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14-02-2004
Clonación: esperanza e inquietud
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El experimento coreano que ha conmocionado a la comunidad científica ha demostrado por primera vez y con toda claridad que es posible la generación de células madre mediante clonación de embriones con material genético del propio individuo que requerirá el trasplante para curarse de una enfermedad degenerativa, con plenas garantías de que no se producirá rechazo. La estimulación de dichas células madre permitirá regenerar tejidos dañados y curar enfermedades como el Alzheimer, la diabetes o el Parkinson; en una segunda fase, podrían regenerarse órganos o tejidos dañados o necrosados. Como se ve, el hallazgo es de extraordinaria importancia y abre una puerta de esperanza a millones de enfermos que, hoy desahuciados, podrían mañana recuperar la salud o mejorar sensiblemente su calidad de vida.
Autor: Antonio Papell
Categoría: Investigación
Esta vía terapéutica plantea sin embargo, y como es bien conocido, ciertos problemas éticos y legales. De un lado, para generar las células madre se utilizan embriones humanos, que quedan después inutilizados. De otro lado, la técnica de la clonación terapéutica es idéntica a la que se utilizaría para la clonación con fines reproductivos, por lo que los avances en aquélla podrían animar a los desaprensivos a ensayar ésta. Esta última objeción no es sólida: el hecho de que ciertos experimentos puedan ser mal utilizados no justifica su proscripción; la primera sí tiene sin embargo entidad: es claro que el manejo de embriones humanos nos introduce en parajes esotéricos que lindan con la vida, con la muerte y con la trascendencia del ser humano.
En el terreno legal, la confusión es la pauta. Algunos países permiten la experimentación con embriones y otros persiguen penalmente tales investigaciones. En el caso español, existe asimismo una zona de ambigüedad: la ley prohíbe la utilización de embriones destinados a fines científicos pero no la de embriones sobrantes de técnicas de reproducción asistida. Asimismo, tanto los consensos obtenidos en el seno de la comunidad científica como la ley vigente prohíben la clonación con fines de investigación, pero nada se dice de la clonación con fines terapéuticos. En definitiva, los legisladores, asesorados por los científicos, deberán tomar nuevas decisiones.
Desde el punto de vista ético, la cuestión es vidriosa. El simple razonamiento conduce a parajes de incertidumbre que difícilmente encajan en las certezas absolutas que algunos dicen tener al respecto. De un lado, están en juego incipientes formas de vida humana, pequeños acúmulos de células a los que difícilmente se puede atribuir verdadera entidad ontológica; de otro lado, la integridad y la salud de millones de personas que sí merecen el reconocimiento de su propia dignidad de seres humanos. Ante tal dilema, es difícil no inclinarse por la continuidad de la experimentación en tales terapias, que, en todo caso, deberá mantenerse fuera de cualquier especulación mercantil. Y, por supuesto, celosamente controlada por la comunidad científica y por las instituciones reguladoras para que ningún visionario aproveche los nuevos conocimientos para cometer aberraciones.
Lo ideal sería que avanzasen otras líneas de investigación que intentan conseguir células madre a partir de células troncales adultas; sin embargo, de momento no se han obtenido resultados comparables a los logrados mediante células embrionarias. Y, lógicamente, habrá que resolver por tanto el dilema planteado entre potenciar las investigaciones de la Universidad de Seúl o frenarlas.
El instinto científico y el horizonte teleológico de los hallazgos sugieren la conveniencia de abonar la investigación que apunta estas nuevas y revolucionarias terapias, aunque la delicadeza del asunto justifica también las objeciones morales. De cualquier modo, una visión magnánima del hombre y de su naturaleza debe estimular tales ensayos, que pueden redimir del dolor y de la enfermedad. No puede haber un planteamiento cabal de la trascendencia que, por respeto a determinados tabúes, condene al sufrimiento y a la muerte a grandes colectivos. Si hurgar respetuosamente en los orígenes de la vida conduce a mejorar la condición humana, utilizando en ello la inteligencia que es asimismo la característica fundamental de nuestro género, no parece acertado resistirse a esos progresos.
De cualquier modo, antes de objetar argumentos morales, habría que pensar si no hay en estas dudas una flagrante dosis de hipocresía: no faltan quienes ven con dolosa impasibilidad el sufrimiento ajeno y sin embargo se llevan las manos a la cabeza cuando la comunidad científica roza supuestamente determinados dogmas para combatir las lacras de la humanidad. Ante tal evidencia, hay que concluir en que no todos los reparos son admisibles, ni todas las objeciones, equivalentes.
Fuente: SurDigital
Agenda
LX Reunión Anual de la Sociedad Española de Neurología
Fecha
25-11-2008 al 29-11-2008
Lugar
Palacio de Congresos de Catalunya - Barcelona - España
Organizado por
Sociedad Española de Neurología








