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04-09-2006

Tecnología y Alzheimer, una relación necesaria

Autor: Carlos Acosta Rizo

La esperanza que el ser humano ha puesto en la ciencia y en la tecnología, especialmente desde el pasado siglo XX, se ha visto matizada con opuestas oleadas de excitación y de pesimismo según han mantenido y aparecido retos o se han logrado increíbles avances con respecto a ellos.

Por otra parte, parece que cunde el asombro por todos los logros tecnológicos que, sin ser dirigidos hacia la solución de problemas de orden apremiante, han modificado de forma ostensible nuestro entorno y nuestra manera de vivir.

La valoración que podamos hacer sobre los electrodomésticos, los medios de transporte, la cibernética, la robótica, la informática, la tecnología aeroespacial, las telecomunicaciones, etc., tendrá miles de variables de difícil abordaje con aspectos positivos y negativos desde marcos de visión estrechos hasta percepciones muy amplias (de orden global).

Sin embargo, en ningún otro aspecto de la vida humana se ha depositado tanta ilusión y expectación en el avance de la tecnociencia como en lo que tiene que ver con la salud; y es posible que en ningún otro aspecto se hayan valorado tan positivamente o negativamente los logros y los fracasos.

Los avances biotecnológicos que se han hecho tan comunes en el último cuarto del siglo XX y en estos primeros años del XXI son solo la punta del iceberg de una tecnociencia que apunta también hacia la resolución de problemas relacionados con la vida humana y especialmente la salud.

En el presente artículo, Magazín Alzheimer (MA) quiere ofrecer una aproximación a algunas de las aplicaciones tecnológicas recientes relacionadas con la enfermedad de Alzheimer, sin pretender hacer una valoración general de la tecnociencia pero con un marcado mensaje de mesurado optimismo y reflexión ante los particulares beneficios de la tecnociencia, y en contra de un determinismo tecnocientífico indolente que entrega la conducción del futuro humano a la aleatoriedad de las acciones de muy pocos.

Algunas aplicaciones tecnocientíficas recientes relacionadas con la EA

Tecnociencia para el diagnóstico precoz. Uno de los aspectos que más interesa a los investigadores sobre la EA es lograr un diagnóstico de la enfermedad lo más precoz posible ¿Por qué? Porque la evidencia científica está diciendo que el mal, la lesión estructural del cerebro ya se ha formado muchos años antes de que se pueda ver y diagnosticar.

Por otra parte, los tratamientos con medicamentos deben ser probados y para ello hace falta más tiempo, pero se pueden probar medicamentos sino se tienen diagnósticos, tampoco cuando la enfermedad está muy avanzada porque el resultado no será bueno; se han de probar cuando la enfermedad está muy al inicio, por todo esto, es una necesidad urgente poder hacer un diagnóstico lo más precoz posible de la EA.

En este sentido, los científicos están buscando nuevas fórmulas para medir los cambios que tienen lugar en el cerebro a medida que envejecemos y aquellos que aparecen durante la progresión de la alteración cognitiva leve, un estado intermedio ?sutil pero detectable? entre los cambios cognitivos normales de la vejez y un estadio temprano del Alzheimer.

En este tema, los avances tecnológicos prestan una ayuda importante a los investigadores. Para comenzar mencionemos un par de noticias que nos dejan ver a las claras la interrelación entre la investigación científica y el uso de la tecnología de punta en la búsqueda del diagnóstico precoz.

Las nuevas imágenes del cerebro. La primera noticia hace saber que el Centro de Magnetoencelografía de la Universidad Complutense de Madrid va a acoger el mayor proyecto científico realizado a nivel mundial sobre la enfermedad de Alzheimer (EA).

Se trata de investigar el patrón evolutivo 'normal' en ancianos sanos y, a la vez, determinar aquellos pacientes con Deterioro Cognitivo Leve (DCL) que presentan un mayor riesgo de desarrollar la EA. La importancia del estudio reside en que el DCL se considera la 'antesala' del Alzheimer y, por lo tanto, es vital conocer qué caracteriza a aquellos que la desarrollan antes.

La tecnología que hace posible el estudio se basa en la prospección llamada Magnetoencefalografía (MEG) es una técnica no invasiva que registra la actividad funcional cerebral, mediante la captación de campos magnéticos, permitiendo investigar las relaciones entre las estructuras cerebrales y sus funciones. La posibilidad de dichos registros viene determinada por la actividad postsináptica neuronal y por la activación sincrónica de millones de neuronas, lo que genera una actividad cerebral uniforme, diferenciada y localizada, capaz de ser registrada mediante magnetómetros localizados a lo largo de la convexidad craneal.

El equipo de Magnetoencefalografía de la Universidad Complutense de Madrid consta de 148 squids, shielded room y Neuroscan (R) de 64 canales (màs información sobre esta tècnica en http://enciclopedia.us.es/index.php/Magnetoencefalograf%EDa.

En este mismo tono, un artículo de febrero de 2006 escrito por Cristina de Martos en el Mundo.es (http://www.elmundo.es/elmundosalud/2006/02/20/neurociencia/1140430260.html) describe que los Institutos Nacionales de Salud de EE.UU. han iniciado el ?Alzheimer's Disease Neuroimaging Initiative (ADNI)?, un proyecto encaminado a detectar cambios tempranos en el cerebro de aquellas personas que padecen Alzheimer y que permita intervenir lo antes posible en el curso de la enfermedad.

La meta es observar alteraciones críticas del cerebro e identificar indicadores bioquímicos que puedan ser útiles para evaluar los tratamientos dirigidos a ralentizar la pérdida de memoria que ocurre en el Alzheimer.

Para lograr estos objetivos, los científicos emplearán diferentes técnicas diagnósticas. Tanto la resonancia magnética como la tomografía de emisión de positrones (PET) servirán para observar los cambios estructurales del cerebro, mientras que el análisis de sangre, orina y líquido cefalorraquídeo medirán diferentes marcadores biológicos.

Además, los investigadores esperan que lo que aprendan a partir de las imágenes del cerebro y de las demás pruebas ayude a disminuir la duración y el coste de ensayos con fármacos y a poder administrar los tratamientos antes.

Vale la pena mencionar como la tecnociencia también permite el reciclaje de desarrollos recientes (pero ya considerados clásicos) en pro de novedosas aplicaciones. Es el caso anunciado en el reciente julio de 2006 por un grupo de investigadores franceses, encabezado por el neurólogo francés Bruno Dubois, quien también explora la manera de alcanzar un diagnóstico del Alzheimer lo antes posible.

Los investigadores plantean un nuevo sistema de análisis del Alzheimer que consiste en analizar el síndrome amnésico y ver si está asociado a una atrofia de ciertas regiones del cerebro, lo que se podría visualizar gracias a las imágenes que aportan las resonancias magnéticas clásicas.

Otros métodos de diagnóstico. Por otra parte, se publicó en Le Monde (26 de Julio del 2006) que un grupo de especialistas franceses plantean nuevo sistema de análisis para la detección precoz de la enfermedad de Alzheimer, basado en el estudio del síndrome amnésico y otras pruebas obtenidas de análisis cerebrales. El sistema consiste en analizar el síndrome amnésico y ver si está asociado a una atrofia de ciertas regiones del cerebro, que se podría visualizar gracias a las imágenes que aportan las resonancias magnéticas clásicas.

El neurólogo francés Bruno Dubois se muestra en desacuerdo con el concepto acuñado por los estadounidenses de "problemas cognitivos ligeros" (MCI por sus siglas en inglés) con el que definen la etapa previa al desarrollo del Alzheimer.

«El MCI es un marco heterogéneo, que puede ser debido a causas muy diferentes, como la depresión, un problema vascular o enfermedades degenerativas en su estado inicial que tienen en común que aportan problemas cognitivos. La idea ha sido firmemente apoyada por la industria farmacéutica, que ha visto un mercado considerable», afirma Dubois.

Tecnociencia para paliar la discapacidad. Un aspecto importante de la carrera tecnológica aplicada a la EA corresponde a desarrollar productos que ayuden a los discapacitados y a la tercera edad. Son muchos los centros de investigación públicos y privados que trabajan en este sentido; por ejemplo, el centro de investigación tecnológica Fatronik (de San Sebastián - Guipuzkoa - País Vasco) pone en marcha un proyecto de largo alcance para desarrollar productos y patentes dirigidos a satisfacer las necesidades de salud de estos sectores de la población.

El campo de investigación elegido es la mecatrónica, es decir, la combinación entre mecánica, electrónica y tecnologías de la información y comunicación. Y ya hay varios proyectos en marcha asesorados por un comité de expertos científicos liderado por el profesor de robótica biomédica Paolo Darío.

Según, José Miguel Azkoitia, director científico de Fatronik, la resolución de los problemas planteados por el envejecimiento y la discapacidad han sido abordados «desde puntos de vista sociales, clínicos o farmacológicos, pero no es evidente que exista aún un abordaje tecnológico de estos problemas que, en todo caso, debería ser complementario a los demás [?] La aplicación intensiva de la tecnología, enfocada con una visión interdisciplinar, y con apoyo de profesionales de la medicina, la salud y el mundo socio-asistencial podría contribuir a hacer más llevaderos los problemas de la dependencia».

Las áreas en las que Fatronik ha enfocado su investigación son:

? La vida en el hogar y el acondicionamiento de las viviendas para que la vida sea segura, cómoda y lo más independiente posible a partir de un alto grado de automatización y diseño;

? La prevención de la dependencia, enfocada a desarrollar una serie de dispositivos que inciten a las personas mayores a realizar entrenamientos diarios para ejercitar todo el aparato locomotor en general.

? La prevención de la demencia, enfocada a crear una especie de espacios lúdicos para el entrenamiento intelectual preventivo, que permitan que de la misma forma que cada mañana se pueda realizar un paseo y ejercicio mentales.

? La rehabilitación de la capacidad motora, enfocada al desarrollo de artefactos que permitan el movimiento a personas aquejadas por lesiones físicas o neurológicas, de manera que puedan recuperar la máxima capacidad de movimiento posible o compensar las secuelas de la lesiones que producen la discapacidad (P. ej. trajes robotizados o sillas de ruedas que se desplazan con un ligero movimiento de cabeza).

? La neuro-rehabilitación, enfocada a desarrollar tecnología que ayude a que el declinar cognitivo, que en su máxima expresión conduce al Alzheimer, sea lo más lento posible.

Tecnociencia para proteger al enfermo. Además de la tecnología que se está desarrollando con relación a facilitar la vida y seguridad de las personas dependientes en su entorno residencial, los investigadores intentan proteger la integridad de las personas aquejadas por una demencia.

En el caso del Alzheimer es común la dificultad, tanto de familiares (en los fases iniciales e intermedia de la enfermedad) como del personal de los servicios médicos asistenciales, de mantener localizado al familiar y paciente bien sea en el entorno habitacional o en las instituciones como hospitales, centros de día e incluso residencias.

Por otra parte, en el artículo ?Straight from the Shoulder? del Dr. John Halamka (especialista del Departamento de Urgencias del Centro Médico Beth Israel Deaconess, EE.UU) publicado en el The New England Journal of Medicine del 28 de julio de 2005 (http://content.nejm.org/content/vol353/issue4/index.shtml) se anota como después de llevar varios años trabajando en urgencias se ha enfrentado en más de una ocasión a situaciones de difícil manejo en las que pacientes con Alzheimer u otro trastorno cognitivo llegan al hospital solos, sin posibilidad de poder informar al personal sanitario de su historial médico, su tratamiento habitual o la dirección de algún familiar.

Con relación a estos aspectos, ya hace dos años este mismo médico anunciaba la implantación a manera de prueba de un chip que contiene un identificador médico, una especie de DNI de 16 números. En ese entonces el Dr. Halamka contó su experiencia y evaluó las ventajas y desventajas de esta herramienta tecnológica.

Por otra parte, por la misma época la agencia estadounidense del medicamento y dispositivos sanitarios, FDA, aprobó la comercialización de chips que se pueden implantar y que contienen un identificador médico del paciente, según informó FAMMA en su página WEB (http://www.noticias.info/asp/aspComunicados.asp?nid=88987&src=0)

El chip, del tamaño de un grano de arroz, está formado por pequeños componentes envueltos en una cápsula de cristal que está parcialmente rodeada por una capa de células del propio organismo que se adhieren a la envoltura y previenen que se mueva.

Para aumentar su seguridad, este dispositivo no contiene datos demográficos o médicos del paciente. En lugar de eso, el chip guarda 16 dígitos numéricos que, a través de un escáner o lector, son trasladados a una pantalla de radiofrecuencia para ser leídos. Una vez allí, sólo el personal médico autorizado puede entrar en un sitio web para obtener la información sobre la identidad del enfermo y el nombre de su médico de atención primaria, quien puede ofrecer los detalles de su historial médico.

En el boletín anterior de MA (número 45 tratamos acerca de la utilización de la informática en las terapias cognitivas de los pacientes con EA mediante programas como el ?Smartbrain? o el juego "Brain training" los cuales son unos ejemplos puntuales de la aplicación de la tecnociencia en la terapéutica.

Otro ejemplo de la tecnociencia aplicada a la terapéutica es el del tratamiento científico llamado ?Estimulación Neuro Electromagnética por Ondas Pulsadas?, que ha sido ha anunciado en http://www.deepers-laboratory.com/Espagnol/Stimulacion_neuro_electromagnetica.htm, utilizable para múltiples desórdenes, entre ellos el parkinson y el alzheimer.

Se trata de la reactivación de las transmisiones cerebrales y de las neuronas por estimulación de las neuronas o células nerviosas, a partir de una fuente externa de ondas electromagnéticas pulsadas programadas.

En los casos del Parkinson y el Alzheimer, «la pérdida acelerada de una parte importante de ciertas neuronas productoras de dopamina conlleva una alteración o deficiencia de transmisiones que tienen por efecto una disfunción motora o pérdida de memoria de las personas afectadas. [?]

En caso particular del Alzheimer, la pérdida progresiva de la memoria conduce poco a poco a un estado vegetativo y de aislamiento del individuo hasta volverse totalmente dependiente de asistencia médica».

Estos son solo algunos de los muchos ejemplos del aporte de la tecnociencia a la solución de problemas relacionados con las demencias en general y con la EA en particular, pero como mencionamos al principio de este artículo la ciencia y su aplicación tecnológica no esta exenta de desconfianza e inconvenientes que, solo para poner unos ejemplos, van desde los:

? Interrogantes éticos, por ejemplo en relación a: la utilización (colocación o aplicación) de determinados productos tecno-científicos (procedimientos, terapias, artefactos, etc.) sin consentimiento del paciente; someter a los pacientes a pruebas piloto no consentidas por ellos mismos; el posible acceso a información personal por parte de personas con intereses ajenos a los médicos o asistenciales; la posibilidad de que algunos dispositivos (como el chip mencionado arriba) se conviertan en una pieza más para consolidar un Gran Hermano Global mediante una marca de por vida que hace perder el anonimato; la restricción al acceso a productos tecno-científicos por un reducido número de personas que los puedan pagar al margen de los servicios sociales; o simplemente la verdadera necesidad del uso de tales productos, entre muchos otros interrogantes.

? Interrogantes médicos, que tienen que ver con la verdadera utilidad y efectividad de la utilización de determinados productos tecno-científicos, así como los efectos a mediano y largo plazo de tal uso (p. ej. procedimientos de diagnóstico, uso de artefactos externos o internos, etc.).

? Interrogantes ambientales, que tienen que ver con el uso de materiales duraderos, reciclables o biodegradables y no contaminantes con que se fabrique la nueva tecnología; o simplemente el tratamiento de medio natural que hemos generado con el desarrollo tecnológico e industrial de los últimos dos siglos anteriores y que, según muchos investigadores, genera niveles ambientales (en el aire, el agua, los alimentos, los artefactos, prendas de vestir, etc.) de elementos (aluminio, zinc, metales pesados, etc.) y radiaciones que influyen directa e indirectamente en la aparición y desarrollo de enfermedades degenerativas.

Una reflexión

Desde Magazín Alzheimer acogemos con entusiamo la aparición y aplicación de nuevos desarrollos tecno-científicos, con la convicción de que no podemos desaprovechar las posibilidades que brinda el conocimiento cada vez mayor del medio natural y de la mente humana para la resolución de problemas. Sin embargo, no podemos dejar de hacer un llamado y de velar porque los límites éticos (más que morales) sean una constante preocupación social, límites que deben estar relacionados con un cambio de metas para aplicar e imponer correctamente nuevos avances científicos y tecnológicos.

Los interrogantes frente a nuestro destino como especie en la Tierra ?en relación a toda la Tierra, a todos los seres vivos e incluyendo la solución a los problemas de salud que nos comparta? es un asunto no de ?dominación del planeta? sino de comprender realmente nuestro entorno, conocerlo inteligente y sensiblemente, para luego aprovecharlo de manera racional y equilibrada.

Para alcanzar el primer objetivo la ciencia y la tecnología son indispensables; para el segundo es necesario renunciar a los determinismos imaginarios y someternos a las leyes naturales, que están escritas en toda la creación, incluyendo la humana.

En pro de hacer esta lectura debemos entender que somos parte de todo, ejercer el verdadero papel que nos toca representar y ocupar el verdadero puesto que nos corresponde en lo natural, eximidos de la soberbia antropocéntrica que nos ha gobernado.

En conformidad con la primera ley de Melvin Kransberg* e incluyendo a la ciencia, ?la tecnología no es buena, ni mala, ni neutral?, ellas son expresión del racionalismo que nos distingue, pero pueden además llegar a ser expresión de nuestra más profunda sensibilidad. Ellas han sido salpicadas de valor y dolor, de optimismo y pesimismo por las acciones del hombre.

En este sentido, los productos tecno-científicos deben ser acercados a las gentes de forma más cautelosa, respetuosa y sensible, despojados de la vertiginosa necesidad de los mercados que impide el análisis, el conocimiento y sobre todo la comprensión.

Las nuevas metas deben contemplar la posibilidad de un balance racional entre la producción y las instituciones sociales, entre el hombre y la naturaleza, entre el optimismo desbordado y el pesimismo encarnizado que permita hacer selecciones y aplicaciones racionales y humanas entre las alternativas disponibles.

El usuario final de un producto tecno-científico debe poder escoger, acoger o desechar los usos propuestos para tal producto, basado en sus propias necesidades, valores, creencias, posición económica y educación. Para ello debe ser participe de un tipo de comunicación basada en el conocimiento compartido, que genere un proceso colectivo de transformación del conocer en comprender, base de las verdaderas imparcialidad, neutralidad y autonomía de la ciencia, aun en manos de poderes aparentemente ajenos a la sociedad común.

El acto reflexivo y creativo, nacido de esta comunicación facilita que el poder ejercido por un usuario final impida el determinismo tecnológico y además el pesimismo u optimismo extremos que fluyen de aquel.

Referencias 

*KRANZBERG, Melvin. ?Technology and History: ?Kransberg?s Laws?. REYNOLDS, T.S., CUTCLIFFE, S.H., (EDS). Technology and the West. A Historical Anthology from Technology and Culture. The University of Chicago Press, Chicago 1997, pp. 5-20.

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Agenda

Neurodegenerative Diseases: Biology & Therapeutics

Fecha
04-12-2008 al 07-12-2008

Lugar
Cold Spring Harbor Laboratory - NY - EE.UU.

Organizado por
Mount Sinai School of Medicine - University of Pennsylvania - Massachusetts General Hospital

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