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02-03-2004

¿Quién cuida al cuidador?

El sobreesfuerzo que supone atender continuamente a un discapacitado puede provocar en la persona que le asiste el denominado «síndrome de sobrecarga del cuidador».

A pesar de la existencia de instituciones y organismos de ayuda, en la mayor parte de los casos la responsabilidad de cuidar a personas con enfermedades degenerativas crónicas suele recaer en el ámbito familiar. La asistencia a personas con alzheimer, Parkinson o con problemas cerebrovasculares puede suponer un enorme sacrificio. La familia aparece como un elemento crucial en la atención y cuidado de esos pacientes, de hecho la fortaleza de esa institución ha supuesto durante mucho tiempo la posibilidad de que estas personas puedan ser atendidas de forma adecuada a expensas de un sacrificio importante, algo que pocas veces es valorado o tenido en cuenta por parte de las autoridades.

Autor: Javier Lavilla

Categoría: Social

Sin embargo, esa labor en ocasiones pasa factura a través de un desgaste físico o psicológico conocido como "síndrome de sobrecarga del cuidador".

El desgaste físico es importante cuando las limitaciones del enfermo le impiden practicarse unos cuidados mínimos o bien le obligan a estar postrado en una cama o silla de ruedas. La atención mediante el aseo personal y la alimentación supone un gran esfuerzo físico. Levantar a una persona adulta desde el lecho o una silla de ruedas, aunque sea para realizar unos mínimos cambios posturales, requiere un esfuerzo que generalmente acaba dando lugar a la aparición de molestias osteomusculares, sobre todo en la espalda, no sólo por el esfuerzo requerido, sino también por la postura forzada que exige. Habitualmente esa atención se realiza manteniendo una inclinación importante sobre la persona enferma con la correspondiente sobrecarga en la zona lumbar, o bien a través de un esfuerzo de movilización que genera una tensión importante sobre la zona cervical.

Síntomas comunes
El cuidador puede también padecer trastornos estomacales, con digestiones lentas y pesadas, sensación de ardor en el estómago, presencia de abundante aire en el intestino y cambios en el ritmo de deposiciones. En ocasiones se dan además problemas en el ritmo cardíaco, como palpitaciones o ausencias de latido del corazón, a veces seguidas de un pulso acelerado. Los problemas neurológicos están presentes principalmente en forma de dolores de cabeza intensos y tensionales, muchas veces en la nuca e irradiados hacia toda la cabeza, así como un insomnio que impide el descanso necesario.

Los problemas de salud que padecen los cuidadores muchas veces son consecuencia de un descuido en su propia atención personal. El cuidado de la persona afectada puede absorber de tal forma la atención del cuidado que olvida incluso las posibles enfermedades que padece. Si es una persona que sufre hipertensión arterial puede darse un abandono completo o parcial de la medicación; si se padece una diabetes no se controla de forma adecuada los niveles de glucosa, etc. Otras veces se abusa de la automedicación, principalmente cuando se padecen esas molestias osteomusculares y se realiza un consumo excesivo de fármacos, -como analgésicos o antinflamatorios- sin ningún tipo de supervisión por parte de un facultativo.

La alimentación pasa a ser errática y descompensada, bien por la falta de tiempo o porque asimila modelos dietéticos propios de la persona enferma. Suelen ser dietas pobres en vegetales, legumbres y frutas. Los horarios se trastocan, asumiendo unos ritmos variables y a veces escasos para realizar las comidas fundamentales del día.

Posibles consecuencias
Las horas para dormir se reducen en muchas ocasiones por la atención que precisa la persona enferma. El cuidador se ve obligado a levantarse continuamente y es incapaz de conciliar el sueño por la sensación de inseguridad que le da el estado de salud delicado de la persona enferma.

Los problemas del cuidador parten de una base orgánica, como hemos visto, unidos a un abandono de unos hábitos de vida sanos, lo que al final acaba produciendo un agotamiento psicológico. En muchos casos la atención de la persona enferma supone un estrés constante, como ocurre en situaciones terminales o en las que el estado de salud sufre bruscas oscilaciones con empeoramientos súbitos e inesperados.

La atención que demanda la persona afectada puede absorber al cuidador de tal forma que le lleva a un progresivo aislamiento y despersonalización. Se abandona el trato con otros elementos de la familia o amistades y la vida social se empobrece hasta prácticamente desaparecer.

En ocasiones el cuidador se recluye en su propio entorno alrededor de la persona enferma. Ese hecho puede motivar la aparición de tensiones con el resto de la familia, sobre todo cuando esa tarea recae en una única persona. La soledad a la que se ve sometido el cuidador, muchas veces agravada por el deterioro cognitivo que sufre la persona atendida, la ausencia de estímulos y de un refuerzo psicológico a corto o medio plazo lleva a la aparición de ese desgaste. Cuando estas personas acuden a un facultativo a pedir ayuda, el desgaste suele ser tan importante que el rescate de esa situación puede obligar a recurrir al empleo de fármacos, con el riesgo de que el propio cuidador acabe automedicándose.

Fuente: elcorreodigital.com

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Fecha
19-11-2008 al 19-11-2008

Lugar
Auditorio Torre Agbar - Barcelona

Organizado por
Mutam - Fundació Conviure

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