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VI Simposio de Actualización en Demencias "Avances en el diagnóstico y el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer"

Fecha
28-09-2010 al 28-09-2010

Lugar
Sala d'Actes - planta 10 - Hospital General Universitari Vall d'Hebron

Organizado por
Unitat de Trastorns de la Memòria de l'HUVH i Fundació ACE. Institut Català de Neurociències Aplicades

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14-05-2007

Enfermos de alzheimer, el drama de la identidad desmigajada

“Imaginen que un buen día se despiertan para dar un paseo y descubren que no recuerdan el camino de regreso, que tropiezan con un amigo que les invita amablemente a un café y después no saben dónde estuvieron, que las palabras no vuelven a la luz, que es como si cayeran en un pozo de leche. Imaginen también que dos semanas más tarde tratan de tender la ropa o de leer el recibo del agua y todo se vuelve un crucigrama irresoluble, que desconocen si el cordón izquierdo del zapato debía describir un círculo o aproximar el cabo para anudarse al derecho. ”

Autor: Lucas Martín

Categoría: Alzheimer

O si quieren, piensen que a ustedes no les ocurre nada de eso, pero que su mujer, su madre, su hermana, empiezan a tener deslices inexplicables, que ustedes no aciertan a ayudarles, consolarles o simplemente, reconocerlos. Es el llamado mal de alzheimer, una enfermedad ante la que ni él ni yo, ni tú, pueden mirar de lejos o tan siquiera pensar que vale, sí, es terrible, pero aún faltan muchos años. En la actualidad, la patología ataca también a personas menores de 50 años y resulta casi imposible conocer a alguien que no haya tenido cerca a un afectado. O incluso a dos como le ocurre a Rosini, que convive con su madre, de 84 años, y su marido, ambos aquejados por el mismo mal.
El suyo, es un caso especial, aunque probablemente todos lo sean, porque, como señala, la enfermedad estraga a cada paciente de un modo distinto. Su esposo, ingeniero de profesión, es uno de los pocos que sabe perfectamente que padece la patología, ya que lo normal es que se advierta que algo falla, que se intente disimular airadamente, pero que no se tenga conciencia del mal que se padece. Según cuenta, su marido llegó un día a casa y se empeñó en ver arena marina en la cama de su hija, pese a que lo único que se observaba era el relieve de las sábanas. Fue el primer síntoma de una carrera que la condujo a un reguero de especialistas, que tuvo la ayuda de una de sus hijas, licenciada en psicología y que acabó por cambiarle la vida ante los avances, imperceptibles pero profundos, de la enfermedad. "La asociación me dijo que no cerrara la tienda, que la mejor forma de ayudarles era continuar con mi vida, pero lo hice", afirma.
A Paco, un visitador médico jubilado, la enfermedad de Teresa, su mujer, también le agarró por sorpresa. Su profesión le obligaba a pasar muchas horas fuera de casa y fue su hija la que percibió que mamá ya no estaba para quedarse sola o preparar la comida diaria. Él, que se negaba a aceptarlo, tuvo que rendirse a la evidencia al comprobar que su mujer se olvidaba de cosas cotidianas como hacer la compra. "Lo primero que tienes que asumir es que ya no está frente a la misma persona; si te empeñas en creer que es la que has conocido, estás perdido", dice.
Las dificultades de Paco fueron de toda índole. Al desconcierto y resignación de los primeros meses, siguió la necesidad de aprender a ocuparse del hogar, una tarea a la que, al igual que la mayoría de los hombres de su generación, no estaba habituado. Por indicación de los especialistas, continuó con su condición de entrenador de fútbol, actividad que desarrolla en compañía de su esposa, que permanece en la grada al cuidado de otras personas. Son los pocos momentos de respiro que deja una labor en la que se asiste al deterioro de un ser querido, a sus arranques de ternura y a la necesidad de sentirse cerca a cada instante. Tanto Paco como Rosini coinciden en destacar la inseguridad de los enfermos, su manera de prenderse de los brazos con los dedos rígidos, las pérdidas de equilibrio, los grilletes que aparecen en su futuro. "Lo más sangrante es que a veces te olvidas de que ya no puedes contarles nada o pedirles ayuda para algo", precisa.
No obstante, de lo que nunca logra olvidarse es de que su mujer sufre. Y lo hace, al igual que los familiares de Rosini, de un modo callado, apenas perceptible. Sus quejas, si hay suerte, se advierten por el mal humor, aunque a veces ni siquiera se expresan. Los expertos, sin ir más lejos, recuerdan el caso de un paciente que se quemó las piernas al confundir el grifo de la ducha y no emitió ni la más mínima protesta.
La incapacidad de manifestar el dolor coincide en la mayoría de los pacientes con la tendencia a ocultar sus desmanes. Algo que los expone a todo tipo de mentiras misericordiosas como las que emplean en la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer, bastión y cobijo de los afectados por el mal. Almudena Lobato, psicóloga del centro, confiesa que lleva los bolsillos repletos y que las cosas se caen siempre al lado de los enfermos, a los que dice que es muy torpe para obligarles a ejercitarse. Una estrategia, que unida a los talleres de memoria, suscitado la admiración de los familiares. Ya lo dice Paco: "cuidar de alguien con alzheimer es un medio imponente de santificación".

Fuente: La Opinión de Málaga

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