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16-07-2004

El pez cebra se perfila como «cobaya» estelar de los laboratorios de genómica y medicina regenerativa

“Los embriones de este pequeño pez tropical son transparentes, de forma que se puede visualizar el desarrollo de su corazón o los efectos de manipulaciones genéticas ”

Autor: A Aguirre de Cárcer

Categoría: Investigación

MADRID. El biólogo español Juan Carlos Izpisúa Belmonte lo manipula en el Instituto Salk de California para investigar la regeneración del corazón. En el Instituto Max Planck de Tubinga ayuda al premio Nobel Christiane Nusslein-Volhard en su empeño por descubrir la función de los genes humanos. Y Leonard Zon, del Hospital Infantil de Boston, escudriña la sangre que corre por su diminuto cuerpo para combatir la anemia... Descifrado el genoma humano y con la medicina regenerativa impulsada por las células madre en el horizonte, se cuentan por cientos los grupos de investigación que, como los citados, escogen el pez cebra («Danio reiro») como organismo modelo para sus investigaciones, relegando al ratón a una esquina de los laboratorios.

En España, este pequeño pez tropical será ahora el protagonista de una plataforma de investigación biotecnológica con sede en San Sebastián que contará con el asesoramiento de Izpisúa Belmonte, que además compaginará su trabajo en California con la dirección científica del Centro de Investigación de Medicina Renerativa de Barcelona. El objetivo del proyecto donostiarra será cribar, con robot y programas de bioinformática, millones de compuestos de potencial terapéutico contra distintas enfermedades humanas.

El pez cebra entró en los laboratorios a finales de los 70 en la Universidad de Oregón y con el tiempo se convirtió en un animal muy apreciado en biología del desarrollo. Como el ratón o la mosca del vinagre, los embriones de pez cebra facilitan el hallazgo de los genes que dirigen la construcción del cuerpo de los vertebrados desde que es una única célula hasta que se forman los órganos y extremidades.

Nada que ocultar
Al igual que sucede con las ranas, los embriones de pez cebra se desarrollan externamente y pueden ser observados y manipulados en todas sus etapas, con la ventaja de que su desarrollo es más veloz y su organización es más simple. Además, los embriones de pez cebra tienen la enorme ventaja de que son transparentes, lo que permite visualizar paso a paso su desarrollo. En los últimos años, la capacidad para manipular y analizar sus genes se ha multiplicado y ya es equiparable a la conseguida en ratones. Los efectos de esas modificaciones genéticas pueden manifestarse velozmente porque cada 2-3 meses hay una nueva generación de peces cebra. La ventaja de este animal acuático sobre el ratón estriba en que es mucho más pequeño (el ejemplar adulto mide 4 cm. de longitud) y tiene más descendencia en menos tiempo: una hembra puede poner 200 huevos a la semana, mientras que un ratón gesta un máximo de 15 embriones en 21 días. Por si fuera poco, investigar con peces cebra es de cinco a diez veces más barato que con roedores.

Desde el año 2001, el Centro Sanger de Gran Bretaña coordina el desciframiento de su genoma, que es aproximadamente la mitad de grande que el del ser humano. Esta misma semana, el citado centro anunció que había completado la mitad de este proyecto, que ya ha revelado numerosas similitudes genéticas entre el ser humano y ese pez tropical. El 75 por ciento de sus genes son similares a los nuestros, lo que convierte a ese animal acuático en un modelo para analizar procesos biológicos de relevancia médica, como los inflamatorios, la creación de nuevos vasos sanguíneos, el crecimiento de las neuronas, la formación de hueso y músculo o la resistencia a la insulina.

Hacia la regeneración cardíaca De hecho, hay equipos de investigación que utilizan peces cebra con mutaciones genéticas para investigar la enfermedad de Alzheimer, las anomalías congénitas de corazón o el cáncer. Debido a la transparencia de sus embriones, el estudio de especímenes con mutaciones genéticas espontáneas o inducidas resulta muy sencillo. Lo mismo puede decirse del análisis de los efectos en su organismo de compuestos potencialmente útiles como fármacos. El proyecto coordinado por la Fundación Inbiomed en el parque donostiarra de Miramón, con una inversión de 14 millones de euros comprometidos por instituciones y empresas vascas, permitirá experimentar en peces cebras el potencial terapéutico de millones de compuestos. Las enfermedades que serán objeto de investigación están por determinar aunque con seguridad figurarán los trastornos cardiovasculares.

En un estudio publicado el pasado año en Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias de EE.UU., el equipo de Izpisúa Belmonte describió una ruta bioquímica de genes implicados en la asombrosa capacidad regenerativa del corazón del pez cebra. En su laboratorio del Instituto Salk, este investigador observó cómo el corazón de ese pequeño pez de origen asiático recupera su funcionalidad después de haberle cortado un 30 por ciento de su masa. Izpisúa ha identificado varios genes implicados. Ahora trata de averiguar si existen genes homólogos humanos.

Fuente: abc

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