas

A los agentes contaminantes ya conocidos se ha sumado la contaminación electromagnética, como subproducto del desarrollo tecnológico masivo basado en la electricidad y las comunicaciones.

Según la Web de Ecoportal.net (http://www.ecoportal.net/noti/notas172.htm) «cuando nos referimos a contaminación electromagnética o electro polución, hablamos de la contaminación producida por los campos eléctricos y electromagnéticos, como consecuencia de la multiplicidad de aparatos eléctricos y electrónicos que nos rodean por todas partes, tanto en nuestro hogar como en el trabajo. Son radiaciones invisibles al ojo humano pero perfectamente detectables por aparatos de medida específicos».

En esta misma Web se anota que «dada la proliferación incontrolada de fuentes de contaminación electromagnética a nuestro alrededor, son múltiples los científicos de renombre internacional que han mostrado su interés por el tema, advirtiendo del creciente riesgo a que nos vemos sometidos; en este sentido, apuntan no pocas investigaciones publicadas en prestigiosas revistas científicas.

Entre los efectos adversos publicados en estas investigaciones podemos destacar los siguientes: cefaleas, insomnio, alteraciones del comportamiento, depresión, ansiedad, leucemia infantil, cáncer, enfermedad de Alzheimer, alergias, abortos, malformaciones congénitas, etc».

No es fácil seguir la pista de los estudios que han reportado una incidencia mayor a la EA en las personas expuestas a campos electromagnéticos intensos. Algunos investigadores creen que los campos electromagnéticos pueden interferir en la concentración del calcio dentro de las células y otros creen que pueden aumentar la producción de Beta-amilode.

Sin embargo, la comunidad científica aun no tiene nada claro al respecto. Al respecto, el Dr. Justo García de Yébenes, profesor de neurología de la Universidad Autónoma y jefe de servicio de la Fundación Jiménez Díaz (ambas en Madrid) anotaba para el Diario de Málaga de 09/07/2004 que «no tenemos evidencia clara de que produzcan la enfermedad de Alzheimer, sino otras demencias».

Una reflexión ambiental

Como otros tantos temas, el asunto del Alzheimer y su componente ambiental nos pone nuevamente de cara ante nuestra ignorancia. Es mucho lo que aun nos queda por descubrir y sobre todo entender, especialmente en relación con nuestra interacción con un medio ambiente cambiante, y que tal vez sea tremendamente diferente al de la generalidad de nuestros antepasados recientes (solo uno o dos siglos atrás). A veces las ideas y premisas con que trabajan los científicos parecen traídas de los cabellos, pero hay que seguir todas las pistas, si queremos conocer.

Lamentablemente, la información con la que contamos fácilmente nos puede poner del lado amarillista de la situación, y llevarnos a la paranoia ambiental que nos haga pensar que ?todo puede enfermarnos?, tal como sucedió con los miles de agentes que, supuestamente, ocasionan el cáncer.

Puede ser que muchas cosas del medio ambiente influyan en la aparición de tal o cual enfermedad; puede que una enfermedad tan dolorosa como la EA tenga algún vínculo con elementos orgánicos e inorgánicos de nuestra vida diaria (o la de nuestros padres), pero de seguro, ese solitario factor no será el responsable único de la aparición de la enfermedad. Será la combinación de muchos lo que de origen a la aparición de la EA, e incluso en condiciones ambientales desfavorables, puede que la predisposición genética no se manifieste y viceversa.

Lo que si es cierto es que el sentido común nos indica que un medio ambiente más agresivo con nuestra condición física (especialmente genética) debe influir ostensiblemente en la aparición de determinadas enfermedades. Todo está aun por descubrir, y principalmente por comprender, porque quizás sabemos mucho, pero aun comprendemos poco.

Material de interés para conocer más

A continuación les ofrecemos una serie de enlaces en los que encontrarán información sobre diversas investigaciones relacionadas con la incidencia de agentes ambientales en la aparición y desarrollo de la EA, entre otros:

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Libros destacados

Agenda

Neurodegenerative Diseases: Biology & Therapeutics

Fecha
04-12-2008 al 07-12-2008

Lugar
Cold Spring Harbor Laboratory - NY - EE.UU.

Organizado por
Mount Sinai School of Medicine - University of Pennsylvania - Massachusetts General Hospital

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