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04-10-2006
Alzheimer: El reto del siglo XXI
Autor: Tomás Ramos, periodista
El periodista Tomás Ramos ha cedido desinteresadamente a Magazín Alzheimer (MA) la versión completa de un reportaje suyo titulado ?Alzheimer: El reto del siglo XXI? que intenta enfocar, en sus propias palabras, alejándose de la fórmula de los ?lacrimógenos testimonios?. Tanto la realización del artículo como la cesión del mismo para su publicación en diversos medios son motivadas por una experiencia personal y por el deseo de conocer más sobre la Enfermedad de Alzheimer (EA), con la que tendrá que batallar durante los próximos años por circunstancias personales. Sumando a ello, el interés informativo que la sociedad tiene acerca de una relativamente nueva realidad y que el autor plantea como uno de los retos de la humanidad en el siglo XXI.
El reportaje ha sido bien acogido, sobretodo por aquellas personas que comparten experiencias similares respecto a la EA, y por ello MA estima que puede ser de utilidad para sus lectores. El texto completo del reportaje será publicado en dos ediciones cuya primera parte es la que a continuación transcribimos.
I Parte
?Los seres humanos somos la suma de nuestros recuerdos. Todo lo que sabemos, percibimos, cada movimiento que hacemos depende de dichos recuerdos? (Friedrich Nietzsche)
El 25 de noviembre de 1901 una mujer de unos 51 años fue ingresada en un hospital de Frankfurt (Alemania). Su marido era incapaz de seguir ignorando y entapujando la confusión, alteración en el lenguaje (afasia), perdida severa de memoria y ataques de agresividad que sufría su mujer. El doctor que la atendió fue el bávaro Alois Alzheimer. Sus notas, de octubre del 1905, nos describen a una señora Auguste D. que subsistía postrada en posición fetal, profiriendo incognoscibles sonidos y que había de ser alimentada. ¿Qué era aquella insólita enfermedad que había atacado a una persona de mediana edad apoderándose de sus capacidades cognitivas y funcionales?
Vivir mucho y bien
El progresivo envejecimiento de la población en los países desarrollados, debido al aumento de la esperanza de vida, supone una bomba de relojería. La enfermedad del Alzheimer, tan vieja como la humanidad, jamás ha sido tan manifiesta, multiplicándose de forma alarmante entre la sociedad. Se trata de un problema socio-sanitario y económico de enjundia para el porvenir del Estado del Bienestar, que se enfrentará en un futuro muy próximo a un incremento cuantioso de la demanda de servicios sanitarios y sociales. Actualmente se estiman en España unas 600.000 personas diagnosticas, aunque se cree que la cifra real se avecina al millón de enfermos. Los pronósticos para el 2025 indican que el número de afectados oficiales ascenderá a 1.200.000 personas.
Debido a las mejoras higiénicas, al progreso alimenticio, a la mejora en las infraestructuras de la vivienda, así como la mejor atención médica, cada vez son más las personas que alcanzan una edad avanzada. El umbral de la vejez crece aceleradamente en las naciones industrializadas. Tan sólo desde 1972 el número de personas con más de 95 años ha aumentado en un porcentaje superior al 250 por ciento.
Otro dato clarificador, en perspectiva, lo encontramos hace poco más de 100 años cuando Bismarck creó la arquitectura de un sistema de prestación social. En aquel momento el canciller fijó la edad de jubilación en 65 años y apenas un 5% de los trabajadores alcanzaba esa edad. Hoy en día se considera algo anormal no alcanzar ese listón planificando nuestra vida a posteriori.
El Alzheimer es una enfermedad edad-dependiente: a medida que aumenta la edad también aumentan las probabilidades de padecerla. De hecho, si viviéramos 120 años todos tendríamos Alzheimer. Actualmente hay 600 millones de personas en el mundo con más de 65 años y se prevé que en el 2050 la población global de ancianos ascienda a 2000 millones. En España 1 de cada 6 españoles supera los 65 años y se vaticina que para el año 2030 será 1 de cada 4, sumado al fenómeno demográfico denominado ?envejecimiento del envejecimiento?, es decir el aumento del colectivo con edades superiores a los 80 años. La relación de ambos factores amenaza con convertirse un gravísimo problema sociosanitario capaz de hacer tambalear el Estado del Bienestar y encumbrarse como una de las calamidades del nuestro siglo.
El Alzheimer afecta ya a 25 millones de personas en todo el mundo y las previsiones apuntan que en el 2040 la cifra llegará a los 80 millones. La mejora de la esperanza de vida combinada con la baja natalidad provoca la progresiva inversión de lo que se conoce como ?pirámide demográfica?. La gestión del inevitable envejecimiento de la población es uno de los retos más complejos que las sociedades occidentales han de resolver.
La Enfermedad de Alzheimer (EA)
Durante infinidad de siglos médicos y filósofos atribuyeron dichos comportamientos a los corolarios del envejecimiento. En palabras de John Hardy, jefe del Laboratorio de Neurogenética del Instituto Nacional de Envejecimiento en Bethesda (EEUU), ?la era moderna de la investigación del Alzheimer se inició con la comprensión de que la mayoría de los casos de demencia seniles tenían la patología del Alzheimer, evolucionado la enfermedad de un curiosidad neurológica a una mayor prioridad investigadora?.
Aproximadamente entre un tercio y la mitad de las personas experimentan al envejecer un deterioro de la capacidad memorística resultándoles difícil recordar nombres o cifras. Y además, como comenta José Masdeu, presidente del Grupo de Investigación en Neuroimagen de la Federación Mundial de Neurología, ?una persona puede tener problemas de memoria por muchas razones, incluyendo problemas psicológicos y psiquiátricos. Además, cada vez es más claro que personas que tiene más de 70 años pueden tener pérdida de memoria sin tener Alzheimer?. Todo ello dificulta la temprana detección de una enfermedad tildada de inicio insidioso, pues no se puede detectar palmariamente el inicio. No tiene una manifestación repentina, sino que actúa de forma gradual. Esta es una característica clave que marca la diferencia entre el proceso neurodegenerativo progresivo (Alzheimer) y otro tipo de demencias.
Sin embargo, ?los problemas o quejas de memoria del envejecimiento son bien distintos en calidad y cantidad de los del Alzheimer. Esta distinción hay que instalarla entre los médicos de atención primaria para que remitan los pacientes sospechosos de Alzheimer inmediatamente al especialista. Lo que en los últimos años se viene llamando deterioro cognitivo leve es en realidad el inicio de la enfermedad en el 40% de los casos? aclara el Dr. José Manuel Martínez Lage, profesor honorario de Neurología de la Universidad de Navarra. Así pues, la presteza en la detección es uno de los grandes retos. Como recuerda el Dr. Martínez Lage ?si se retrasa el comienzo de los síntomas unos cinco años en las personas de más de 75-80 años, el número de enfermos se reduciría en un 50%?.
El Alzheimer es la destrucción progresiva de las neuronas que causa la perdida de las funciones cognitivas cerebrales: memoria, capacidad de razonar, pensamiento abstracto y lenguaje. Más común en edades avanzadas, no hace distinción de clase o grupo étnico. La síntesis del proceso es que la degeneración de las neuronas desprende una sustancia llamada ?beta-amiloide? que se engancha sobre los circuitos neuronales (encargados de transmitir la información que rigen las funciones del cerebro) impidiendo la interconexión.
Ahora bien, no se tiene la total seguridad que el ?beta-amiloide? sea el único responsable de la enfermedad. Lo que está claro es que no es infecciosa. Asimismo, se desconocen los factores desencadenantes de los cambios producidos en el tejido cerebral y, por consiguiente, se desconoce cómo evitar que se forme el ?beta-amiloide? o eliminarlo una vez formado antes de que invalide neuronas. Las placas neuríticas comienzan a aparecer en el cerebro entre los 40 y 50 años de edad, aunque los síntomas no aparecen hasta después de los 65 años. En esos 15 o 25 años de período de latencia se está intentando con todo ahínco encontrar marcadores diagnósticos precoces en esta fase silente.
Aunque en las estadísticas aparece un mayor número de mujeres, no existe inclinación y tal dato se debe a que las mujeres gozan de una esperanza de vida superior a los hombres, deduciéndose que su número sea mayor. La mayoría de los casos detectados no son de transmisión genética, sin embargo, el riesgo con historial familiar es tres veces más alto. Ahora bien, esta mayor predisposición no implica herencia. Tan sólo el 10% de las demencias tipo Alzheimer son hereditarias. Con todo, únicamente se consideran como factores probados de riesgo: la edad avanzada, una historia familiar de demencia, tener síndrome de Down y ser portador del genotipo APOE.
El curso clínico de la enfermedad se fragmenta en tres fases, a menudo con síntomas superpuestos. La fase inicial suele asemejarse, por su gradualidad, a una época depresiva con signos de desinterés en sus pasatiempos y una fatiga que no se adecua a los esfuerzos físicos realizados. El paciente es consciente que su memoria flaquea de forma notoria, sin embargo, tiende a infravalorarlo excusándose en un período de tensión, noches de insomnio y otras ficticias evasivas.
Hay que remarcar que los enfermos de Alzheimer no olvidan sólo detalles, sino el contexto completo lo que les aleja del patrón de una persona olvidadiza de avanzada edad. Dicho de otro modo, no es el hecho de perder u olvidar dónde están las llaves, sino dejar de saber para qué sirven. En la segunda fase los problemas se van haciendo más axiomáticos y el enfermo se muestra incapaz de cocinar o realizar la compra debido a una manifiesta desorientación espacial. Además, las dificultades con el lenguaje se exacerban, con conductas irritables y desconfiadas, volviéndose descuidado y sucio. Actos como dejar el gas abierto o cruzar la calle sin mirar denotan la absoluta atención y la profusa custodia requerida por los cuidadores. La tercera etapa se caracteriza por una total dependencia e inactividad acarreando al enfermo a la demencia. Deja de reconocer familiares cercanos, muestra dificultades para comer y comprender. Por añadidura, puede sufrir incontinencia total o parcial. ?La duración natural media de la enfermedad hasta la muerte es de 8 a 10 años, pero el rango varía de 5 a más de 20 años?, explica el Dr. Martínez Lage, miembro del Consejo Científico del Fondo de Investigación Sanitaria y del Grupo Asesor Alzheimer de la Comisión Europea.
El único medio de diagnóstico totalmente seguro es la biopsia cerebral (extracción y evaluación de una muestra del tejido cerebral). Ahora bien, actualmente un buen neurólogo puede establecer un diagnóstico de probabilidad del 90% con la ayuda de una batería de preguntas.
Igualmente, las derivaciones de la neuroimagen (TAC cerebral, pet o spect) ayudan a obtener un diagnostico más fehaciente. La neuroimagen permite obtener imágenes de estructuras neurales mediante técnicas radiológicas, ampliando las posibilidades de conocer en vida la situación del sistema nervioso central. En un paso importante, durante el Congreso Mundial del Alzheimer, celebrado en julio en Madrid, se acordó añadir los resultados de las pruebas de neuroimagen, con el scanner o la resonancia magnética (RM) cerebral, a las baterías de preguntas.
Como informa el Dr. Masdeu ?un estudio de imagen aislado permite descartar otras enfermedades inusuales que, afectando al cerebro, pueden causar perdida de memoria. Este es el caso de algunos tipos de tumores o infecciones crónicas. Sin embargo, los estudios de seguimiento con RM u otra técnica llamada PET permiten establecer con más certeza el diagnóstico de la enfermedad?.
En términos muy generales, cabe decir que gozar de una salud general óptima durante toda la vida y llegar a la vejez sano, es la mejor condición para alejar el Alzheimer. Las recomendaciones que se realizan son: combatir la obesidad y las enfermedades cardio-cerebro-vasculares, controlar la diabetes, tratar seriamente la hipertensión arterial, realizar ejercicio físico y estimular el trabajo cerebral mediante actividades intelectuales. Este último apercibimiento es dinamitado comúnmente por máquinas que proyectan por nosotros y nos vuelven más sedentarios. ?Mantener el cerebro activo reduce el riesgo de Alzheimer. En gemelos genéticamente idénticos, los que realizaron más trabajo intelectual a lo largo de su vida tuvieron menos propensión al Alzheimer?, arguye el Dr. Martínez Lage. También, añade que ?ver la televisión o cuidar a los nietos no influye beneficiosamente?.
Por otro lado, según el Dr. Masdeu ?aunque no está demostrado que el ejercicio prevenga la enfermedad de Alzheimer, sabemos que es útil para mejorar el estado de los vasos cerebrales y prevenir otra enfermedad que puede causar pérdida de memoria, que es la demencia vascular.?. En suma, órgano que no trabaja, se atrofia.
Tratamiento e investigación
Lamentablemente no existe un tratamiento farmacológico eficaz en la erradicación. El tratamiento va destinado a retardar la evolución del mal si el estadio es temprano, mejorando la memoria y otras funciones cognitivas modestamente. Para ello, se busca mantener activas las funciones de las neuronas sanas. Igualmente, combatir la apatía dando al enfermo iniciativa, a la vez que se descarga al cuidador de horas de trabajo y se ayuda a mejorar la calidad de vida del entorno, es una táctica que refuerza la acción de cualquier fármaco.
?Ha habido esencialmente tres periodos en la investigación del Alzheimer?, no explica John Hardy, descubridor en 1991 de la primera mutación genética responsable de Alzheimer familiar, ?la primera fue la definición de la enfermedad por médicos y patólogos; la segunda fue el trabajo neuroquímico, el cual condujo a la identificación de la lesión colinérgica en la enfermedad y sobre la que están basadas las terapias actuales y la tercera fase es la de la biología genética y molecular encaminada a la disección patógena?.
A día de hoy, existen tres fármacos -llamados anticolinestesáricos- disponibles para retardar la dependencia: tacrina (Cognex), donepezilo (Aricept) y rivastigmina (Exelon o Prometax). Dichos medicamentos, según el Dr. Martínez Lage, ?administrados en fases ligeras o moderadas, mejoran la cognición, la conducta y la autonomía del enfermo de dos a cuatro años en un 60% de los casos?.
A la espera del hallazgo definitivo se siguen realizando estudios clínicos con animales transgénicos, produciendo gradualmente modelos animales que imitan cada vez mejor la enfermedad humana y, de dicha forma, se puede comprobar el resultado de diversas terapias. Los efectos secundarios al trasladarse a pacientes humanos no quieren decir que la terapia no funcione, más bien que aún hay que trabajar sobre ella.
A pesar del revés de los estudios clínicos que probaban la utilidad terapéutica de los antiinflamatorios no esteroidales (AINEs) y las estatinas, ambos destinados a la prevención de la muerte neuronal con beneficios sobretodo para los pacientes que presentan una demencia leve, ?la comunidad científica internacional siente un optimismo realista respecto al control de la enfermedad en los próximos 10-15 años?, según el Dr. Martínez Lage.
?Las dianas terapéuticas son: evitar la formación y la agregación de beta-amiloide; en este sentido hay dos fármacos (tramiprosato y R-fluribuprofeno) que están en fase de ensayo clínico, cuyos resultados se conocerán en 2007 y 2008. Si son positivos, serán los dos primeros medicamentos que podrán ser utilizados para detener la enfermedad? y añade el Dr. Martínez Lage, ?si ya se han formado las placas, se trata de purgarlas del cerebro hacia la sangre mediante medicamentos inmunitarios (anticuerpos monoclonales)?.
Otra línea ?muy prometedora?, como informa el Dr. Masdeu, considerado en 1996 uno de los mejores 22 neurólogos de los EEUU en una encuesta a médicos americanos para American Health, ?se centra en suministrar compuestos que inhiban una sustancia cerebral, llamada GSK-3, que favorece la destrucción de uno de los componentes del cerebro, los microtúbulos. Esta destrucción es una de las características de la enfermedad del Alzheimer?.
En síntesis, hay rayos de esperanza en el horizonte. No obstante, las esperanzas en la ciencia no deben amainar las atenciones a los enfermos y sus familiares.
Igualmente, la investigación debe ser mimada como bien común. ?La investigación necesita más recursos humanos y más fondos económicos. Necesita urgentemente más coordinación entre gobiernos, universidades e industria farmacéutica. La mayor expectativa de vida de que gozamos hoy exige replantear las prioridades investigadoras biomédicas?, en opinión del Dr. Martínez Lage quien añade que ?no parece estar muy claro en la mente de los legisladores sanitarios el hecho de que limitar su acción y preocupación, de manera exclusiva, a lo que indican los índices de mortalidad, eclipsa la realidad emergente de que una sociedad envejecida, como nunca en la historia de la humanidad, plantea de manera critica retos mayores de salud pública?.
Del mismo modo, el Dr. Masdeu, el primer neurólogo no norteamericano en ser elegido miembro de la Academia Americana de Neurología que congrega a unos 14000 neurólogos de todo el mundo, expresa que ?la financiación es importante y, por desgracia en nuestro país es minúscula comparada con países como los EEUU. Esto es una pena, porque en nuestro país hay investigadores que trabajan con el mismo nivel de calidad y que se plantean metas distintas, de las que podrían salir soluciones que beneficiaran a toda la humanidad y supusieran fuentes de riqueza para nuestro país.
Está claro que la biotecnología es una de las inversiones más rentables en los países desarrollados?. A tal efecto en 2007 se prevé la inauguración del Centro Estatal de Referencia del Alzheimer de Salamanca. Si bien, a juicio del Dr. Martínez Lage, ?no es buena estrategia hacer primero las jaulas y luego buscar los pájaros. Un centro de referencia estatal debe contar de antemano con una masa crítica de investigadores sólidos, experimentados y reconocidos?.
Asimismo, el Dr. José Luis de la Serna, director del Área de Salud de ?El Mundo?, cree que ?no hace falta generar primero edificios pomposos sin tener muy claro los proyectos, las personas que lo sacarán adelante y los recursos. En España hay gente muy buena que daría mucho de sí en el entorno adecuado y con lideres de peso?.
Fin de la I parte (II parte en el próximo Boletín, noviembre de 2006)
Notas
El reportaje ha sido revisado en sus aspectos médicos por el Dr. Martínez Lage.
Para su construcción se entrevistó a:
Dr. José Manuel Martínez Lage, profesor honorario de Neurología de la Universidad de Navarra, miembro del Consejo Científico del Fondo de Investigación Sanitaria y del Grupo Asesor Alzheimer de la Comisión Europea;
Dr. José Masdeu, considerado en 1996 uno de los mejores 22 neurólogos de los EEUU, en una encuesta a médicos americanos para la revista ?American Health?. Fue el primer neurólogo no norteamericano en ser elegido miembro de la Academia Americana de Neurología que congrega a unos 14000 neurólogos de todo el mundo. También es presidente del Grupo de Investigación en Neuroimagen de la Federación Mundial de Neurología.
John Hardy, jefe del Laboratorio de Neurogenética del Instituto Nacional de Envejecimiento en Bethesda (EEUU). Fue el descubridor en 1991 de la primera mutación genética responsable de Alzheimer familiar.
Emilio Marmaneu, presidente de la CEAFA (Confederación Española de Familiares de Enfermos de Alzheimer), aglutinadora de más de 215 asociaciones locales que ofrecen sus servicios a familiares y enfermos.
Carme Figueras, Consejera de Bienestar y Familia de la Generalitat de Catalunya.
Dr. José Luis de la Serna, Editor jefe del Área de Salud de ?El Mundo?
Agenda
LX Reunión Anual de la Sociedad Española de Neurología
Fecha
25-11-2008 al 29-11-2008
Lugar
Palacio de Congresos de Catalunya - Barcelona - España
Organizado por
Sociedad Española de Neurología








