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23-05-2004

Una enfermedad sin tregua

“Cómo te llamas?". Javier Pérez habla con Ana (nombre ficticio), una enferma de Alzheimer. Este geriatra de la residencia asistida del Meixoeiro sólo obtiene una sonrisa como respuesta. "¿Cuántos años tienes, no te acuerdas?". La mujer, de 84 años, vuelve a sonreír. "Muchos, soy muy vieja", contesta. La pérdida de memoria es uno de los síntomas más evidentes de esta dolencia. Ana todavía está en una fase inicial, pero ya no recuerda cosas tan básicas como su nombre o su edad. El matrimonio vive en la residencia desde hace cinco años, pero la enfermedad apareció hace once. Luz Divina ya no puede hablar, no reconoce a la gente y necesita ayuda para todo. "Se dedica a ella por completo", dice una trabajadora refiriéndose a Luis. "Él no tendría porque estar aquí, es una persona válida, pero quiere cuidar a su mujer", añade. Y es que Luis es un claro ejemplo de que, frente a la sinrazón del Alzheimer, la familia es el principal pilar. "Al final te adaptas", confiesa este hombre, que hace uso del cariño para enfrentarse a un mal que anula a la persona en vida. Mientras tanto, la medicina continúa avanzando para que la utopía de la curación deje algún día de serlo. Cómo te llamas?". Javier Pérez habla con Ana (nombre ficticio), una enferma de Alzheimer. Este geriatra de la residencia asistida del Meixoeiro sólo obtiene una sonrisa como respuesta. "¿Cuántos años tienes, no te acuerdas?". La mujer, de 84 años, vuelve a sonreír. "Muchos, soy muy vieja", contesta. La pérdida de memoria es uno de los síntomas más evidentes de esta dolencia. Ana todavía está en una fase inicial, pero ya no recuerda cosas tan básicas como su nombre o su edad. ”

Autor: M. Fontán/Vigo

Categoría: Otras Demencias

Para los familiares, asistir día a día, mes a mes, año a año al avance de la enfermedad es un trance amargo. Eso lo saben muy bien Mercedes Suárez, Aida Iglesias y Maribel Prado. Las dos primeras cuidan de sus maridos en sus domicilios; la madre de Maribel falleció después de doce años conviviendo con el Alzheimer. Ya estaba encamada. "Es muy duro, ves como se va deteriorando física y mentalmente", recuerda.

Esposas, maridos, hijas, hijos e incluso nietos de enfermos de Alzheimer sobrellevan una carga física, emocional y también económica, porque los recursos son casi inexistentes. "Nos sentimos totalmente desamparados", relata Mercedes. Su marido padece la dolencia desde hace seis años. "A mí y a mis hijos nos conoce, pero ya no participa en conversaciones y no es autónomo para realizar algo tan básico como bañarse", explica.

Esta mujer recuerda cómo tuvo que luchar para que los médicos reconocieran que su pareja tenía la enfermedad. "Se lo descubrí yo; él es ingeniero y en el trabajo lo veían cansado, y también empecé a preocuparme porque me hacía preguntas reiterativas", indica Mercedes, que admite que la vida le dio un giro de 180 grados. "Antes salíamos todos los días y ahora... pierdes los amigos, te quedas solo y las fuerzas se agotan", dice.

 Pero la fortaleza nunca se puede perder. Eso, igual que Mercedes, lo sabe Aida. Su marido tiene ahora 67 años. A los 58 apareció la dolencia. "Empezó a hacer cosas que nunca había hecho", dice, al tiempo que recuerda la "injusticia" de que tuviese que pasar por un juicio para que reconociesen la invalidez del hombre. Ella, como miles de familiares en esta ciudad, luchan para que el Alzheimer no les gane la batalla.

"Es muy duro, pero hay que asumirlo; la ayudo cuidándola todos los días"

 Luis y Luz Divina están sentados en una zona de descanso de la residencia asistida del Meixoeiro. Él la mira con cariño y no se separa de su lado. Es la cara tierna de la enfermedad: este matrimonio convive en el centro, pero sólo ella padece Alzheimer. Este hombre decidió ingresar en este servicio para atender a su esposa. "Es muy duro, pero hay que asumirlo; la ayudo cuidándola todos los días", afirma.

El matrimonio vive en la residencia desde hace cinco años, pero la enfermedad apareció hace once. Luz Divina ya no puede hablar, no reconoce a la gente y necesita ayuda para todo. "Se dedica a ella por completo", dice una trabajadora refiriéndose a Luis. "Él no tendría porque estar aquí, es una persona válida, pero quiere cuidar a su mujer", añade.

Y es que Luis es un claro ejemplo de que, frente a la sinrazón del Alzheimer, la familia es el principal pilar. "Al final te adaptas", confiesa este hombre, que hace uso del cariño para enfrentarse a un mal que anula a la persona en vida. Mientras tanto, la medicina continúa avanzando para que la utopía de la curación deje algún día de serlo.

Fuente: El Faro de Vigo

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Fecha
19-11-2008 al 19-11-2008

Lugar
Auditorio Torre Agbar - Barcelona

Organizado por
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