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23-05-2004

Salir del espejo

“Guipúzcoa. Los 20 voluntarios de Nagusilan en Eibar trabajan de forma desinteresada en el Centro Gerontológico y en la Residencia San Andrés. Su objetivo: combatir la soledad ”

Autor: B.A./Eibar

Categoría: Colaboraciones y Ayudas

Desde hace unos días algunos periódicos de la provincia insertan entre sus páginas un curioso anuncio. En él se ve un espejo grande colocado, al parecer, en un cuarto de baño cualquiera. Y en el centro del cristal, en letras blancas, una frase: «Éste es el único lugar donde muchas personas mayores encuentran algo de compañía». Más abajo, un ruego: «Ayúdanos a sacarles de la soledad». Para muchos el anuncio pasará totalmente desapercibido, uno de tantos entre las páginas del periódico. Pero para otros el mensaje llegará al receptor, tal y como suele decirse en el mundo publicitario. Es lo que les ocurrió, por ejemplo, hace ya ocho años, a Antonio Jiménez y a su mujer María Teresa Delgado: decidieron que trabajarían para hacer 'salir del espejo' a muchos mayores. Ellos son, junto con otros veinte voluntarios eibarreses, integrantes de Nagusilan, una asociación de personas mayores voluntarias (y también jóvenes) creada en 1995 y que se dedican a acompañar a los que están en situación de necesidad. Porque como se recuerda en el anuncio, «muchas personas mayores sólo se tienen a sí mismas. Por eso, Nagusilan, una ONG que combate la soledad de los más necesitados, necesita gente como tú. Gente voluntaria que se sienta útil para la sociedad». Para muchos puede parecer una contradicción que un grupo de jubilados todavía jóvenes, algún que otro 'no jubilado' o amas de casa presten parte de su tiempo libre en echar una mano en el Centro Gerontológico de Eibar (con 190 residentes) y en la Residencia San Andrés (110 residentes). Pero para Antonio Jiménez, presidente de Nagusilan en Eibar, y para sus compañeros es algo totalmente normal. Aunque hay un mínimo establecido (dos horas a la semana), las horas y los días que dedican a Nagusilan las ponen ellos mismos. Pero una buena parte de los voluntarios eibarreses pasan más tiempo en las dos residencias que en sus propias casas: por ejemplo, Vicente Tercero y Gaspar Baglietto son fieles a su cita con Nagusilan todos los días de la semana. Y son esperados en las residencias como 'agua de mayo' tanto por el personal de los centros como por los propios residentes, sobre todo por estos últimos. «Aquí es donde mejor me lo paso, con todos ellos. A las dos de la tarde ya salgo de mi casa y estoy todas las tardes de la semana para jugar a las cartas. Y algunos domingos también vengo, pero en vez de jugar a las cartas montamos un bingo en una de las salas del centro. Igual nos juntamos unos quince o veinte y por cada bingo regalamos un caramelo», explica por ejemplo, entre carta y carta, María Teresa Delgado. Hacen de todo: pequeñas gestiones para los residentes, acompañamientos, actividades lúdicas, excursiones, paseos..., siempre, por supuesto, bajo la atenta supervisión y asesoramiento de los técnicos del Centro Gerontológico y de la Residencia. La lista de actividades es larga pero lo que tal vez más se valora en estas situaciones es que exista alguien ahí que en un momento determinado hable de lo humano o lo divino con los residentes u organice, por ejemplo, una reñida partida de cartas. «La relación con ellos es fenomenal, nos quieren un montón. Al principio igual cuesta más entablar una relación pero nos suelen presentar los trabajadores del centro y les explican quienes somos y qué hacemos», explicaron los voluntarios. «Pero cuando les das un poco de cariño, un poco de amor... En cuanto les das un beso ya está todo hecho. Aunque sea sólo en la mano. Te los has ganado», afirma convencido Gaspar Baglietto. El de Nagusilan es un trabajo entre agradecido e ingrato. Agradecido por lo mucho que reciben de los residentes mayores. Ingrato por lo que estos voluntarios tienen que ver y vivir en directo. «Hay muchas personas que están sólas y lo mismo ocurre en los domicilios. Están sólos y necesitan ayuda. Estar con ellos aunque sólo sea para hablar. Te cuentan sus historias... A mí, por ejemplo, uno de los residentes que tiene noventa y tantos años ya me ha contado todas sus aventuras y nos hemos reído mucho. Y sólo con esas carcajadas ya se te llena el alma», explica, también entre risas, Antonio Jiménez. «Llegamos, incluso, a ser amigos de algunos», aseguran algunos de los voluntarios eibarreses. Tal es la relación entre ambas partes que, incluso, algunas veces suelen existir los celos: «estás paseando con alguien y ya te están, por detrás, diciendo ¿y a mí cuándo!, ¿y a mí cuándo!», explicó Gaspar Baglietto. El más joven de los que trabaja en Eibar tiene alrededor de 40 años y los mayores, dos en concreto, tienen 75 años. Pero todos hacen el mismo trabajo y, lo que es más importante, con la misma ilusión. Ilusión la que pone, por ejemplo, Vicente Tercero (uno de los jóvenes) quien, por ejemplo, recorre de arriba a abajo el Centro Gerontológico de Eibar para trasladar a los residentes impedidos en sillas de ruedas a alguna sala o, símplemente, para charlar con ellos. ¿Pero qué les impulsa a hacer esto?. «¿Qué te impulsa? Pues cuando te jubilas te dices ¿y qué hago yo ahora las veinticuatro horas del día? Yo no te digo que te metas en Nagusilan, puedes hacer otras cosas, pero esto te ayuda a realizarte porque ves la miseria humana dentro de tu propia casa. La cuestión es no estar quieto», afirma convencido el presidente de Nagusilan en Eibar, Antonio Jiménez. «Además, si no haces nada creo que te envejeces más. Con esto nos sentimos más jóvenes», aseguraron algunos de los componentes de Nagusilan en una pequeña parada de su trabajo. Convencer En la provincia de Guipúzcoa funcionan veinte agrupaciones de Nagusilan. A la veintena de voluntarios que trabaja en Eibar hay que añadir, por ejemplo, los 18 que desarrollan su trabajo en Ermua, los 17 de Elgoibar o los 10 de Deba. Y se necesitan más, hay mucho trabajo por hacer. Pero ¿cómo convencer a la gente?. «Es muy difícil. La gente te dice ¿qué trabajo estáis haciendo!, ¿vaya bien!, ¿tenéis ganado el cielo!... Pues ven, ves el trabajo que hacemos e igual te animas. Y contestan siempre lo mismo: yo no valgo para eso. ¿Aquí vale todo el mundo, hombre!. Se vale para todo», afirma, convencido, Antonio Jiménez. Y es que la 'selección de personal' para este trabajo voluntario no es compleja: cuando llega un nuevo trabajador, los responsables de Nagusilan en Eibar suelen presentarle a la Asistente Social de los centros residenciales de Eibar. «Ella es la que tiene una pequeña charla con el futuro voluntario y le pregunta, por ejemplo, qué quiere hacer o con qué personas prefiere estar», explican. Posteriormente, la misma Asistente Social presenta al nuevo voluntario a los residentes de los centros: es el primer paso, digamos, para 'romper el hielo'. «Nosotros, desde luego, no hacemos nada sin el asesoramiento de los técnicos del Centro Gerontológico o de la Residencia. Ellos son los que ven las necesidades puntuales que hay. Yo no coloco a nadie en ningún trabajo: sólo les hago la ficha y luego les remito a la Asistente Social», explicó el presidente de Nagusilan en Eibar. «Por ejemplo, hace unos días vino una voluntaria nueva y se le propuso trabajar con los residentes que padecían inicio de Alzheimer. Y ella encantada porque parecía que ya había madurado la idea de apuntarse a Nagusilan hace tiempo», explicaron los compañeros de Antonio Jiménez. «Yo sólo pido a la gente que lo pruebe y por eso también se hacen las campañas para captar más gente. Yo no salgo en los periódicos porque me guste, ni para pedir nada para mí», asegura Antonio Jiménez. Y la última campaña de Nagusilan en Eibar ha resultado productiva ya que los voluntarios eibarreses cuentan desde hace poco tiempo con tres nuevas incorporaciones (de 17 voluntarios se ha pasado a los 20 actuales). «Para ser una población como es Eibar somos pocos voluntarios. Podríamos, si fuéramos más, hacer visitas a domicilio pero no podemos», asegura Antonio Jiménez. Sobre todo teniendo en cuenta que los 20 voluntarios eibarreses se reparten el trabajo de los dos centros residenciales que se ubican en la localidad armera. «Sólo llegamos a trabajar para las dos residencias y nos tenemos que repartir entre nosotros. Los lunes, por ejemplo, dejamos de venir al Centro Gerontológico para ir a trabajar a la Residencia San Andrés», afirman. Se puede intentar convencer a los indecisos diciendo también, por ejemplo, que éste es un trabajo que 'engancha'. «Una vez que empiezas te picas, ya estás enganchado. Todo esto te gana y ya no puedes dejarlo. ¿Y sin cobrar un duro!», afirman, convencidos, desde el Centro Gerontológico de Eibar.

Fuente: elcorreodigital.com

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